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viernes, 26 de abril de 2013

Ejercer la propia responsabilidad

Ya he hablado en otros artículos de Bert Hellinger, el creador de la Terapia Sistémica o Constelaciones Familiares como es más conocida esta terapia. 

Bert Hellinger busca en el orden jerárquico y en la familia de procedencia muchas causas de las malas situaciones vividas por las personas, pero no carga las tintas en responsabilizar al sistema familiar de todo lo que a uno le sucede, sino que, en primer lugar, considera que la propia persona debe de hacerse cargo de su propia curación y de su propia responsabilidad a la hora de resolver e incluso haber creado un problema. Podríamos decir que muchas veces podemos utilizar cualquier terapia como un escapismo de nosotros mismos más que como una profundización y una acción dispuesta realmente a solucionar problemas en lugar de a mantenerlos o a mirarnos con excesiva autocompasión y victimismo.

Me gustaría traer a la meditación personal tres puntos que señala este terapeuta y que me parecen muy dignos de ser tenidos en cuenta, pues demasiadas veces buscamos culpables para que nos lo resuelvan todo, y nos olvidamos de lo principal: mirarnos a nosotros mismos. 

Aquí os dejo estos tres puntos para vuestra propia valoración:


  • "Buscar la solución en el pasado sin haber arreglado lo que sigue pendiente en el presente no llevaría a ninguna parte".

  •  "Existe una jerarquía entre los problemas. Lo inmediato tiene prioridad sobre lo anterior; la familia actual sobre la familia de origen".
 
  • "Yo actúo siguiendo el principio de que cada cliente es capaz de hacerse cargo de su propio problema. Si hay alguien capaz de asumir el problema, en primer lugar, será el cliente mismo. Ninguna persona puede asumirlo y solucionarlo como él".


lunes, 21 de enero de 2013

Ahondando en las Constelaciones Familiares

No es la primera vez que escribo en este blog sobre las Constelaciones Familiares. Tuve la bendición de conocer esta terapia hace ya algunos años, y de participar en varias de ellas. Para aquellos que no sepan en qué consiste, les recomiendo que hagan una búsqueda dentro de este blog, poniendo sencillamente las palabras constelaciones familiares en el buscador situado a la derecha de este texto, debajo de la hadita, y podrán leer mis artículos sobre el tema para obtener una idea de en qué consiste esta terapia.

Ahora me gustaría más hacer unas reflexiones sobre las Constelaciones Familiares, dando por hecho que todos ya sabemos de qué tratan, ¿de acuerdo?  Para ello, voy a ir desarrollando algunos puntos que considero de interés.

  • Uso y abuso de las Constelaciones Familiares.  En mi opiníón, las Constelaciones es un tipo de terapia que puede ser muy útil en casos en los cuales, a pesar de haberlos trabajado desde múltiples aspectos, no se consiguen resultados positivos, pues da la impresión de que los esfuerzos de la persona por mejorar una situación chocan con trabas que están mucho más allá de los directamente implicados en ellas. En las Constelaciones son demasiados los elementos que se mueven como para que nos podamos permitir el lujo de "jugar" con ellos. Por esta razón, creo que no es adecuado usar la Constelación para todo tipo de problema; creo que es una herramienta bendita que no podemos manipular a nuestro antojo pues no tenemos derecho para ello. En una Constelación aparece lo más íntimo de cada ser humano, con sus propias circunstancias y vivencias; digamos que surge de forma clara el alma de las personas, un alma que puede estar encarnada en un cuerpo vivo en nuestro momento presente o bien estar ya en otro plano; así que no me parece nada respetuoso hacer viajar a lo más esencial de cada uno para temas que pueden resolverse de otra forma. El uso de las herramientas que se nos dan puede ser muy beneficioso, pero no así el abuso.

  • Limitar las indagaciones. Relacionado con el tema anterior, podemos considerar este segundo punto. A veces nuestra curiosidad sin límites nos lleva a adentrarnos en secretos sobre los que no tenemos ningún tipo de derecho a conocerlos. En una Contelación surge el tema de fondo que está afectando a una situación concreta, pero, una vez aclarado, no parece pertinente seguir indagando y fomentando el "morbo" y la "indiscreción". No nos está permitido saberlo todo, sino sencillamente aquello que está afectando de forma clara a una determinada situación, no más. Bert Hellinger (el iniciador de esta terapia) es muy claro en este tema, y no permite que una vez descubierta la raíz de un determinado problema, la persona que consulta se empeñe en ir más allá y averiguar más y más cosas: sólo la que tiene que aclararse, sin más "cotilleos" ni complicaciones que nos llevarían a más y más problemas en vez de a su solución. En lenguaje llano, podríamos decir que no hay que tirar tanto de la madeja del hilo.

  • Orden más que jerarquía. Nuestra vida temporal implica un orden que no podemos saltar. Es decir, primero están los padres y luego vienen los hijos, y no al revés, ¿verdad? Pues esto tan evidente, a la hora de resolver conflictos no resulta así, pues se confunde el orden con la importancia. El padre y la madre están por encima de los hijos, y se les debe un respeto; ¿significa eso sumisión? No, en absoluto; el respeto profundo no tiene nada que ver con las sumisiones ni las humillaciones; por eso hablaba de no confundir el orden con la importancia; todos tenemos igual dignidad, pero existe un orden establecido que si se salta puede traer muchas complicaciones. Muchas veces, los hijos se saltan este orden y asumen el papel de padres, cosa que nunca debe de hacerse. Cuando se desarrollan Constelaciones Familiares, a veces, dadas las desavenencias entre algunos padres y algunos hijos, resulta muy difícil de hacer un ejercicio totalmente necesario pero que sólo surte efecto si se hace de manera sincera. El facilitador de una Constelación (quien la dirige) pide al constelador que se sitúe delante de su padre o de su madre (con quien tenga el conflicto) y le diga de forma clara y rotunda: "Te respeto, tú eres el mayor y yo el pequeño". Esta frase hiere en lo más profundo en muchos casos porque no se entiende, y es bueno aclararla. Se trata de decir a los padres que se los respeta por lo que son,  lo cual no quiere decir necesariamente que se esté de acuerdo con sus actitudes, pero se les respeta porque sin ellos no estaríamos aquí, porque son limitados igual que los hijos y porque han tenido que aprender y a lo mejor no han conseguido éxito en la labor pero lo intentan. Y se trata de decirles que "ellos son los grandes y los hijos los pequeños"; por tanto, ellos son los que pueden manejar sus cargas, y no ponerlas en las espaldas de sus hijos que no están preparados para llevarlas, pues el peso de la carga de los padres y la propia es demasiado. Vistas así las cosas, la frase resulta mucho más fácil de decir y de asimilar.

  • Decir lo siento mejor que pedir perdón. La culpa siempre está ahí, pues muchas veces por ignorancia y otras por desear obtener beneficios no demasiado legítimos, lo cierto es que cometemos acciones que generan culpa. Y eso hay que reconocerlo; no somos completamente inocentes por mucho que quisiéramos serlo, y, a veces, incluso de manera inconsciente tenemos motivaciones no del todo nobles. Pero también es cierto que no deseamos realmente el daño, sino que nos ofuscamos y nos damos cuenta de que nos entristecen nuestras malas acciones, y eso hay que afrontarlo. Si es neceserio asumirlo en casos de relaciones difíciles, es bueno hacerlo, según Hellinger, en términos de igualdad, para lo cual hay que expresar el sentimiento, decir claramente: "Lo siento, no lo sabía". Y esa frase indica que realmente hubiéramos querido que las cosas fueran de otra manera, y que además nos faltaban por conocer múltiples datos que nos afectaban a nosotros y a más personas. A veces juzgamos sin conocer realmente las circunstancias y por eso es bueno reconocer ante aquellos que juzgamos ese: "Lo siento, no lo sabía". Mucho mejor que pedir perdón, que según Hellinger nos hace arrogantes por creernos con derecho a perdonar o a solicitar el perdón de forma humillante. Sentirlo, por el contrario nos iguala y resulta muy efectivo.

  • Respeto frente a silencio. El dolor hace que muchas veces silenciemos acontecimientos y, por supuesto, a las personas que pudieran haberlos provocado o que fueron víctimas de los mismos. Pero no podemos olvidar que el dolor puede ser una medida del amor, y por tanto merece la pena. No se trata de sufrir de forma constante, sino de afrontar el dolor y asimilarlo. Estos seres humanos causantes o víctimas nos piden nuestro respeto hacia ellos y no que los sumamos en el olvido; y ésta es otra gran lección que nos ofrecen las Constelaciones: respetar, recordar, valorar pues nuestra existencia tiene que tener sentido. Acallando no conseguimos dar ese valor que se nos requiere, sino agrandar el vacío.
 
Las Constelaciones nos ofrecen grandes lecciones que, a mi modo de ver, no deben ser ni minusvaloradas ni mucho menos frivolizadas. 
 




lunes, 25 de abril de 2011

Experiencias cumbre

¿Qué entendemos por "experiencias cumbre"? Podríamos decir que se trata de determinadas experiencias que nos conectan de una manera clara y contundente con el mundo espiritual. Pero ¿en qué consisten? Yo diría que hay una gran variedad de ellas aunque todas tienen un fondo común. Vamos por partes.

Existe una experiencia que podríamos considerar un éxtasis y que se da en muchas ocasiones de manera fortuita aparentemente. Hablo de esos momentos en que, por ejemplo, alguien ha decidido sentarse al aire libre, ya sea en lo alto de una montaña, como al borde de un río o de una playa; y entonces, de repente, la persona se siente totalmente en paz, serena y como invadida por una total plenitud que la aleja incluso de cualquier sensación temporal. Repentinamente la persona experimenta una totalidad sobre la que ni siquiera se para a intentar comprenderla, sino que sencillamente la vive con toda la intensidad, pero sin perder en ningún momento la calma. Luego, cuando vuelve a cerciorarse de dónde está, del correr del tiempo, de todo lo que le rodea, sigue quedando dentro, como un recuerdo imborrable, lo que acaba de experimentar.

Esto mismo se puede inducir, y es por medio de diversas técnicas meditativas en las que lo principal es el deseo y la disposición de alcanzar ese estado; pero sin inquietud, si se consigue, bienvenido sea; y si no viene, otra vez será.

Existen muchas más experiencias que pueden traducirse en visiones, audiciones, sensaciones. Sí; en ocasiones la persona parece ver con toda claridad imágenes con un profundo sentido para ella; imágenes que le aclaran muchas cosas. Otras veces percibe como un pensamiento que no cree pueda proceder de su interior, sino de algo más que está dentro y está fuera; un pensamiento repleto de contenido que le ayuda a entender, a progresar, a continuar. Incluso pueden darse sensaciones, como si alguien estuviera tocándonos, o bien un cierto estremecimiento en una determinada zona del cuerpo; también se perciben olores particularmente bellos y que no acabamos de entender de dónde vienen, aunque en nuestro interior de alguna manera asociamos a algo o alguien en particular.

Pueden darse experiencias cumbre a través de canalizaciones por vía de otras personas que se prestan a ello. En esas canalizaciones, alguien nos comunica cosas que son verdaderamente importantes para quien las recibe; y como todo lo expuesto anteriormente, dejan una huella indeleble.

¿Cuándo son reales? ¿Cuándo imaginadas? Creo que en el fondo de uno mismo, la persona que lo experimenta lo sabe; por los efectos, lo discierne; y normalmente le queda un gran deseo de volver a experimentar algo así. Lo que ocurre es que estas experiencias a veces se dan y a veces no. Digamos que no podemos impedirlas, pero tampoco provocarlas a la fuerza; todo lo más, favorecerlas. 

¿Qué sentido podrían tener estas experiencias y la ausencia de las mismas? En determinados casos, podría suceder que fueran necesarias para la evolución particular de cada individuo; y asimismo, a veces se hiciera preciso que cada uno emprenda la aventura del desarrollo sin una guía constante sino corriendo sus propios riesgos. Pero sea como sea, las experiencias cumbre son una bendición que acompañan toda la vida, aunque creamos haberlas experimentado una única vez.

Y no lo olvides, todos las experimentamos aunque no seamos conscientes de ellas. Ver y sentir un nuevo día con el aire, con el sol, sintiéndonos repletos de vida es en sí misma toda una experiencia cumbre a la que no solemos saber darle su auténtico valor.

sábado, 2 de enero de 2010

La importancia de los antepasados


Nos hemos educado en una sociedad donde se valora el individualismo y la independencia; y estas características parecen -equivocadamente, a mi modo de ver- estar en contra de una concepción más social.


En realidad vivimos siempre en constante guerra entre principios aparentemente opuestos: o se es individualista o se es colectivo. Pero, ¿no se puede ser ambas cosas? Yo creo que sí, y que de hecho existimos siempre en simbiosis: el uno no existe para nosotros pues procedemos, ya de entrada, de dos: nuestros padres.

Nuestra sociedad se ha ido volviendo poco respetuosa con sus ancestros. No importa cómo fueran éstos, lo cierto es que merecen nuestra atención y respeto, pues tuvieran las virtudes o defectos que tuvieran, lo cierto es que eran seres humanos que nos legaron parte de sí mismos por herencia genética, además de otras muchas maneras. Ellos nos fueron abriendo el camino como sabían, entendían o podían. Sin ellos, nosotros no estaríamos aquí. Ellos merecen nuestra consideración y cariño, por lo que fueron, por lo que podrían haber sido, y por lo que son: nuestros antepasados.


* * *

La importancia de nuestros antepasados es fundamental y hoy son muchas las vías psicológicas que señalan la influencia de ellos en nosotros. El psiquiatra suizo
Carl Gustav Jung, en su libro "Recuerdos, Sueños, Pensamientos" expone lo siguiente:
Cuando trabajaba en el cuadro genealógico compren­dí claramente la curiosa vinculación del destino que me une a los antepasados. Tengo la viva impresión de que es­toy bajo la influencia de cosas o interrogantes que queda­ron sin respuesta para mis padres y abuelos. Muchas veces me pareció que en una familia existía un karma imperso­nal que se transmitía de padres a hijos. Me lo pareció siempre, como si hubiera de dar respuesta a cuestiones que se les plantearon a mis antepasados, sin que ellos pu­dieran responderlas, o como si debiera terminar o prose­guir cosas que el pasado dejó inconclusas. A este respecto es muy dificil saber si estas cuestiones tienen un caracter más personal o más general (más colectivo). A mí me pa­rece que se trata de lo segundo. Un problema colectivo aparece siempre -mientras no se le reconoce como tal­- como problema personal y despierta en un caso dado la ilusión de que en el terreno de la psique personal algo no está en regla. De hecho, la esfera personal se halla altera­da, pero no necesariamente en lo fundamental, sino mu­cho más secundariamente a consecuencia de una transfor­mación insoportable de la atmósfera social. Por lo tanto, la causa del desarreglo debe buscarse en tal caso no en el ám­bito personal, sino más bien en la situación colectiva. Esta circunstancia la ha tenido muy poco en cuenta la psicote­rapia hasta nuestros dias.

* * *

Hoy vuelve a tomar relevancia en el mundo de la psicología, gracias a diferentes psicoterapeutas, esta valoración del árbol genealógico de los que formamos parte, y es hora de darles el reconocimiento que se merecen: Alejandro Jodorowsky, con su Psicogenealogía; Bert Hellinger, con sus Constelaciones Familiares; y tantos otros que han aportando y siguen aportando una vía de solución para grandes problemas a través del amor de la familia.


* La foto es de mis bisabuelos paternos, en la que puedo ver a mi abuelo como un niño con sus padres y sus hermanos. Tengo que agradecer a mi prima Finucha el que nos la hiciera llegar en su día, ya que para mí las fotos de mi familia tienen un valor incalculable. Con la foto muestro mi cariño a todos, absolutamente a todos mis antepasados en todas sus lineas pues gracias a todos ellos yo me encuentro aquí. ¡¡¡Gracias querida familia de origen!!!




sábado, 21 de noviembre de 2009

Visualización





Hoy me gustaría hablar sobre lo que entiendo yo por visualización.

Podría decirse que, según yo la considero, la visualización es una forma de meditación e introspección en la que se generan imágenes de forma espontánea o bien provocadas en un principio, pero que, poco a poco,van tomand
o forma por ellas mismas. Esas imágenes tienen un sentido, una explicación metafórica de gran interés. El problema, por supuesto, es comprender estas "metáforas"; y para eso hay que dedicar tiempo y ciertos conocimientos; ya que se hace necesaria una incursión en el simbolismo.


Con la visualización, entonces, uno comienza provocando unas imágenes (si éstas no surgen por sí mismas) y permite que esas imágenes empiecen a cobrar su propia vida y vayan transmitiendo un mensaje de sabiduría que acostumbra ser muy revelador, pero que no hay que olvidar suele ser simbólico.


Para iniciar el proceso, el primer paso es conseguir una cierta relajación y concentración. Y una vez centrados en uno mismo y apartando cualquier otra distracción de la mente, permitir que surjan en la imaginación múltiples elementos que muestran de manera paulatina aspectos profundos con los cuales uno desea o debe conectar.

Cuando hablamos de una visualización guiada, contamos con la colaboración de un guía o terapeuta que va ayudando a la persona para que ésta pueda evitar los bloqueos normales que pueden darse y que, con este apoyo, la persona se vaya internado en aspectos que parece sugerirle su propio inconsciente a través de la imaginación.

En una visualización guiada, es por tanto el terapauta o guía quien ayuda a la persona a desarrollar paso a paso una visualización. Esta técnica con la ayuda de un guía resulta muy valiosa, pues son muchas las personas que no se atreven a visualizar nada por miedo a que la mente les juegue una mala pasada y tienden a bloquearse.

Por otra parte, el guía puede ayudar en la interpretación de las imágenes, precisamente por estar fuera de la persona y poder establecer una visión más objetiva basada en la simbología.

En las visualizaciones pueden aparecer imágenes metafóricas que conviene valorar de manera profunda. Ver objetos, ver personas, ver situaciones... ¿qué mensaje pueden estar aportándole a cada uno? Creo que el esfuerzo merece la pena siempre que se haga de la manera apropiada, y no olvidando, como decía el reconocido psiquiatra Carl Gustav Jung, someterlas a la valoración ética de la razón.



viernes, 5 de junio de 2009

El Gran Silencio

A menudo sucede que, cuando uno se introduce en el mundo esotérico, busca, consciente o inconscientemente, una serie de confirmaciones sobre el sentido de la vida, sobre realidades desconocidas, así como experiencias del tipo "paranormal".

Creo que, en principio, esto no tiene nada de censurable; sería como poner en tela de juicio que alguien esté enamorado de su pareja sencillamente porque lo que le movió al principio fue su caída de ojos, o cualquier otro atributo que funcionó a modo de señal divina pa
ra ir al encuentro del verdadero amor. Lo censurable sería, en todo caso, quedarse ahí y no profundizar.

Antes de continuar, me gustaría tan solo hacer una puntualización sobre el término "esotérico" en contraposición con el "exotérico". Lo esotérico no tiene por qué hacer alusión a nada paranormal en el sentido que suele dársele, sino que se relaciona directamente con el mundo de lo interior; es decir, aquello no visible pero que está; mientras que lo exotérico nos remite al exterior, a eso más fácil de ver. Siguiendo con el ejemplo romántico del inicio, podríamos considerar al "amor" como el elemento esotérico; mientras que, pongamos por caso, "el anillo de matrimonio o alianza" podría muy bien servirnos de ejemplo de algo exotérico.

Bien, pues suele suceder que cuando uno se introduce por estos ca
minos internos, espirituales y profundos, se encuentra con "hechos milagrosos" que no puede negar. Así empiezan a aparecer "casualidades" de difícil explicación; por ejemplo, uno necesita desesperadamente una casita en la playa, y justo escucha la conversación de alguien a su lado que desea alquilar su casa pero no encuentra inquilino (no te sonrías; estas cosas pasan); uno está harto de pasearse con el coche sin lograr encontrar ni un huequito para aparcar, pero justo en ese momento, ante la desesperación pide una "ayudita" al cielo, y ¡zas! ahí está el sitio libre.

Incluso cosas más raras se han visto. Alguien necesita hablar con una persona determinada de un Centro Oficial pero desconoce el nombre del departamento y mucho menos sabe el nombre del encargado, aunque habló personalmente con él unos días antes; entonces abre la guía telefónica y contempla con estupor que los números telefónicos de tal centro ocupan nada más y nada menos que tres hojas completas; ante la desesperación, apunta uno de los cientos de números telefónicos y ¡oh sorpresa! habla justo con la persona buscada (no es un ejemplo de mi imaginación, sino que relato una realidad experimentada).

También ocurre que, de repente, comienza la meditacion y se lanzan preguntas y... ¡¡¡aparecen respuestas en la mente como si de un pensamiento telepático se tratara!!!; no se trata de "voces" sino de un pensamiento conciso, claro y concreto que no parece surgir de uno mismo.

Ante tal profusión de acontecimientos suele acontecer que, de repente, transcurrido un tiempo, llega otro en el que dejan de escucharse esas "voces" o "pensamientos" y uno empieza a preguntarse si todo fue un sueño, o si ha hecho algo malo y está recibiendo el justo castigo, o.... mil y una preguntas. De esto los místicos sabían mucho, e incluso alguno supo darle un nombre muy apropiado "La Noche Oscura del Alma". ¿Por qué sucede esto? A mí se me ocurren varias respuestas.

Hay una que sí pudiera tener que ver con nuestra "culpa"; al menos, con nuestra falta de disciplina y voluntad. Como las cosas parecen tan
fáciles... sencillamente se dejan de hacer. Y, claro, no es de extrañar que si uno no pone de su parte, lo lógico es que no obtenga resultados. Por ejemplo, de nada nos sirve tener todo el salón excelentemente decorado, con multitud de adornos de diferentes colores, si dejamos la luz y las ventanas apagadas, ¿o no?

A veces también sucede otra cosa y es que las personas tan bendecidas por múltiples dones, empiezan a considerarse la fuente de tales efectos, en vez de meros receptores. Com
o si el micrófono decidiera ponerse a cantar él, en vez de dejar que sea el solista quien lo haga y él poder disfrutar de la gran aventura de permitir el paso de esa hermosa voz.

Pero a veces, ese "Gran Silencio" me parece a mí que tiene un significado mucho más profundo y que no tiene nada que ver con las carencias sino que es un regalo más de inmenso valor para el ser humano. Me voy a explicar partiendo, una vez más, de un ejemplo que me ayudó.

Hace mucho tie
mpo leí la novela "La Ciudad de la Alegría" de Dominique Lapierre; una novela que, por muchos motivos, me impactó fuertemente. Pero ahora voy a destacar un dato que se relaciona con lo que intento expresar en este artículo. Entre muchas otras cosas se cuenta cómo un joven médico, de buena y bien situada familia, decide buscar un sentido a su vida abandonando una clínica muy buena y de mucho lujo, para irse a una zona llena de enfermedad y pobreza. Es un idealista que se lanza a esta aventura de manera entusiasta, pero, con el paso del tiempo y la acumulación de miseria, llega un momento en el que ya no puede más y necesita un descanso. ¿Qué hace? Con el dinero ahorrado supongo y con el talonario de cheques de sus padres se puede permitir el beneficio de permanecer unos días en un hotel de superlujo recuperándose de tanta miseria y tomando fuerza para volver a aportar su granito de arena en la resoloción de la misma.

¿Qué me sugiere a mí esta historia? Que muchas veces nos permitimos el lujo de "jugar a ser pobres" porque sabemos que tenemos un talonario de cheques esperando a que lo usemos; sabemos que contamos con unos padres adinerados que, en caso de pedírselo, nos van a ayudar y sacar de la apurada situación. Y entonces, la pregunta que yo me hago es: ¿con esto qué hemos logrado demostrar?, ¿nuestra generosidad, nuestra compasión...? ¿No será más bien que lo que hemos probado es la existencia de nues
tros padres, así como su generosidad y su poder?

Volviendo al tema que nos ocupa, me pregunto yo: ¿no será que este Silencio de Dios nos está poniendo a prueba a nosotros mismos, en vez de Al que no Tiene que Ser Probado porque Es? Y entonces se me ocurre que este Gran Silencio sea quizá una delicada forma de decirnos que confía en nosotros y que lo único que necesitamos es que cada uno de nosotros lo haga de igual forma en sí mismo y en Él. En muchos casos creo que el Gran Silencio es la Gran Prueba del interior de cada uno; de quien no se guía por deslumbramientos o intereses, sino de quien decide ir al fondo real, sea éste el que sea.

Creo que con el Gran Silencio se nos está permitiendo algo muy grande y generoso:


¡PROBARNOS A NOSOTROS MISMOS!

jueves, 23 de abril de 2009

Una Constelación Familiar

Hace ya un tiempo, publiqué aquí una entrada, titulada "El alma vive y habla", en el que trataba sobre un tipo de terapia llamado Terapia Sistémica o Constelaciones Familiares. Si no conocéis nada sobre este tema, os recomiendo que leáis aquella entrada para obtener una visión sobre las mismas (podéis acceder fácilmente haciendo un click en el nombre de la entrada).

En esta ocasión, me gustaría relatar una Constelación en la que yo participé como ayudante, por el interés que creo puede despertar y la ayuda que podría aportar. Me gustaría mostrar en esta entrada un ejemplo práctico de lo que es una Constelación, lo que se siente, cómo funciona, porque, repito una vez más, creo puede servir de mucha ayuda.

Por supuesto, no voy a relatar todo el contenido de esta Constelación en particular, pero sí me gustaría mostrar una parte importante de la misma. Tampoco diré nombres de las personas implicadas, aunque no me resisto a rendir un tributo al personaje que me tocó interpretar pues debo decir que me ayudó mucho; me hizo pensar, me hizo sentir y experimentar cosas que nunca imaginé. ¡Gracias, de todo corazón!

En una larga sesión de Terapia Sistémica, acudimos varias personas para desarrollar por una parte nuestras propias Constelaciones (las que hacían alusión a nuestras vida y nuestras familias), así como nos prestábamos a interpetar cualquier papel que otro de nuestros compañeros nos solicitara para representar su Constelación. Lo que voy a relatar hace alusión a este segundo caso; yo no conocía a los miembros de aquella familia.

Antes de comenzar la sesión, suele pedirse al Constelador (la persona que pide una Constelación para ella y su familia) que exponga cuál es el problema que pretende solucionar. Tras esto, se le pide que elija entre los presentes a diferentes personas para representar los papeles que se le van pidiendo. El Constelador empezó a seleccionar a diferentes compañeros, y, para mi asombro, a mí me escogió para representar a su abuela. Quiero señalar nuevamente que yo no conocía a su familia; de hecho había conocido al Constelador en aquellas sesiones y debo admitir que le estoy muy agradecida por la contribución que tuvo en las mías.

Cuando se inició la selección de personajes, de repente me sentí muy mal; verdaderamente mal, pero esperé a que se nos hubiera elegido a todos. Creo recordar que ese malestar tan extraño me vino antes de ser yo seleccionada. Tan mal me encontraba que antes de iniciar la Constelación propiamente dicha, tuve que ausentarme e intentar recuperarme en el aseo. No sabía decir qué me ocurría pero sentía una fuerte angustia que me dificultaba la respiración, taquicardia, las piernas me flaqueaban y experimentaba un fuerte temblor. Pensé que no podría seguir, pero lo hice, y ¡cuánto agradezco la fuerza para hacerlo!

Cuando alguien interpreta el papel de otra persona en una Constelación, uno siente lo que esa persona sentía. No se trata de una "posesión", ni mucho menos; nunca se pierde la conciencia de uno mismo, pero se experimenta -además- lo que aquella persona sentía, y poco a poco va entendiendo lo que le ocurrió sin que nadie se lo diga.

Ya de vuelta en la sala, iniciamos la sesión, para lo cual cada personaje fuimos colocados de una determinada manera y, a partir de ahí, cada uno empezó a actuar como sentía que debía hacerlo y nos movíamos en la dirección que algo nos decía debíamos movernos.

Aquella mujer a la que yo representaba había estado casada con un buen hombre, tenía tres hijos (un hijo y dos hijas). Y, curiosamente, ante el amor de su familia, ella sentía una opresiva sensación de asfixia. Se resistía a tanto amor; sentía como si tiraran de ella con unos hilos tensos que le desagradaban y sólo quería huir. De hecho, cuando se le permitía moverse, se desplazaba rápidamente hacia la muerte.

Experimentaba una opresión grandísima ante las llamadas de los hijos. Quien mayor tranquilidad le reportaba era el marido, pero necesitaba huir de los hijos. Del hijo mayor, aquella mujer sabía que se iba a sacrificar, porque iba a asumir una responsabilidad que sólo a ella corespondía; y por eso le agobiaba tanto, pues aumentaba la culpa que sentía en su interior y que mucho más adelante se desveló (aquel hijo murió en la guerra). Su hija pequeña le agarraba con fuerza por el cuello, pues la llamaba a que se quedara con ella y que no se dirigiera hacia la muerte (aquella mujer había muerto a los dos días del nacimiento de esta hija a causa de un edema en la garganta). La hija mediana mostraba reproches hacia su madre con una fuerte mirada intimidatoria (probablemente la culpara de su falta de correspondencia al amor que se le mostraba y por el drama provocado).

Cuando se le permitía morir, sentía una mayor tranquilidad, pero no total, ni mucho menos, pues su famlia seguía ejerciendo presión sobre ella; y así fue como se desveló el secreto de familia.

Se me colocó junto a quien hacía de marido de aquella mujer. Empecé a experimentar un temblor en el cuello y sentía toda la opresión de aquellos hijos como si tiraran de mí. Entonces, de repente, mi cuello se fue doblando hacia abajo y mi cabeza fue cayendo de forma muy fuerte hacia abajo. Era como si alguien me la bajara y me obligara a mirar a un punto concreto del suelo; cada vez más y más inclinada la cabeza. Imaginé (por lo que sabía de otras Constelaciones) que aquella mujer miraba a algún aborto que hubiera tenido, pero supe que no era así. Vi agua, y sentí un niño en el agua; luego me di cuenta de que era una niña, y automáticamente sentí que aquella mujer había matado a aquella otra niña, pero no asesinado; probablemente, jugando con la niña y siendo niña ella también, se le cayó a un pozo y murió. Se trataba de su hermana.

En apariencia siempre guardó este secreto en su interior; pero siempre se sintió culpable; culpable por no haber permitido que su hermana gozara de la creación de una familia como ella pudo tener y por eso no podia sentirse libre con los suyos; porque por su sentimiento de culpa sentía que no merecía la felicidad (con lo cual estaba dañando a su nueva familia; es decir, además de no corregir el error, lo aumentaba).

Para arreglar aquello, se dispuso que otro personaje encarnara a la hermana muerta. Aquella mujer a la que yo representaba no podía mirarla; estaba enfrente y no se atrevía (mis ojos no conseguían) centrarse en ella; hasta que ella le explicó que no pasaba nada, que no había nada que perdonar, que una cosa era la responsabilidad de una acción y otra muy distinta la culpabilidad pues ella no había querido hacerlo. Su hermana la quería, y yo, en representación de aquella mujer le pedí perdón, pero ella me hizo comprender que no era necesario, que “me” perdonaba, claro que sí, que lo entendía todo SIN NINGUNA AMARGURA. Entonces empecé a sentirme muy bien con ella. Era una dulzura tan grande la de ese encuentro. Creo recordar que fue entonces cuando ese malestar que había experimentado desde el inicio de la Constelación y que tan sólo se había atenuado remitió por completo.

La Constelación fue más larga; por diversas circunstancias hubo de ser interrumpida y continuarse otro día, y en aquel día tuve el gozo de sentir la paz de esta mujer, de cómo veía a sus hijos ahora, y cómo podía amar a su marido. De como observaba con dulzura el dolor de sus hijas, pero sin sufrimiento pues sabía que el tiempo pondría las cosas en su lugar y que lo que no pudieron entender en su momento lo aceptarían finalmente y se liberarían.

Guardo un recuerdo muy vivo de toda aquella experiencia, y le doy las gracias a Dios en primer lugar y a aquella mujer por permitirme una experiencia que tanto me enseñó.

viernes, 3 de abril de 2009

¿Efectos paranormales?



Una vez más, traigo a este blog a un amigo mío muy querido (y también vuestro, si lo deseáis); se trata de Paramahansa Yogananda. En una de sus conferencias aborda un tema que, por lo bien explicado que está, no me resisto a transcribirlo. Aquí lo tenéis:

"Cuando hablo acerca de estos asuntos,
mi conocimiento no proviene
de lo que he leído o estudiado,
sino de mi propia experiencia directa
sobre la Verdad.


Podrás pensar que es extraño, pero,
cuando hablo, estoy viendo,
en ese preciso momento,
todo lo que estoy describiendo.


¿Por qué no habría de ser así?


A través de un equipo de rayos X,
se puede ver la estructura ósea
y todos los órganos del cuerpo.

Sin duda alguna,
la conciencia humana cuenta con
poderes de percepción

mucho mayores que cualquier máquina.


Una pequeña radio
-que carece de cerebro-
puede penetrar el éter y recibir mensajes
enviados desde kilómetros de distancia.


Nuestra conciencia es mucho más sensible que una radio,
cuando aprendemos a sintonizarla con cuidado.

Más allá del cuerpo y de todos los pensamientos identificados con él,
se encuentra el sutil mundo interior,
que está vitalmente relacionado con este mundo.

Podrás contemplar este mundo interno
cuando hayas avanzado espiritualmente".


Paramahansa Yogananda, El Amante Cósmico


martes, 2 de diciembre de 2008

Iridología en un bonito Herbolario


Como me ha parecido muy interesante, voy a añadir un enlace a la página de Dios Laico, donde Nora nos hace un aporte francamente instructivo para quienes deseen saber más sobre el origen de esta ténica. ¡Es fascinante! Os recomiendo la visita a este post de Nora. Un abrazo.


Me gustaría hacer un breve apunte sobre algo que conocí hace muchos años y que he redescubierto hace muy poco. Se trata de la IRIDOLOGÍA. Puede que algunos conozcan algo sobre el tema y puede que otros no, así que lo menciono ahora.

La IRIDOLOGÍA es una técnica englobada en la Medicina Naturópata por la que se obtienen diagnósticos basados en la forma y manchas del iris.

Puede que esto a muchos les parezca "cosa de brujas", pero yo, en principio, soy partidaria de curiosear por las diversas vías de diagnóstico cuando no son dolorosas ni dañinas, y considero que esta técnica reúne ambas cualidades.

Hace no demasiado tiempo descubrí un agradable herbolario en PARLA, una ciudad de la provincia de Madrid. El herbolario, donde Estrella nos recibe siempre con una sonrisa y donde Isabel nos ofrece sus diagnósticos, está situado en la calle Río Miño, número 11. Y, ya puestos, por si alguno está interesado en curiosear, les indico el teléfono y todo: 91-699 85 98.

El caso es que con algo tan sencillo como es mirar con una lucecita enfocada a los ojos, Isabel de Arco obtiene una visión bastante detallada de cosas que pueden estar dándose en nuestro organismo.

Como método desde el punto de vista del cliente no es nada molesto, así que... si lo deseáis, ya sabeís dónde la tenéis a ella. Además quién sabe si no os lanzáis a curiosear sobre este tema navegando por internet.

Pues ahí queda hecho este apunte informativo para los que estéis interesados en ello. Un abrazo a todos.



sábado, 29 de noviembre de 2008

¿Quién fuiste en una vida anterior?


Cuando uno piensa en la posibilidad de la reencarnación, normalmente se hace preguntas sobre quién ha podido ser en otra vida: ¿una persona con poder?, ¿alguien tratado injustamente?


¿Quienes hemos sido en otras vidas?

Algo que creo sucede con demasiada frecuencia es que uno suele suponer que, o bien ha sido alguien "importantísimo" (a los ojos del mundo, claro, porque importantes o lo somos todos o no lo somos ninguno), o bien ha sufrido graves injusticias perpetradas, curiosamente, por otros.

Es decir, uno suele creer que fue el Emperad
or o la Emperatriz de un gran imperio, o que fue quemado en la hoguera por sus ideas heréricas que lo situaban fuera de una determinada sociedad. Sin embargo, son poquísimos los que piensan que podrían haber sido los verdugos de aquellas víctimas, ¿o no? También es verdad que algunos se plantean esto último en demasía, lo cual es igual de exagerado.

Brian Weiss, en una entrevista que vi por YouTube, contaba algo que me hizo mucha gracia. Decía que uno de sus clientes estaba convencido de que había sido Napoleón. Curiosamente, cuando le ayudó a hacer una regresión, lo que se vió es que se trataba de un soldado raso que había luchado a las órdenes de Napoleón. De ese dato, por supuesto, Weiss pudo extraer muchas conclusiones, y es de desear que el protagonista de esta historia también haya sido capaz de hacerlo.

Llega un momento que ves tantos Napoleón, Miguel Ángel, María Magdalena y demás por el mundo, que te cuestionas ¡cómo es posible! Mi experiencia con las regresiones no va por ahí. Me explico.

Normalmente, lo que uno percibe es una sensación y un resumen de lo que vino a aprender con esa vida. Por ejemplo, podría suceder que se tuviera la sensación de haber sido alguien con poder, pero no necesariamente determinar el cargo político o el nombre. Podría suceder, también, que quien experimenta una regresión se identifique con determinados papeles que resultan de alguna manera arquetípicos para la persona, y se sintiera en consonancia con lo que representa Napoleón
, Miguel Ángel o María Magdalena, pero sin que ellos mismos lo hubieran sido necesariamente. Como siempre y como en todo, la prudencia y un cierto distanciamiento ofrecen una objetividad necesaria.

En cualquier caso, considero nocivo creerse a pie juntillas un determinado papel, pues eso creo que sitúa a la persona en la experiencia del ego más que en su trascendencia. Y cuando uno hace una regresión, la idea es que pretende extraer conclusiones que le permiten trascender y no sencillamente revivir hechos ya sucedidos (ya los vivió, no hace falta que los repita).

La regresión puede ayudar muchísimo cuando se contempla de este modo. Así uno puede considerar múltiples puntos de vista que le sirven de ayuda en su actual situación, pero que no lo encadenan a una repetición ab
surda y sin objeto alguno.

Si uno no lo hace con esta intención, puede que su ego se infle en demasía, o bien su espíritu fatalista de eterna víctima se amplifique, o bien puede generar personalidades inflexibles que consideran tienen todos los datos sobre un tema y no permiten ninguna opinión en contra (si uno fue Napoleón, ¡qué le vas a
decir tú que él no sepa de cómo disponía sus ejércitos!). Pero es que resulta que nuestras vidas son limitadas e, incluso habiendo sido Napoleón, seguro que se te escapaban infinidad de detalles, ¿o no?


viernes, 7 de noviembre de 2008

"Déjà-vu"


Cuando yo tenía unos diez años, en una ocasión nuestros padres nos regalaron a mi hermana y a mí un juego llamado "Las Estrellas Chinas", se trataba de un tablero con unas fichas y que se desarrollaba de una forma parecida a las "Damas".

Al poco tiempo unos amigos de mis padres vinieron a verles y trajeron a sus hijas con ellos. Lógicamente, allí sacamos nuestro flamante tablero de Estrellas Chinas y nos pusimos a jugar.

Entonces sucedió algo que nunca pude olvidar. En un momento del juego, me di cuenta con una claridad rotunda de que aquella misma imagen con todas alrededor del tablero y realizando unos movimientos determinados ya la había visto yo. Incluso al mover una de las fichas, sabía que no era una buena jugada, pero algo me impedía rectificar. Las miré a todas, miré el tablero, miré las fichas, y cada vez tenía más y más claro que todo aquello, en aquella misma disposición, yo ya lo había vivido.

Me quedé muy pensativa y traté de hallar una respuesta que me aclarara una experiencia tan singular. La que me vino de manera lógica fue que seguramente confundía lo que habíamos vivido aquella tarde con otro acontecimiento anterior. Pero cuando analicé todo más detenidamente, me di cuenta de que eso era imposible:

1.- El juego no lo teníamos antes; nos lo acababan de regalar.
2.- Las niñas que habían venido, no eran una visita habitual, y no habían tenido la oportunidad de conocer este tablero previamente.

La sensación que experimenté me acompañó mucho tiempo. Con los años supe que aquella experiencia tenía un nombre: "Déjà Vu" (lo ya visto antes). Y muchas personas hablaban de experiencias similares: las visitas a determinados lugares por primera vez y experimentar la sensación clara de conocerlos y haber estado allí antes son un ejemplo muy común.

Para este fenómeno se han buscado multitud de respuestas; incluso hay quienes más o menos vienen a decir que se trata de comparaciones y recreaciones de otros acontecimientos similares. Yo no puedo estar de acuerdo con esta explicación porque mi vivencia lo desmiente; sé muy bien lo que experimenté y no había posibilidad de comparación posible.

Entre las diversas explicaciones, yo me quedo con una que me parece ciertamente acogedora y aclaratoria. Algunos dicen (Brian Weiss es uno de ellos) que se trata de una confirmación de que estás siguiendo el camino destinado para ti. Desde entonces, estas experiencias tienen para mí una sensación de tranquilidad en vez de turbación, pues me confirman que, al menos, algo estoy haciendo bien; y eso, en determinados momentos, cuando la duda nos cerca y nos sentimos abatidos, es algo muy pero que muy de agradecer.

viernes, 31 de octubre de 2008

Viktor Frankl: El hombre en busca de sentido

Ante todo, mis disculpas por la extensión de este artículo; pero no encontré la forma adecuada de dividirlo sin que perdiera su hilo conductor. Espero que, aun a pesar de su extensión, lo encontréis de provecho.


Durante muchos años vino a mí el conocimiento de un libro y una persona del que muchos me hablaban. Sin embargo, por una razón u otra fui demorando la lectura del libro, hasta que ha llegado el momento de hacerlo apenas hace un mes.

El autor se llama VIKTOR FRANKL, y el libro "El hombre en busca de sentido". Para quienes no lo conozcan decirles que Vickor Frankl fue un neurólogo y psiquiatra austriaco que sobrevivió a un campo de concentración nazi. A partir de sus experiencias en dicho campo, y de la convivencia con el hombre llevado al límite, esbozó una teoría y una práctica psiquiátrica llamada LOGOTERAPIA (palabra que viene a significar terapia que busca el sentido de la vida).

A Viktor Frankl se le hizo muy palpable el hecho de que para vencer las dificultades, el ser humano necesita motivación y un sentido de la existencia. Y a ello dedicó sus esfuerzos.

El libro cuenta sus experiencias como prisionero y la degradación y superación del ser humano. Además ofrece algunos apuntes muy breves sobre su sistema.


Lo que más me impresionó fue algo que plantea de forma muy aguda. Él dice que siempre le pedimos algo a la vida, pero que nunca nos detenemos a preguntarle a la vida qué nos pide ella a nosotros. Y es así; queremos esto y lo otro, pero ¿qué desea ella para nosotros?; en realidad ¿puede desearnos algo para lo que no estemos preparados o no sepamos disfrutarlo? No lo creo.

Viktor Frankl enfrenta a sus pacientes con su propia resposabilidad. Porque Frankl no parece haber caído en el victimismo sino en la superación. No es él quien decide por el paciente o cliente, sino que le confronta con el propio sentido de su vida; algo que nadie debe darle sino que él debe encontrar. Según sus propias palabras:


"La logoterapia intenta que el paciente cobre conciencia plena de sus responsabilidades personales; en consecuencia, le fuerza a elegir por qué, de qué o ante quién se siente responsable. Por eso el logoterapeuta, entre los distintos psicoterapeutas, es el menos inclinado a imponer a sus pacientes algún juicio de valor, porque jamás permitirá que una persona transfiera al médico la responsabilidad de juzgar su propia existencia".

Por lo que da a entender se trata de una terapia que exige una gran actividad del paciente y no un mero escuchar y obedecer. Se trata de enfrentarlo a una ética y no a un molde ya estructurado. Una terapia que parece muy adulta.

Hace mucho hincapié en el sentido de la responsabilidad, no sólo hacia uno mismo y sus valores, sino hacia los demás, como puede verse en este párrafo:


"Al declarar al hombre un ser responsable y capaz de descubrir el sentido concreto de su existencia, quiero acentuar que el sentido de la vida ha de buscarse en el mundo y no dentro del ser humano o de su propia psique, como si se tratara de un sistema cerrado. La misma argumentación permite afirmar que la auténtica meta de la existencia humana no se cifra en la denominada autorrealización".

Sí, porque para Frankl existe un abuso del término AUTORREALIZACIÓN; una palaba que se usa en demasía con cierto sentido hedonista, olvidando la responsabilidad del ser humano para quienes le rodean. Frankl parte de un sentido de superación personal pero con una base muy profunda de responsabilidad por los demás. Así lo explica él:

"La autorrealización por sí misma no puede situarse como meta. No debe considerarse el mundo como simple expresión de uno mismo, ni tampoco como mero instrumento, o como un medio para con­seguir la ansiada autorrealización . En ambos casos la visión del mundo se convierte en menosprecio del mundo."

Para Frankl, que lo vivió muy de cerca (en aquellos campos perdió a sus padres, a su esposa y al hijo que no pudo nacer), el sufrimiento tiene un lugar importante sobre el que es preciso reflexionar. Incluso entiende que el sufrimiento puede utilizarse en beneficio propio y de la colectividad. Dice Frankl:


"El sufrimiento evitable debe combatirse con los remedios oportunos; el no hacerlo así seria síntoma de masoquismo, no de heroísmo. La psicoterapia tradicional tiende a restaurar en la persona la capacidad para el trabajo y para disfrutar de la vida. Esos objetivos son compartidos tambien por la logoterapia, aunque avanza un paso más al pretender que el paciente recupere su capacidad de sufrir, si fuera necesario, y por ello encontrarle un sentido al sufrimiento".

Por último me gustaría detenerme en algo que me parece extraer de las ideas de Viktor Frankl. Creo que para él era importante destacar que el sentido de la vida no debía ceñirse única y exclusivamente a la búsqueda y disfrute de aquello que da placer, sino, sobre todo, al cumplimiento del deber:


"Cuanto más se afana el hombre por conseguir la autorrealización más se le escapa de las manos, pues la verdadera autorrealización solo es el efecto profundo del cumplimiento acabado del sentido de la vida. En otras palabras, la autorrealizacion no se logra a la manera de un fin, mas bien como el fruto legítimo de la propia trascendencia".

A veces pienso si no nos habremos olvidado demasiado de que nuestra vida no nos pertenece únicamente a nosotros mismos. ¿Dónde quedó el sentido de ser miembros de una colectividad adulta y mejorable gracias al esfuerzo de cada uno?

sábado, 25 de octubre de 2008

La Culpa... a raíz de vuestros comentarios

Vuestros comentarios sobre la culpa me han hecho reflexionar mucho sobre este tema que, nos guste o nos disguste, parece perseguirnos.

Como ya dije, en muchas ocasiones somos culpables; por lo menos en alguna ocasión. No siempre actuamos con buena voluntad, y ya sea con plena consciencia, con media consciencia o inconscientemente, lo cierto es que no siempre podemos estar muy orgullosos de nuestras actuaciones.

Pero una cosa es que nos sepamos culpables y reaccionemos de manera constructiva ante este reconocimiento; y otra muy distinta es que, o bien nos estanquemos en el dolor y, siguiendo un dicho expresado en
castellano antiguo decidamos "mantenella y no enmendalla", o bien que esa culpa consiga destrozarnos por el dolor que nos causa.

Yo creo que la culpa debe verse como una clarificación sobre lo obrado y como la posibilidad de corrección. Si no acabamos de estar a gusto con nuestra conciencia; lo lógico es que más que martirizarnos busquemos la causa y la reconozcamos. A partir de ahí podemos emprender el camino de corregir el mal cuando es posible (no siempre lo es); o bien realizar el bien en otros campos. De nada sirve llorar por las esquinas si volvemos a obrar mal, en vez de que nos sirva de aprendizaje de nuevas y buenas acciones.

Yo creo que existen culpas propias y culpas a las que nos adherimos por múltiples razones. La base suele estar en el amor, pero en un amor mal enfocado. Por ejemplo, y este tipo de situaciones se ven mucho en las Constelaciones Familiares, imaginemos que un familiar comete
una determinada maldad con plena conciencia (bueno, lo de plena conciencia siempre es relativo; con ello quiero decir que no lo hace de manera totalmente inocente). Sus familiares pueden actuar con cierto odio hacia ella (lo cual engendra una nueva culpa) o asumir el pecado de la misma por la pena y la vergüenza que les supone. ¿Con eso que se genera? Ampliar el daño.

En los casos en que el mal se ha obrado de manera totalmente inconsciente, sucede lo mismo; la persona que lo ha realizado y la allegada viven con tal pena la situación que se traspasan la carga y se "ayudan" mutuamente asumiendo la culpabilidad. ¿Con eso qué se logra? Demostrar que nos importa el otro, pero ampliar el daño sin curarlo.

Algo que deberíamos aprender a ver es a diferenciar el
pecado del pecador. Pensar que quien ha cometido una mala acción, con el desarrollo adecuado podría realizar varias buenas. Siempre me he preguntado, por ejemplo, cómo lograron convivir víctimas y verdugos tras las guerras (sin ir más lejos, los terribles problemas que tuvieron que provocar los extremismos nazis). ¿Puede un hijo de un fanático nazi amar a su padre? Creo que sí, y eso le puede llevar a dos posturas: o a hacerse él mismo como su padre por compañerismo, o a asumir con dolor y vergüenza la culpa cometida por su progenitor, lo que le creará un conflicto muy difícil de soportar. Mejor que cualquiera de estas dos posturas, ¿no sería mejor reconocer que uno quiere a su padre aunque no esté de acuerdo con él, y volcarse en acciones en beneficio de los derechos humanos como una contribución constructiva que lave el mal y desarrolle un mundo mejor?

Si algo tiene de bueno la culpa es que nos confronta con nuestra propia conciencia y nuestra ética; y, además, nos pone en el camino de las buenas acciones. Dolor, sí; pero el justo, el momentáneo... luego... ¡a seguir caminando irradiando esa mayor luz que aporta el reconocimiento!


jueves, 9 de octubre de 2008

¿Qué buscamos a través de la Regresión?


Antes de empezar, me gustaría explicar un poquito lo que es una REGRESIÓN. Se trata de una forma de recordar acontecimientos pasados que pueden ir en una doble direccion.

Por una parte está la Regresión que va haciendo que la persona recuerde acontecimientos pasados de su vida que, probablemente, están en su inconsciente para hacerlos conscientes. Se ayuda a la persona a que pueda concentrarse y dirigir su visión hacia situaciones que se desarrollaron bien cuando tenía 15 años, o 4, o incluso en el vientre materno.

Y por otra parte está la Regresión que ayuda a enfocar la visión en posibles vidas pasadas. Es decir, en este caso se habla de la posibilidad de la Reencarnación.

Por supuesto, ambas experiencias pueden estar te
ñidas de un cierto subjetivismo, pero, incluso en ese caso, el hecho de que una persona vea ciertas situaciones y de determinada manera, en vez de ver (o imaginar) otras, psicológicamente significa mucho, y eso me parece que es muy importante tenerlo en cuenta.

Así que considero de suma relevancia el que la persona sea crítica con aquello que ve y le de la importancia necesaria: ni más ni menos. Eso sí, esa crítica no debe hacerla mientras desarrolla la regresión, pues de otra manera podría distorsionar el mensaje que le conviene recibir.

Y esto me conduce a la pregunta que lanzo en el título de esta entrada: ¿Qué buscamos a través de la regresión?

Desafortunadamente, muchas veces lo que uno busca es o bien una justificación para sus actos, o bien una satisfacción para su ego.
Ninguna de estas dos cosas son buenas. Vayamos por partes.

Uno no puede justificar el daño que hace a otros, por ejemplo, amparándose en el hecho de que en su pasado o en otra vida o vidas anteriores se le haya perjudicado a él. Lo que debería hacerle entender la REGRESIÓN, es una razón para esa especie de compulsión que existe, pero una razón no para justificar sus actuales acciones erróneas, sino para comprenderlas y desprenderse de tal hábito.

Tampoco sirve de nada irse dando ínfulas de que uno fue rey, o ilustre pintor o reconocido científico. Nada de eso le serviría en su vida actual ya que en este momento no es ninguna de las tres cosas. Lo que sí le sirve es saber que lo fue y que por tanto no necesita serlo otra vez; y, sobre todo, aprender del resultado de sus acciones y sacar provecho para sí mismo y para el resto de sus congéneres en su vida actual.


Según mi modo de ver la cosas, la REGRESIÓN, cuando es bien enfocada, nos puede alcanzar aspectos de tran importancia y muy beneficiosos, siempre que se descarten los errores anteriormene citados. La REGRESIÓN puede conducirnos a nuestra esencia; a eso que siempre somos con independencia de que hayamos ejercido el papel de príncipe o de mendigo; lo que parece que permanece es una esencia, una actitud en los dos casos.

Intentaré explicarme. Existe un autor muy interesante que suele escribir sobre ciencia ficción, Kim Stanley Robinson, que escribió además una novela en la que aborda la reencarnación de manera muy lúcida según yo lo veo y que se titula "Tiempos de arroz y sal". Allí, entre otras cosas, este excelente autor explica la idea que acabo de apuntar a través de sus personajes. Por ejemplo, explora el caso de un "alma" rebelde, que encarna a veces en un personaje poderoso o en uno sin apenas poder, en alguien lleno de bondad o vacío de ella, pero que siempre mantiene esa esencia que lo define: su rebeldía; otra cosa es cómo va a enfocarla en cada vida.

La REGRESIÓN no debe ser vista como una forma de darnos "autobombo", sino como un maravilloso regalo para aprender y así seguir avanzando de manera plena y consciente. Nunca debe prostituirse una herramienta tan valiosa, exista o no la reencarnación, ya que lo qué sí parece claro es que el inconsciente tiene imágenes precisas para ayudarnos si las buscamos.