viernes, 4 de abril de 2008

¿Qué es el Tarot?

Me gustaría ir añadiendo algunas entradas que vayan aclarando mi visión del Tarot. Para ello creo fundamental empezar por lo más básico y es la respuesta a una pregunta: ¿qué es el Tarot?.


Puede que muchos ya lo sepan, pero a lo mejor otros no tanto, así que, aun a riesgo de parecer algo aburrida, empiezo por el principio.


Por Tarot mucha gente entiende “adivinación del futuro por medio de unas Cartas”. Sin embargo yo no creo que esto sea exactamente así. Al menos, no considero ésa su función principal, pero, vayamos por partes.


El Tarot propiamente dicho (ya iremos viendo que no es el único Oráculo con cartas, pero sí parece la base) está formado por una baraja de 78 cartas con figuras simbólicas. De estas 78 cartas, 22 son conocidas como los Arcanos Mayores, y 56 como Arcanos Menores. Para quien quiera saber (y todavía no lo sepa) lo que significa la palabra Arcano, diré que es “misterio”; y es que el Tarot emplea símbolos, y eso encierra misterios, y por supuesto hace preguntas sobre el gran misterio de la vida. Quiero pensar que ésa es la razón del nombre.


Cada uno de los Arcanos Mayores cuenta con una simbología que podríamos considerar como arquetipos. Las 56 cartas restantes (los Arcanos Menores) se dividen a su vez en cuatro palos distintos, que podrían equipararse a los cuatro palos que tiene cualquier baraja (especialmente la española): Copas, Oros, Bastos y Espadas (denominaciones que cambian según los autores; así, en vez de hablar de “bastos” puede mencionarse la palabra “varas”, o bien en lugar de “oros” se dicen “pentáculos”, etc:, pero la base sigue siendo la misma). Cada palo de estas 56 Cartas se compone de 14 que van desde el As, hasta las figuras conocidas como Sota o Paje, Caballo o Caballero, Reina y Rey.

En el Tarot se da una fusión de arte y filosofía muy interesante y atractiva. Tengo que confesar que las cartas me gustan. Me agrada tocarlas, barajarlas y obtener con ellas algún tipo de consejo, así como algún tema sobre el que meditar. Y aquí, ya dejo entrever que mi visión no va a ser la mera adivinación de un futuro siempre incierto, sino la comprensión de los avatares de la vida.

Hay que advertir que no todas las cartas que actualmente se pueden comprar en cualquier establecimiento dedicado a ellas son cartas del Tarot. Existe un gran abanico de diversidad que muestran cartas conocidas como
Oráculos y que no siguen necesariamente el formato del Tarot, ni en el número de cartas ni en el significado de las mismas. Algunas son variedades del Tarot y muy semejantes a él, pero otras sencillamente son distintas, y sus utilidades pueden ser la misma o totalmente diferente. Están abiertas a multitud de posibilidades para aquellos que desean conocerlas.

Yo tengo una variedad grande. La información que aportan para meditar y valorar situaciones difiere mucho de unas a otras, y, de alguna manera, sé cuándo utilizar una u otra, y su mensaje me ayuda a comprender, discernir, tener una visión más amplia, no necesariamente la solución final. Pero a través de ellas aprendo a ser mejor persona... y eso, considero yo, es algo a valorar..., y mucho.



jueves, 3 de abril de 2008

Autoconocimiento

Existen dos palabras que, últimente, observo suelen confundirse en el lenguaje: "Consciencia" y "Conciencia". Tanto es así que cuando uno se dispone a utilizar esa herramienta que a veces es tan útil (y a veces tan inútil) como la tecla de corrección ortográfica, muchas veces al escribir uno de los términos se nos cambia automáticamente por el otro. Pero, ¿significan lo mismo? Yo creo que una añade un matiz que la otra no tiene necesariamente.

Según el diccionario de la Real Academia Española,
consciencia, entre sus otras acepciones es la "capacidad de los seres humanos de verse y reconocerse a sí mismos y de juzgar sobre esa visión y reconocimiento". Mientras que conciencia, palabra con muchas más acepciones, en una de ellas se nos explica que sería el "conocimiento interior del bien y del mal". Es decir, para mí el primer término estaría relacionado con el autoconocimiento y el conocimiento de los demás; mientras que el segundo término haría relación más bien a valoraciones éticas.

Hoy me gustaría detenerme un poco en la consciencia, y en especial en el autoconocimiento. Desde que empecé a practicar con el Tarot me he ido dando cuenta, cada vez más, de lo mucho que queremos engañarnos. Ante una consulta, sucede con frecuencia que las personas no identifican sus propias actitudes sino que, automáticamente, se las achacan a su entorno.

Lo triste de esto son dos cosas: en primer lugar, la pobreza en el autoconocimiento que ya en sí misma es un hecho lamentable. Pero es que, además, esto nos conduce a unos comportamientos total y absolutamente erróneos.

Cuando uno se embarca en el viaje hacia el interior, debe proveerse de una armadura que, aún protegiéndole, no le impida ver. Y es que a veces el autoconocimiento puede resultar demoledor (de ahí la necesidad de una armadura), pero no ver la verdad, a la larga, resulta mucho más devastador.

No debería darnos tanto miedo ir hacia lo profundo. Todos tememos encontrar a un ser éticamente incorrecto, pero eso no suele ser así. Nuestros comportamientos desafortunados suelen proceder, precisamente, de esa falta de conocimiento sobre nosotros mismos.

Mientras no seamos capaces de mirarnos en el espejo de nuestra realidad sin el acompañamiento distorsionante de máscaras y aderezos, me temo que, irremediablemente, nuestros granos e impurezas seguirán saliendo a la luz en el momento más inoportuno con la ayuda de la fuerza externa de los elementos.


* La imagen que acompaña a este texto corresponde al Tarot Osho Zen, y la carta que muestro recibe, precisamente, el nombre de Consciencia.





miércoles, 2 de abril de 2008

Vivir a Dios

Lucía permanecía tumbada en el sofá, mientras Estela la ayudaba a progresar en su viaje. Aunque observaba atentamente su evolución, mantenía los ojos cerrados.

–Dime, ¿para qué has venido a esta vida? –preguntaba Estela.

–Para vivir a Dios –contestó con seguridad Lucía.

–¿Vivir a Dios? –Estela no pudo esconder su perplejidad al hacer esta pregunta.–¿Qué quieres decir con “vivir a Dios”? ¿Hablar de Él? ¿Enseñar acerca de Él a los demás? Dime, Lucía, ¿qué significa “vivir a Dios”?


Lucía permanecía tumbada en el sofá; sus ojos se movían bajo sus párpados y en su rostro, si alguien lo mirara, podría observar los rasgos de la perplejidad ante la pregunta que le formulaba Estela; en realidad, ella tampoco sabía lo que significaba eso de “
vivir a Dios”.

–Lucía, respóndeme, ¿qué quieres decir con “vivir a Dios”?

–No lo sé.

–Pregunta a quien está contigo.

Nuevamente pasaron unos segundos en los que no hubo respuesta alguna. Estela decidió esperar un poco más; deseaba saber la respuesta, no sólo por Lucía sino por ella misma. No era la primera vez que en su consulta alguien le decía esas mismas palabras, que no acababa de entender. Incluso las había oído en los labios de personas que se manifestaban ateas antes de ser inducidas a ese viaje al interior de la conciencia. Estela volvió a preguntar.

–¿Qué quiere decir “vivir a Dios”? ¿Hablar de Él a los demás?

–No; VIVIRLO.

–Está bien, Lucía, ahora vas a volver al momento presente, vas a centrarte nuevamente en el cuerpo que tienes ahora. Trae contigo las experiencias vividas esta tarde, y guarda dentro de ti las enseñanzas recibidas. Agradécelas, Lucía, antes de abrir los ojos y contemplar nuevamente esta sala.

Lucía hizo lo que le decía Estela, y lentamente abrió los ojos. Una sonrisa de satisfacción inundó su rostro.

–¡Qué curioso, ¿verdad?!

–Sí; y ¡si te dijera la de veces que he oído esa misma frase sin entender aún su significado!

Lucía rió ante el comentario de su amiga.

–Quizá sólo se trate de eso, de vivirlo...

–¿Cómo?

–A lo mejor ahí está el quid de la cuestión... DESCUBRIRLO.

martes, 1 de abril de 2008

Crecimiento Personal y Tarot

Hace ya un tiempo descubrí la importancia que tiene para mí encontrar un espacio para el desarrollo de la espiritualidad y el crecimiento personal. Me gustaría poder hacer llegar a otros aquello que ha ejercido tan benéfica influencia en mí.

Para mí el Tarot no pretende ser una herramienta de adivinación fatalista sobre sucesos en la vida, sino algo mucho más grande y dinámico. Considero el Tarot como una vía de comunicación con alguien que nos ayuda en el plano espiritual, así como una forma de despertar nuestra intuición ante los arquetipos que se muestran en las cartas. Sí, hablo de comunicación, y el Tarot es una manera que utilizo a modo de diccionario para establecer un diálogo que pueda ayudarme y ayudar a otros. No es la única vía, pero la considero como una muy válida que ayuda a meditar, y que puede colaborar en el engrandecimiento y el aprendizaje de quien a él se acerca.

El Tarot, así como la vida, me parece algo dinámico del que puede extraerse conocimiento y ayuda. El fatalismo sólo puede conducir a la obsesión, pero la meditación basada en las imágenes que aparecen en el Tarot pueden ser una magnifica herramienta para la introspección.

Un motivo para no aceptar el planteamiento fatalista sobre las cartas del Tarot (o cualquer oráculo) es la negación a ser un simple títere de la existencia sin nada personal que aportar. Las Cartas pueden ayudar a desentrañar posibles aspectos que no se han tenido en cuenta con anterioridad, pero la libertad del ser humano es incuestionable.

Por otra parte, he observado que, a través de las Cartas, se puede obtener una visión del momento actual y del inmediatamente siguiente. Es decir, tal como están las cosas, lo lógico es que caminen en una determinada dirección y no en otra; pero es entonces cuando se pregunta por los consejos; y, a partir de ahí y de su valoración, uno puede actuar y variar ese siguiente paso.

De cualquier forma, no podemos olvidar que, después del “paso inmediato” va a surgir uno nuevo. No pensemos, pues, en el estancamiento; se trata de ir sorteando los avatares de la vida de la forma más consciente que se pueda pero no basándonos en un determinismo absoluto.

A veces, incluso, uno puede pensar que las Cartas le han engañado; pero es más que probable, que aquello que prometían como solución, fuera una solución encaminada a un aprendizaje superior, no como solución necesariamente estancada. Por ejemplo, las Cartas nos pueden hablar de un éxito laboral; eso nos hace movernos en una determinada dirección, pero, pasado un tiempo, lo que se prometía tan feliz, se convierte en una posible insatisfacción. Bien, si tenemos en cuenta que nuestra vida es un camino de experiencia y aprendizaje, no estaría de más valorar esos pasos que generaron un bienestar y luego un malestar, y profundizar hacia dónde nos llevaría ese posible malestar, porque quizá ahí se encuentre la verdadera solución.

Las Cartas acompañan en el camino pero no lo sustituyen ni lo garantizan. La vida podría ser comparada a una película interactiva, en donde el guión no sigue una línea determinada sino unas pautas que nos conducen a nuevos campos, y éstos a otros nuevos. Ayudarse a veces del manual no está mal; sobre todo si es un manual abierto; pero la propia decisión cuenta y mucho. Y yo creo que el Cielo apoya esa propia decisión cuando se realiza con buena voluntad y consciencia; y, como diría Paulo Coelho, “conspira” para generar el éxito.

¿Busqueda o Experiencia Espiritual?

La búsqueda de la vida espiritual. Siempre vamos a la búsqueda de la vida espiritual sin darnos cuenta de que simplemente “es”. Ésa es la cuestión; el espíritu forma parte de nosotros, por tanto, no hay necesidad, en apariencia, de ir tras él. Pero supongo que, al igual que -por ejemplo- los ojos físicos sobre los que sabemos sin ninguna duda que existen y sin embargo nos inspiran enorme curiosidad y los estudiamos realizando investigaciones de toda índole (cómo son, cómo funcionan), también puede suceder lo mismo -y de hecho sucede- con una parte tan nuestra como cualquier otro elemento que nos conforma y que es el espíritu.

Muchas religiones comenzaron sus pasos por esa “búsqueda”, y se basaron en determinadas “experiencias”. El problema es que muchas veces nos conformamos con las experiencias de los otros y nada hacemos para vivir las nuestras. Mi intención al escribir el blog es, entre otras cosas, aportar experiencias. Animo al lector a que se ponga él mismo a experimentar.


¿Sómos seres solitarios cuyas experiencias sólo nos afectan a cada uno, o compartimos -como decía Jung- un alma colectiva de la que todos nos beneficiamos? Sólo probamos hechos materiales constatables en laboratorio pero, aunque no puedan demostrarse las “casualidades”, las “coincidencias”, ¿es por eso menos cierto que existen?

No deseo escribir mis reflexiones siguiendo un sistema académico, repleto de blibliografía y notas diversas; no, me aburriría tanto en el empeño que al final nada escribiría. No; deseo escribir de mis vivencias, tanto propias como a través de los demás (ya sea en conversaciones, ya sea por medio de libros). Se trata de mi forma de experimentar personal y colectiva al mismo tiempo, para lo cual no me planteo redactar una tesis doctoral sino un compartir vivencias (mentales o prácticas, ¡qué más da!). Siento la necesidad de hacerlo y, si a alguien le resulta válido, bienvenidas sean las ideas.


En absoluto reniego de los libros que he leído, de las conversaciones que he mantenido, del mundo que percibo; sencillamente digo que, aunque cada uno de esos elementos pueda ayudarnos a comprender más y mejor, no podemos obviar el hecho de la propia práctica que es la que más satisfacciones reporta. No nos conformemos con contemplar esa exquisita porción de pastel (un niño no lo haría); ¡comámoslo!