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domingo, 26 de octubre de 2014

Meditar es comprender


 Existen muchísimas formas de meditación, tanto formas para acceder a ella, e igualmente formas de entender lo que es. Ahora me gustaría poner el acento en la meditación que nos ayuda a comprender. Para ello creo que se hacen precisos tres pasos.

En un primer lugar estaría la pacificación. Casi estoy por decir que es el que más difícil se nos hace, quizá por tratarse precisamente del primer paso. Conseguir pacificar la mente y el cuerpo no siempre es tarea fácil; especialmente cuando más precisamos de este aspecto. Por ello precisamos de una gran fuerza de voluntad para simplemente hallar un momento para sentarnos y relajarnos, e inducir en nosotros mismos esa paz que tanto deseamos. Creo que hacer el propósito y comenzar a realizarlo ya abre el camino para conseguirlo. Por tanto, propósito y fuerza de voluntad para ponernos a ello.

En segundo lugar, me parece importante la observación. ¿Qué pretendo decir al hablar de observación? Se trata de prestar atención a lo que ocurre, bien en nuestro cuerpo, bien en nuestra mente. Al fin y al cabo sólo podemos conocer un problema cuando sabemos de su existencia, y para ello hay que detenerse a observar y ver qué va surgiendo en nuestra mente. Sólo así podremos llegar al tercero de los tres pasos que propongo: la comprensión.

Tercer paso, la comprensión. Para comprender algo es necesario haber propiciado el entorno adecuado de paz y haber observado lo que realmente está sucediendo. Sólo así podremos adentrarnos en la comprensión de lo que sucede y hallar así una más que posible solución.

Honradamente, me parece que el esfuerzo, que puede no ser superior a diez minutos, bien merece la pena.


lunes, 20 de enero de 2014

Ofrecimiento en la Meditación




Me pareció muy hermoso este colofón a la meditación que apunta Matthieu Ricard y que aquí os dejo para vuestro conocimiento y consiguiente aplicación.


"Que la energía positiva engendrada, 
no sólo por esta meditación, 
sino también por todos mis actos, 
palabras y pensamientos benévolos, 
pasados, presentes y futuros, 
puedan contribuir a eliminar los sufrimientos de los seres
a corto y largo plazo".


MATTHIEU RICARD, El arte de la meditación

lunes, 18 de febrero de 2013

Condiciones para la meditación

Buscamos condiciones favorables para meditar, pero entonces ¿dónde está el poder de la meditación si no conseguimos vivirla en el caso de que existan  condiciones adversas? "La oracion de la rana" de Tony de Mello aporta gran claridad. Aquí puedes leerla.


Una noche, mientras se hallaba en oración, el hermano Bruno se vio interrumpido por el croar de una rana. Pero, al ver que todos sus esfuerzos por ignorar aquel sonido resultaban inútiles, se asomó a la ventana y gritó: "¡Silencio! ¡Estoy rezando!".
Y como el hermano Bruno era un santo, su orden fue obedecida de inmediato: todo ser viviente acalló su voz para crear un silencio que pudiera favorecer su oración.
Pero otro sonido vino entonces a perturbar a Bruno: una voz interior que decía: "Quizás a Dios le agrade tanto el croar de esa rana como el rectitado de tus salmos..." "¿Qué puede haber en el croar de una rana que resulta agradable a los oídos de Dios?", fue la displicente respuesta de Bruno. Pero la voz siguió hablando: "¿Por qué crees tú que inventó Dios el sonido?"
Bruno decidió averiguar el porqué. Se asomó de nuevo a la ventana y ordenó: "¡Canta!" Y el mismo croar de la rana volvió a llenar el aire con el acompañamiento de todas las ranas del lugar. Y cuando Bruno prestó atención al sonido, éste dejó de crisparle, porque descubrió que si dejaba de resistirse a él, el croar de las ranas servía, de hecho, para enriquecer el silencio de la noche.
Y una vez descubierto esto, el corazón de Bruno se sintió en armonía con el universo, y por primera vez en su vida comprendió lo que significaba orar.
 Anthony de Mello, La oración de la rana

¿Estará ahí el gran secreto? Integrar en lugar de resistirse. ¡Piénsalo!

miércoles, 7 de noviembre de 2012

La Contemplación

A la vista de comentarios suscitados por el anterior artículo, así como en diversas ocasiones, me doy cuenta de que a veces se confunde el dejar la mente descansar con la meditación o la contemplación. Las palabras de Ma Deva Padma en su comentario al hexagrama 20 del I Ching, referidas por tanto a La Contemplación, me parecen tan aclaratorias que no me resisto a citarlas aquí para ayuda de aquellos a los que pueda interesar:

"La manera de saber si lo que estás haciendo es contemplación o simplemente 'pensar en' es observar qué entendimiento has alcanzado con ello. Pensar en algo puede llevarte a una comprensión más detallada de un suceso concreto, pero la contemplación te lleva a comprender cómo se relaciona este suceso con el gran patrón de tu vida y, en en última instancia, con la vida en sí".


Ma Deva Padma, Oráculo del Tao

domingo, 4 de noviembre de 2012

La sencillez de la meditación

¡Qué poco sabemos meditar! ¡Cuánto nos cuesta sentarnos sencillamente y contemplar! Pero de niños no era así; de niños sabíamos estar solos con el universo; nadie tenía que enseñárnoslo porque traíamos la lección muy bien aprendidita del lugar del que procedíamos. Luego, nos fuimos aclimatando a este mundo, y decidimos adentrarnos en la forma de entenderlo de los adultos (¡como si éstos realmente entendieran el mundo!). Y nos fuimos alejando de nosotros mismos; incluso nos fuimos alejando de nuestra raíces y supusimos que sin la mediación de alguien que nos guiara, no sabríamos retornar al centro mismo de nuestro ser. Y no sólo buscamos ayuda sino que cedimos nuestro propio poder, porque nos daba miedo hacer uso de él, y porque nos resultaba más cómodo que otros asumieran ese trabajo. Pero la pereza y el miedo tienen un precio muy alto: la pérdida del sí mismo.

Meditar es centrarse. Para ello sólo es necesario tranquilizarse y permitir sentir lo que somos; no sólo saberlo o intuirlo sino sentirlo. Y vernos como la parte del universo que somos para poder conectarnos con las otras partes sin dejar cada uno su propia esencia y poniéndola al servicio de todos los demás.

Detente, siéntate, respira, cierra los ojos y ábrete a la posibilidad que te abren tus propias capacidades. No tienes derecho a no desarrollarlas y a no compartirlas. Mírate en ese espacio que se te ha dado, y comprende que hay muchos más que están esperando que desees encontrarlos. ¡Y no tengas miedo! Desecha y mejora lo que no te guste, y enriquécete con los grandes descubrimientos que puedes hacer en un simple rato de meditación: sólo cerrando los ojos y disponiéndote a ser. ¡Tan sencillo como eso! Como hacías cuando eras niño pero aportando la consciencia de tu propia madurez. Haz un hueco en tu tiempo para vivir un momento de meditación y todos nos beneficiaremos de ello.


viernes, 22 de junio de 2012

Fricciones y uniones a la luz de la Meditación

Sentada, busco la tranquilidad de la meditación para obtener alguna respuesta. ¿Cuál es el problema hoy? ¿Qué deseo plantear en mi meditación? Porque sí, hoy deseo una respuesta concreta que me ayude a entender el porqué de las desuniones, de los desencuentros, de los conflictos. Necesito encontrar el para qué de los mismos. Y busco la respuesta a través de la meditación.

Para ello, primero me siento con calma, planteo la pregunta y espero que venga una respuesta. Hoy ésta llega en forma de imágenes.

Veo como cae la lluvia sobre la tierra. A causa de ella, la tierra se transforma en lodo. No entiendo el significado de lo que veo pero no me impaciento, y sigo esperando a ver qué sucede.

Al observar la escena con más detenimiento, me doy cuenta de que más que simple lodo, lo que se ve es la unión de la hierba con la tierra. Por efecto de la lluvia, desaparecen los límites de lo que era por un lado simple tierra y por el otro briznas de hierba, para mostrarse unidos los dos elementos; deja de haber fronteras.

Y es entonces cuando empiezo a entender.

Las emociones, las aparentes tristezas logran despertar el nexo de unión que se nos ocultaba. Las emociones permiten que surja una mezcla nueva que hay que saber ver y valorar, en vez de despreciar.

En la meditación parecen decirme cómo a veces las lágrimas pudieran servir para provocar la unión y despertar el amor adormecido. También me aclaran que sería preferible llegar a ese estado sin necesidad de esta profunda crisis interna, y a menudo externa al estar implicados más individuos; pero la condición humana parece exigir algunos de estos momentos por nuestra propia obcecación.

Si valoráramos la unión de forma constante, no habría necesidad de que las dificultades se presentaran  para recordarnos su existencia y belleza.


viernes, 10 de febrero de 2012

Campo de entrenamiento

Muchas veces me pregunto sobre cuál es el sentido del sufrimiento, de la acumulación de dificultades, de ese tener que afrontarlas e intentar sortearlas lo mejor que se pueda. También muchas veces me viene la respuesta, pero lo cierto es que cuando se dan esos grandes escollos de la vida, aquellos razonamientos parecen diluirse y no mostrar ninguna lógica que nos permita la aceptación de los mismos. Por eso me gusta escribir las respuestas para, llegado el momento, releerlas y permitir el alivio.

José Antonio Pagola, en su libro El camino abierto por Jesús, escribe lo siguiente:

"La aportación más decisiva de Jesús es hacer ver con firmeza y claridad que la obediencia a Dios lleva siempre a buscar el bien del ser humano, pues su voluntad consiste en que el hombre viva en plenitud. Dios no existe para sí mismo, buscando su propia gloria en una especie de egoísmo metafísico, como diría Maurice Blondel. Dios es Amor, y su gloria consiste precisamente en el bien de sus criaturas". 


Y entonces, surge nuevamente mi pregunta: Si busca nuestro bien, ¿por qué nos pone tantas dificultades que a punto están de echar por tierra todos nuestros esfuerzos de ser mejores?

Nuevamente los libros vienen en mi ayuda, en esta ocasión de la mano de Elizabeth Kübler-Ross, en su libro La Rueda de la Vida:

"Nada está garantizado en la vida, fuera de que todo el mundo tiene que enfrentarse a dificultades. Así es como aprendemos. Algunos se enfrentan a dificultades desde el instante en que nacen. Esas son las personas más especiales de todas, que necesitan el mayor cariño, atención y comprensión, y nos recuerdan que la única finalidad de la vida es el amor". 


Pero no sólo los libros me aclaran dudas, la meditación es fundamental para encontrar las respuestas, no sólo de manera racional sino sensitiva. Porque sí, es a través de la meditación como siento las verdades más que conocerlas, como quedan dentro de mí de una manera vivencial, de una manera muy especial y sanadora. Vuelvo a hacer entonces la pregunta, y aparece la respuesta.

Veo un campo de entrenamiento, repleto de muy diversos y complejos obstáculos. Un sargento o bien un entrenador nos azuza con sus gritos, y nos dice lo que hacemos mal, forzándonos a seguir, a no abandonar, pero obligándonos a hacerlo mejor. Más esfuerzo, más pruebas, más indicaciones por parte de quien nos dirige.

Es verdad que ese sargento es duro; es verdad que nos volvemos contra él cuando demanda tanto esfuerzo por nuestra parte; pero cuando llega el momento de demostrar ante todos -y ante nosotros mismos- nuestras habilidades, descubrimos que teníamos mucha más capacidad de la que pensábamos, y que conseguimos salir airosos de las duras pruebas. Y es entonces cuando llega la recompensa.

Después de saborear las mieles del éxito, cuando dirigimos nuestra mirada a quien nos había parecido un duro entrenador, vemos que nos brinda una sonrisa de satisfacción por nuestros logros y una mirada de amor hacia nosotros. Porque al final, ese "duro sargento" se nos mostrará como realmente es, en toda su bondad y omnipotencia.

Y es entonces, cuando escucho una voz dentro de mí que me dice: "No lo dudes nunca y confía".


martes, 31 de enero de 2012

Ante las dificultades de la vida y de las relaciones

Ante las contrariedades uno no sabe realmente como reaccionar para conseguir algún beneficio, no sólo propio, sino algún beneficio para el mundo.

Soy particularmente sensible a las desavenencias humanas; nos enfadamos, nos ofuscamos, sufrimos por la insensibilidad del otro... ¿Por qué actúa así? ¿Es que no se da cuenta de que...? Pues ahí está el quid de la cuestión: no se da cuenta de... Entonces, ¿cómo hacer para que se dé cuenta? Perder la calma no parece una buena opción por varios motivos:

  • La violencia engendra violencia
  • Nos pierden el respeto
  • Nos perdemos nosotros mismos el respeto

Entonces, ¿qué hacer?

Tumbada en el sofá, durante el tiempo que dedico al encuentro consciente con mi espíritu, con el espíritu de mi Maestro, de mis protectores, con el espíritu de todos, busco y espero la respuesta.

Y entonces aparece una imagen. Aparece mi Maestro. Está sentado a la orilla de un sereno riachuelo. Observo que lanza una sonrisa mientras me mira y mira al río, y entonces dirige mi mirada hacia las piedras que surcan el río. Son unas piedras bien contorneadas y pulidas; unas están en el fondo, otras se elevan por encima del agua, mientras ésta fluye pausadamente. Y me dice que observe con atención. El agua es capaz de introducirse en las piedras; puede que no lo vea pero así es; lo que ocurre es que lo hace de forma tan sutil, que apenas se percibe. Las piedras que ahora vemos tan bien formadas, sin aristas, sin surcos, sin oquedades, fueron en su tiempo pedruscos con puntas dañinas. Pero la suavidad del agua (de las emociones suaves; el agua representa el elemento afectivo, los sentimientos amorosos) incide sin dañar en aquello que a él se acerca, y con el tiempo va remodelando lo que parecía un peligro.

Luego me doy cuenta de que así es. Cuando nos enfrentamos apasionadamente contra alguna actitud que consideramos poco adecuada, normalmente recibimos astillas. No así, cuando se hace con suavidad.

Pero siguen acudiendo imágenes con un significado. Veo un jardín, lleno de verde, y en el centro un pozo. Junto a él estamos mi Maestro y yo. Él me dice que observe. Me da miedo mirar al pozo, su profundidad, su oscuridad, me aterran, me producen vértigo, claustrofobia, angustia. Pero Él me pide que observe, y entonces me doy cuenta. Allá abajo está el agua, y mucho más abajo la tierra mojada. El agua va penetrando suavemente la tierra, y, si seguimos su camino, vemos como poco a poco sube con un nuevo fruto. El verde ha surgido de las profundidades del fango, entre otras cosas, por esa dulce y suave penetración del agua.

Agradezco la enseñanza y trato de recordarla y vivirla en la práctica.


jueves, 22 de septiembre de 2011

Dificultad de la Meditación

Es curioso pero algo que nos hace tanto bien como es tomarse unos minutos para meditar, resulta una tarea sumamente complicada. ¿Por qué?

En ocasiones la respuesta parece hallarse en la falta de tiempo, aunque, bien mirado, tampoco hace falta tanto tiempo.. o  es que diez minutos es un tiempo excesivo. Diría más bien -y me incluyo- se trata de una falta de voluntad, y ¡por qué no! de constancia también.

Pero además es que solemos complicar las cosas más sencillas, y nos escudamos en razones del tipo: "no medito porque no conozco una técnica adecuada". ¿Es esto posible? Hasta cierto punto sí, pues nos alejamos tanto de nosotros mismos que olvidamos lo más obvio: permanecer quietos y serenos y ver qué pasa.

No digo yo que no sea bueno aprender técnicas que nos ayuden, pero esas técnicas tienen que servirnos de ayuda, no de excusa para no realizar tareas importantes para nosotros.

Me ha parecido muy interesante este texto de Osho en el que habla de esa dificultad en determinadas técnicas de meditación que no sirven de ayuda pero sí de cierta vanagloria. Os invito a su lectura y a su posterior reflexión.

"Estas técnicas parecen muy sencillas; lo son. Pero no dejes de probarlas porque parezcan tan simples. Puede que no desafíen a tu ego, pero pruébalas de todos modos. Sucede siempre que nunca intentamos las cosas simples, porque pensamos que son tan sencillas que no pueden ser verdad. Y la verdad siempre es simple, nunca es compleja. No hay necesidad de que sea compleja. Sólo las mentiras son complejas. No pueden ser simples, porque si son simples serán descubiertas inmediatamente.

Y porque algo parece simple, pensamos que de ello no puede resultar nada. No es que de ello no pueda resultar nada; lo que pasa es que nuestro ego sólo se siente desafiado cuando algo es muy difícil. Muchas escuelas y muchos sistemas han complicado sus métodos simplemente debido a ti. No hay necesidad, pero tienen que crear complejidades, trabas innecesarias, para hacerlos difíciles y que tú te sientas bien porque tu ego se siente desafiado. Si algo es muy difícil y sólo unos pocos pueden hacerlo, entonces sientes: Ahora sí; esto es lo que hay que hacer, porque sólo unos pocos pueden hacerlo; raramente puede hacerlo alguien.
Estos métodos son absolutamente simples. Shiva no te está teniendo en cuenta. Simplemente está describiendo el método exacto tal como es, de la manera más sencilla posible. Lo más telegráficamente posible, sólo los requisitos escuetos. Así que no busques ningún desafío para el ego. Estas técnicas no son para lanzarte a un viaje de engrandecimiento del ego. Puede que no te supongan un desafío, pero si puedes probarlas, te transformarán. Y el desafío no es bueno, porque con el desafío te pones febril, te vuelves loco.


Osho, El libro de los secretos


lunes, 25 de abril de 2011

Experiencias cumbre

¿Qué entendemos por "experiencias cumbre"? Podríamos decir que se trata de determinadas experiencias que nos conectan de una manera clara y contundente con el mundo espiritual. Pero ¿en qué consisten? Yo diría que hay una gran variedad de ellas aunque todas tienen un fondo común. Vamos por partes.

Existe una experiencia que podríamos considerar un éxtasis y que se da en muchas ocasiones de manera fortuita aparentemente. Hablo de esos momentos en que, por ejemplo, alguien ha decidido sentarse al aire libre, ya sea en lo alto de una montaña, como al borde de un río o de una playa; y entonces, de repente, la persona se siente totalmente en paz, serena y como invadida por una total plenitud que la aleja incluso de cualquier sensación temporal. Repentinamente la persona experimenta una totalidad sobre la que ni siquiera se para a intentar comprenderla, sino que sencillamente la vive con toda la intensidad, pero sin perder en ningún momento la calma. Luego, cuando vuelve a cerciorarse de dónde está, del correr del tiempo, de todo lo que le rodea, sigue quedando dentro, como un recuerdo imborrable, lo que acaba de experimentar.

Esto mismo se puede inducir, y es por medio de diversas técnicas meditativas en las que lo principal es el deseo y la disposición de alcanzar ese estado; pero sin inquietud, si se consigue, bienvenido sea; y si no viene, otra vez será.

Existen muchas más experiencias que pueden traducirse en visiones, audiciones, sensaciones. Sí; en ocasiones la persona parece ver con toda claridad imágenes con un profundo sentido para ella; imágenes que le aclaran muchas cosas. Otras veces percibe como un pensamiento que no cree pueda proceder de su interior, sino de algo más que está dentro y está fuera; un pensamiento repleto de contenido que le ayuda a entender, a progresar, a continuar. Incluso pueden darse sensaciones, como si alguien estuviera tocándonos, o bien un cierto estremecimiento en una determinada zona del cuerpo; también se perciben olores particularmente bellos y que no acabamos de entender de dónde vienen, aunque en nuestro interior de alguna manera asociamos a algo o alguien en particular.

Pueden darse experiencias cumbre a través de canalizaciones por vía de otras personas que se prestan a ello. En esas canalizaciones, alguien nos comunica cosas que son verdaderamente importantes para quien las recibe; y como todo lo expuesto anteriormente, dejan una huella indeleble.

¿Cuándo son reales? ¿Cuándo imaginadas? Creo que en el fondo de uno mismo, la persona que lo experimenta lo sabe; por los efectos, lo discierne; y normalmente le queda un gran deseo de volver a experimentar algo así. Lo que ocurre es que estas experiencias a veces se dan y a veces no. Digamos que no podemos impedirlas, pero tampoco provocarlas a la fuerza; todo lo más, favorecerlas. 

¿Qué sentido podrían tener estas experiencias y la ausencia de las mismas? En determinados casos, podría suceder que fueran necesarias para la evolución particular de cada individuo; y asimismo, a veces se hiciera preciso que cada uno emprenda la aventura del desarrollo sin una guía constante sino corriendo sus propios riesgos. Pero sea como sea, las experiencias cumbre son una bendición que acompañan toda la vida, aunque creamos haberlas experimentado una única vez.

Y no lo olvides, todos las experimentamos aunque no seamos conscientes de ellas. Ver y sentir un nuevo día con el aire, con el sol, sintiéndonos repletos de vida es en sí misma toda una experiencia cumbre a la que no solemos saber darle su auténtico valor.

domingo, 3 de abril de 2011

Semillas de amor

Sobre la tierra veo una inundación, un temporal. Me alejo de esta visión y contemplo el planeta Tierra cada vez desde más lejos hasta casi sentir vértigo.

Así, desde lejos, el planeta Tierra se ve sereno; no se advierten los efectos del temporal. Permance quieto.

Yo me alejo y llego a otro planeta. Y allí me encuentro con Jesús que me dice que las cosas hay que observarlas así, con perspectiva. Junta sus dedos, y como si lanzara sal o azúcar, lanza semillas de amor que vuelan hasta la Tierra. Semillas de amor y bondad que irán fructificando con el tiempo e irán creando otras semillas más.

¿Cómo podría haber fiesta en el Cielo si creyéramos que alguna criatura puede perderse?

La fiesta de todos los santos consiste en la salvación de todos y cada uno de los seres creados.

Fe, desapego, perspectiva.


lunes, 14 de marzo de 2011

Por qué negarse a la consciencia


El hombre niega la consciencia porque le cuesta asumir el dolor.
Prefiere, por tanto, ser inconsciente para no tener que asimilar 
el dolor real causado por sí mismo.


viernes, 17 de diciembre de 2010

Ante los problemas: SERENIDAD

En mi meditación se me mostró una imagen. 

Surgía una fuerte tempestad en el mar. Había un tremendo oleaje y el viento y la tormenta arreciaban. En medio, un faro permancía erguido y sereno. 

¿Cúal era el mensaje de aquél faro? Poco a poco pude ir descubriéndolo

- Fíjate en el faro, ¿qué hace?

- Nada.

- Exacto. El faro no ataca. Permenece erguido serenamente y espera. Se asienta en su fuerza. No arremete, no se enfrenta.
Me di cuenta de que a mí me faltaba un gran camino para parecerme al faro. ¿Podría alguna vez conseguirlo? Y seguí escuchando la Voz.
- Fíjate otra vez en el faro. ¿Qué no has visto aún de él? ¿Qué no has descrito?

- La luz.

- ¡Eso es! Su luz que no deja de iluminar. Y ¿por qué puede seguir iluminando incluso en medio de la tempestad? Porque se ha preocupado por mantenerla en buen estado.

Tras la tormenta, la vida se veía más hermosa porque había adquirido un inmenso valor. Además, pasada la tormenta, y contra lo que pudiera parecer a simple vista, podía darme cuenta de la estabilidad, de la profundidad; nada desaparece sino que permanece modificado.

Entonces la imagen cambió y vi a Jesús imperturbable en medio del mar. Él tampoco se enfrentaba a éste sino que se situaba por encima de las olas, fluyendo con ellas pero sin dejarse dominar por las mismas. Jesús me enseñaba así que no desconfiaba del mar, y me mostraba cómo era capaz de suavizarlo por medio de su fe.

Jesús, como la lección del faro, permanece sereno y constante incluso en medio de la tempestad que no consigue perturbarlo. Él sabe que puede vencerla. Es el único que lo sabe porque tiene fe y confianza plena. ¿Conseguiré yo un poquito de ellas?


miércoles, 10 de noviembre de 2010

El encuentro consigo mismo a través de la Meditación

Cuando hablamos de meditación, muchos piensan en la dificultad de esta práctica. La mayoría de las personas consideran que hay que seguir cursos muy complicados para alcanzar un estado que pueda llamarse meditativo. No digo yo que estos cursos no ayuden, ni mucho menos; pero la base meditativa la tenemos todos en nuestra esencia, y lo que necesitamos es reconocer esta capacidad tan adormecida.

La meditación, así vista, podría compararse con la respiración. Por supuesto que se puede aprender a mejorar la respiración, pero la respiración en sí la ejercemos desde el principio de nuestra vida sin que nadie haya de enseñarnos. ¿Y la meditación? ¡Exactamente lo mismo! Se puede mejorar, se puede profundizar, se puede ir mucho más allá de lo que uno imagina, pero, de entrada, todos nacemos con esta característica.

¿Entonces qué es lo que falla? Normalmente una incapacidad que parecemos haber adquirido: la de sentarnos sin hacer nada.

Para recuperar el estado meditativo, uno tiene que estar dispuesto a no-hacer, más que ponerse a hacer de forma desmedida ejercicio tras ejercicio. La primera tarea debería consistir en aprender a sentarse sin hacer nada, sin esperar nada; sentarse y permitir la existencia.

¿Quieres empezar a practicar? Vamos a ello.

Prepara un entorno agradable y siéntate cómodamente; no necesitas en absoluto hacerlo en la postura de la flor de loto; simplemente síentate como más cómodo te encuentres, pero con un cuidado de la postura para que no te incite al adormecimiento ni a la excesiva tensión. 

Si lo deseas, ayúdate con una música relajante; y cuando digo relajante, me refiero a alguna música que te acerque a la naturaleza pero que no despierte en exceso sentimientos que puedan emocionarte. Una música suave, del tipo New Age puede ser muy apropiada. 

También puedes prescindir incluso de la música y lanzarte a serenarte a través del silencio o a incorporar a tu paisaje auditivo los distintos sonidos que puedas estar oyendo pero que no deseas escuchar.

Cierra los ojos y no hagas nada; absolutamente nada. Si te vienen pensamientos, déjalos que se muevan y verás cómo por sí mismos van desapareciendo. Sigue parado, centrado en no hacer nada y en no esperar nada. Aprende a respirar la paz del momento, sin inquietudes por el futuro ni añoranzas del pasado. Sencillamente aprende a experimentar la mera existencia. Dime, ¿es tan difícil desconectar por diez minutos? No te pido más: sólo diez minutos. Es posible que en los primeros cinco o tres o dos te sientas inquieto, pensando que algo estás haciendo mal, o que resulta aburrido, o que te pica la nariz. Tú sigue; no le des importancia a tus expectativas. Sigue tus diez minutos y la paz te invadirá. No hablo de grandes visiones, no hablo de experiencias grandilocuentes; te hablo de la experiencia fundamental: la experiencia de la vida por la propia vida.

Plantéate una cosa. Si no estás dispuesto a experimentar lo que suceda, sin tú provocarlo, y que eso te haga sentirte cómodo contigo mismo, ¿cómo pretendes experimentar algo más? Acostúmbrate a estar en el silencio, una lección que debería ser obligatoria en estos tiempos que se practica con tanta frecuencia la huída de uno mismo a través del enfrascamiento en miles de sonidos. Acostúmbrate a tu propia presencia en el mundo. Diez minutos para estar contigo mismo en unión con la naturaleza de la existencia misma. Diez minutos. Te aseguro que la paz que experimentarás merece la pena.



* La pintura es de Edward Hopper, y se titula Sol de la mañana

 

sábado, 30 de octubre de 2010

Crecimiento y Evolución

Desde que conocí la idea de los bodishattvas, me fascinó la filosofía que transmiten. Se nos dice que los bodhisattvas son aquellos que una vez alcanzan la iluminación, en vez de permanecer en el nirvana, vuelven a la Tierra para ayudar a los demás por compasión (una palabra verdaderamente hermosa y que por desgracia ha sido denostada por no comprenderla en su totalidad: amor compartido, no cedido como unas migajas).

Quiero creer que todos crecemos y evolucionamos, y que volvemos una y otra vez; en ocasiones aparentemente más sabios y en otras quizá más torpes, pero es más que probable que eso sea sólo una apariencia y que en realidad todos, absolutamente todos, contribuimos aún sin saberlo al proceso evolutivo de la creación.

Así lo vi en mi meditación:

Por una torre circular unos suben y otros bajan. Todos, tanto los que suben como los que bajan, portan lámparas encendidas; unas brillan con más fuerza y otras con menos, pero todas están encendidas.

Al llegar a lo alto de la torre, todas las lámparas son recargadas; cada una un poquito más de como había llegado.

Desde arriba, los portadores de sus lámparas vuelven a bajar con más luz; de esta manera la zona baja de la torre, que aún está en penumbra, cada vez se ilumina más y más. Para eso hace falta que quieran bajar personas con lámparas encendidas. Y cada vez son más los que bajan con sus lámparas bien recargadas.

 * La pintura mostrada en este artículo es de Edward Burne-Jones.

jueves, 10 de junio de 2010

Meditando con la Luz


En algún momento de mi vida, este tipo de meditación ha aportado mucha luz tanto para mí como para quien se ha sometido a ella. Normalmente como ha resultado más efectiva es cuando alguien la ha practicado sobre mí, o cuando yo he ayudado a alguien a visualizarla. La apunto por si pudiera aportaros claridad ante determinadas situaciones.

Cierra los ojos y haz alguna inspiración y expiración tranquila centrándote en ella. Luego dirige tu atención a la cabeza y ve relajando tu cuerpo, sintiéndolo tranquilo desde la cabeza hasta los pies, pasando lentamente por todas las partes de tu cuerpo. Así te sentirás concentrado y sereno.


Ahora imagina una luz blanca por encima de tu capeza. Esta luz va a introducirse a través de tu cuerpo desde el centro mismo de tu cabeza, e irá iluminando las zonas por las que pasa, así como fluyendo a través del cuerpo.

A veces, dependiendo de las necesidades de las personas, sucede algo especial. La luz puede detenerse en una parte de tu cuerpo y no querer moverse. En ese punto parece bloquearse y no sigue fluyendo. ¿Por qué? Mira en qué zona de tu cuerpo ha sucedido eso y contempla las diferentes posibilidades del mensaje que se te está ofreciendo.

Vamos a valorar algunas, no como verdades fijas e inamovibles, pues en cada meditación y en cada persona pueden traer un mensaje diferente, sino como ayudas para que uno mismo se ponga a la tarea de su posible interpretación.

Así, por ejemplo, ¿qué te sugeriría la luz si se detuviera en tu cabeza? Un posible mensaje podría ser que hay algo que no quieres reconocer, y por eso te resulta más fácil aumentar la confusión, cerrar los ojos y los oídos a la realidad, y dejar tu mente bloqueada. En ese caso sería bueno que trabajaras en esa luz y la fueras obligando a avanzar, por mucho que te cueste. Sé valiente, mira las cosas a la cara, reconoce lo que quieres y lo que no, independientemente de que puedas o no obtenerlo, pero empieza por reconocerlo en vez de permitirte nadar en la confusión. Trabaja en la luz, y hazla avanzar. Si te fuera imposible, dirígete nuevamente a la luz que viene desde fuera y transfórmala en colores violetas, el color de la divinidad, y con la ayuda celestial sigue avanzando.

Puede suceder que la luz quede bloqueada al nivel del cuello y la garganta. ¿Qué mensaje te da a ti esta luz bloqueada? Dime, ¿qué palabras o qué llantos o gritos estás reprimiendo? ¿Por qué no te atreves a expresarte? No se trata de soliviantar a alguien ni siquiera a uno mismo, se trata sencillamente de expresarse más que de reinvidicar. ¿Quién o qué se sienta sobre tu cuello? ¿Crees que tienes la maldición de Atlas y que estás condenado a cargar con el peso de todo sobre tu cuello? ¡No seas iluso; no se te pide eso! Uno puede cargar con lo que puede y no más. Sé sincero, no tengas miedo ni seas violento, sencillamente muestrate como eres con tus debilidades, con tus necesidades, con tus deseos.

¿Y si la luz se bloquea al nivel del corazón? ¡Por supuesto! Ahí hablamos del bloqueo emocional, del bloqueo del amor. ¿Por qué has enfriado tu corazón? ¿Porque los demás no te aprecian como crees que deben hacerlo? ¡Y eso qué importa! Lo importante es que tú sí sepas apreciarlos a ellos, y a ti mismo. El amor no puede bloquearse porque es nuestro sustento, es aquello de lo que estamos hechos. Abre tu corazón y permite que la luz vuelva a expandirse desde él si quieres recuperar tu esencia y tu lugar en el mundo. No esperes respuestas, irradia tú y luego... ya veremos.

Cuando la luz se bloquea en el plexo solar, en el torax y el abdomen, en la zona en la que realizamos la digestión, podría estar enviándote un mensaje que se relaciona con aquellas situaciones que no puedes digerir, que no puedes tolerar. Tu aparato digestivo está encrespado porque suceden cosas en el exterior que te parecen verdaderamente odiosas.... ¡Y claro que podrían serlo, pero... qué consigues bloqueando la luz! ¡Nada! La luz te puede estar indicando esas cosas que te molestan pero de las que o bien no eres consciente o bien no puedes hacer nada para solucionarlas así que se hace necesario recuperar el equilibrio, la tolerancia y la paciencia. Sigue avanzando, no permitas que la luz aquí se detenga.

¿Y si la luz se bloqueara en las manos? Entonces, a lo mejor no estaría de más valorar si estamos dando algo o lo que ocurre es que esperamos recibir y no lo hacemos. Abre las manos y permite que la luz fluya por ellas, ya sea en una dirección o en otra; si fluye, el intercambio terminará por suceder en buena lógica.

Cuando la luz se bloquea en las rodillas nos puede estar hablando de una situación de cierto orgullo o incluso soberbia. ¿Ante quién o qué no deseas arrodillarte? ¿No te das cuenta de que estás confundiendo la humillación con la humildad? Ser humillado o humillar no es bueno puesto que parte de una profunda falta de respeto; pero ser humilde es ser sincero, no tiene nada que ver con hacerse peor de lo que uno es, se trata de reconocerse como un miembro más de la naturaleza, con cosas buenas y malas, exactamente como cualquier otro. Todos tenemos méritos y valores que hay que saber reconocer, ¿por qué te cuesta tanto dar ese reconocimiento?

¿Y la luz bloqueada en las piernas? Bien podría estar indicándote que te has frenado, que no intentas ir a ninguna parte. ¿Por qué? ¿Porque no sabes dónde quieres ir? ¿Porque crees no tener capacidad para alcanzar la meta que te propones? La única forma de averiguarlo es ponerse en movimiento así que... ¡desbloquea la luz y sigue avanzando! ¿Qué te lo está impidiendo?

En los pies, la base sobre la que te sustentas. Quizá necesites reconocer y valorar esa base, y darte cuenta de que la luz impregna todo el universo, sin detenerse en un punto, ni siquiera en éste que podrías considerar un límite o una frontera. Irradia también desde tu base. Irradia igualmente desde la cabeza. Apóyate sobre tus raíces y permite alimentarte de ellas. No estás carente de base, no lo olvides.

Si consideras que somos un canal de conducción eléctrica, y que la luz es esa electricidad que pasa por nuestro cuerpo, date cuenta de algo muy importante: si la bloqueas puedes destruirte, pero si permites que fluya sin obstaculizarla, no sólo te beneficiarás tú, sino que el mundo entero saldrá beneficiado.


jueves, 29 de abril de 2010

Los Colores en la Meditación - 2

Y seguimos con los colores. Ahora vamos a observar el amarillo. El amarillo nos da brillo y claridad, por tanto, ¿qué podría estar sugiriéndonos? Imagina que te encuentras en una situación complicada que no acabas de comprender: ¡necesitas iluminación! El amarillo, el color de los rayos del sol, puede alumbrar esa ofuscación en la que te encuentras y eliminar poco a poco las tinieblas. Del amarillo parte la creatividad, la brillantez, la expansividad.

Con el verde renace la vida. El verde es productivo; tras la siembra aparecen los primeros brotes que poco a poco van creciendo más y más, y creando un universo esplendoroso. ¿Necesitas dar vida a un proyecto? ¿Deseas que tus esfuerzos obtengan un resultado concreto? El verde puede ser la energía que estás necesitando. Pero el color verde lo que te da es un indicativo de hacia dónde debes dirigir tu concentración; en este caso, a la puesta en práctica de tus ideas, al trabajo concienzudo y constante para culminar tus esfuerzos. El verde te recuerda que es hora de ponerse manos a la obra.

Azul, el color de la serenidad, de la acogida, de la receptividad. Por supuesto puede tener alguna connotación negativa como una falta de ánimo, pero ahí estás tú para valorar lo que a ti te está diciendo en un momento concreto cada color. Puedes estar necesitado precisamente de un descanso, o puedes estar sumido en la falta de vigor, ¿qué te sugiere a ti en este momento este color? No olvides que cada tiempo trae su propio mensaje; al igual que en el Tarot cada carta puede surgir derecha o invertida, con los colores sucede lo mismo: ¿se trata de un exceso o de un defecto? Eso sólo tú puedes valorarlo si te decides a mirar sinceremente en tu interior. Azul de serenidad, de curación.

El rosa o magenta, el color del amor. ¿Ofreces o recibes amor? ¿Por qué no las dos cosas? Envía rayos de amor a todo lo que te rodea, vive inmerso en un mundo de amor. Con el rosa el amor llama a tu puerta, no desatiendas su mensaje. El amor engloba todo y forma parte de nuestra esencia. ¿Has descuidado el amor? Reencuéntrate con su color.


Y el violeta es un paso más del rosa y del azul, del amor y de la serenidad; es el color de la Divinidad. El violeta realza todos los colores. ¿Surge violeta en tu meditación? Es hora de conceder importancia a la espiritualidad. Conéctate con su color, es necesario para ti y para todos.


El blanco es la unión de todos los colores, de todos los estados, de todas las emociones y realidades. El blanco es la unión.

Cada color puede estar aportándote una buena información que probablemente no deberías subestimar.

jueves, 22 de abril de 2010

Los Colores en la Meditación - 1


Cuando uno acostumbra a meditar o bien a guiar a otros en meditaciones, observa la importancia de ciertas luces y colores que suelen acompañar muchas visualizaciones. De entrada, lo usual es que casi todos se centren en un determinado tipo de luz y en un color, pero, cuando se ahonda más, se puede trabajar con toda la variedad del espectro de color, algo que recomiendo al menos de vez en cuando.

Con los colores podemos obtener una información sobre aquello hacia lo que deberíamos enfocar la meditación. Me he interesado mucho por los significados que se atribuyen a ciertos colores. Estudiándolos he visto que si bien algunos coinciden en las valoraciones, a veces no sucede así. Creo que esto es algo lógico puesto que, de entrada, a mí me parece que, por poner un ejemplo simple, el blanco tiene que tener unas connotaciones muy distintas para un esquimal que para un beduino; al menos, eso es lo que yo pienso.

Así que, basándome en ideas de unos y de otros, y en las mías propias, me doy cuenta de que la atribución que en determinados momentos voy dándole a cada color que surge en la meditación me ayuda mucho y, por tanto, voy a dar algunas sugerencias por si os pudieran servir de ayuda también a vosotros; teniendo en cuenta, eso sí, que esa creatividad puede desarrollarla cada uno de acuerdo a su propia personalidad.

Empezamos por el negro, es decir, por la ausencia de color. ¿Qué puede sugerir el negro? Muchos seguramente lo verán como un cierre de expectativas, como un entrar en un túnel del que parece difícil salir, o como una ofuscación del pensamiento que impide encontrar soluciones. Pero, ¿y si se le da la vuelta a esta idea y se ve como un espacio vacío preparado para la siembra? Esta idea de una de las cartas del Tarot de Osho me vino muy bien para dotar al negro de una visión positiva en lugar de quedarnos con la más negativa. La creación surge de la nada; el negro es un espacio vacío que puede ser llenado de múltiples colores cada vez más y más vivos.

Con el rojo parece llegar la energía. Si el cuerpo está cansado puede andar necesitado de una buena dosis de energía. El rojo nos puede aportar también pasión, fogosidad y vehemencia. ¿Estás carente de estas cualidades o las experimentas en demasía? El rojo puede conducir también a los arrebatos y la ira. ¿Qué te dice a ti el color rojo? Seguramente en unas meditaciones te conduzca a una determinada cualidad descuidada, y en otros te sugiera suavizarla. Ahí está el secreto de la meditación.

¿Qué te puede estar diciendo el naranja? Es un color lleno de brillo. Cualquiera que lo vista llama la atención. El naranja puede hacer alusión a la influencia que puedes tú ejercer sobre los demás. ¿Eres alguien que teme ser visto o, por el contrario, eres una persona que suele destacar y marcar una tendencia? ¿Puedes influir en el comportamiento de los demás? ¿Lo haces de la manera adecuada para favorecer o te deleitas sencillamente con tu poder para deslumbrar? Estudiate a ti mismo y valora qué puede estar sugiriéndote este color.


CONTINÚA EN LA PARTE 2

martes, 6 de abril de 2010

El mundo caótico en que vivimos


En mi meditación, esto es lo que sentí:




"El mundo es caótico porque no se respeta a sí mismo".
"Tiene que valorar su propia dignidad".



Para solucionar los problemos no sólo podemos esperar que sea una de las partes la que se ponga a trabajar en la resolución, sino las dos partes a la vez. De nada sirve una pata del banco sin la otra pata, pues por muy buena calidad que tenga, una no aguanta sola todo el equilibrio. Si así sucede entre los hombres, ¿no será lo mismo entre Dios y su creación? Todos debemos colaborar.

domingo, 17 de enero de 2010

Actuar como una estela en el mar



A la meditación se pueden llevar tantas cosas, tantas preguntas, tantos sentimientos, tanto de tanto... Y lo bonito es contemplar la respuesta. Puede que lleve un tiempo, pero cuando llega, uno puede comprobar que el tiempo mereció la pena.

En mi meditación expuse una pregunta o un sentimiento de pena e incluso de queja. ¿Por qué? ¿Por qué a veces uno parece tener tan poco éxito tras haber realizado su labor? ¿Por qué a veces parece que uno tiene tan poca repercusión e influencia a pesar de esforzarse en realizar un trabajo lo mejor hecho posible? ¿Por qué? Y entonces... vino la respuesta.

Tan sólo era una imagen, una imagen que necesitaba explicarse con la razón. La imagen era una estela marina; sí, la estela dejada por un barco. Si la estela se ve desde el barco, parece muy ancha al principio, para luego irse estrechando en la lejanía. Pero si se ve desde el aire, es precisamente lo contrario; lo que empieza con el tamaño del ancho del barco, se extiende por el mar ampliando el ángulo.

Así se influye en el mundo; cualquier acto que se haga, por pequeño que parezca, va repercutiendo en un ángulo cada vez más extenso.