
¡Cuántas veces uno se deja enredar por la moda y hace aquello que en realidad ni desea ni le conviene! ¡Cuántas veces uno no se atreve a decir no a ciertas imposiciones que los demás pretenden hacerle por mucho que deseara obrar de otra manera! En el fondo, es como si no dejara nunca de ser el eterno adolescente que sigue sin cuestionar las reglas de la pandilla en la que cree haber encontrado su hogar.
Modas, compromisos, seguir las pautas de otros sin preguntarnos a nosotros mismos por las propias, nos mantiene en un estado de perpetuas marionetas que, poco a poco, van olvidándose de quiénes son realmente, de cúales son sus deseos, y de dónde está su centro.
Deja de bailar al son de los demás, y párate a considerar hasta qué punto eres tú mismo quien ejerce, tras maduras cavilaciones, el don divino de la libertad.