
Creo que, en principio, esto no tiene nada de censurable; sería como poner en tela de juicio que alguien esté enamorado de su pareja sencillamente porque lo que le movió al principio fue su caída de ojos, o cualquier otro atributo que funcionó a modo de señal divina para ir al encuentro del verdadero amor. Lo censurable sería, en todo caso, quedarse ahí y no profundizar.
Antes de continuar, me gustaría tan solo hacer una puntualización sobre el término "esotérico" en contraposición con el "exotérico". Lo esotérico no tiene por qué hacer alusión a nada paranormal en el sentido que suele dársele, sino que se relaciona directamente con el mundo de lo interior; es decir, aquello no visible pero que está; mientras que lo exotérico nos remite al exterior, a eso más fácil de ver. Siguiendo con el ejemplo romántico del inicio, podríamos considerar al "amor" como el elemento esotérico; mientras que, pongamos por caso, "el anillo de matrimonio o alianza" podría muy bien servirnos de ejemplo de algo exotérico.
Bien, pues suele suceder que cuando uno se introduce por estos caminos internos, espirituales y profundos, se encuentra con "hechos milagrosos" que no puede negar. Así empiezan a aparecer "casualidades" de difícil explicación; por ejemplo, uno necesita desesperadamente una casita en la playa, y justo escucha la conversación de alguien a su lado que desea alquilar su casa pero no encuentra inquilino (no te sonrías; estas cosas pasan); uno está harto de pasearse con el coche sin lograr encontrar ni un huequito para aparcar, pero justo en ese momento, ante la desesperación pide una "ayudita" al cielo, y ¡zas! ahí está el sitio libre.
Incluso cosas más raras se han visto. Alguien necesita hablar con


Ante tal profusión de acontecimientos suele acontecer que, de repente, transcurrido un tiempo, llega otro en el que dejan de escucharse esas "voces" o "pensamientos" y uno empieza a preguntarse si todo fue un sueño, o si ha hecho algo malo y está recibiendo el justo castigo, o.... mil y una preguntas. De esto los místicos sabían mucho, e incluso alguno supo darle un nombre muy apropiado "La Noche Oscura del Alma". ¿Por qué sucede esto? A mí se me ocurren varias respuestas.
Hay una que sí pudiera tener que ver con nuestra "culpa"; al menos, con nuestra falta de disciplina y voluntad. Como las cosas parecen tan fáciles... sencillamente se dejan de hacer. Y, claro, no es de extrañar que si uno no pone de su parte, lo lógico es que no obtenga resultados. Por ejemplo, de nada nos sirve tener todo el salón excelentemente decorado, con multitud de adornos de diferentes colores, si dejamos la luz y las ventanas apagadas, ¿o no?
A veces también sucede otra cosa y es que las personas tan bendecidas por múltiples dones, empiezan a considerarse la fuente de tales efectos, en vez de meros receptores. Como si el micrófono decidiera ponerse a cantar él, en vez de dejar que sea el solista quien lo haga y él poder disfrutar de la gran aventura de permitir el paso de esa hermosa voz.

Hace mucho tiempo leí la novela "La Ciudad de la Alegría" de Dominique Lapierre; una novela que, por muchos motivos, me impactó fuertemente. Pero ahora voy a destacar un dato que se relaciona con lo que intento expresar en este artículo. Entre muchas otras cosas se cuenta cómo

¿Qué me sugiere a mí esta historia? Que muchas veces nos permitimos el lujo de "jugar a ser pobres" porque sabemos que tenemos un talonario de cheques esperando a que lo usemos; sabemos que contamos con unos padres adinerados que, en caso de pedírselo, nos van a ayudar y sacar de la apurada situación. Y entonces, la pregunta que yo me hago es: ¿con esto qué hemos logrado demostrar?, ¿nuestra generosidad, nuestra compasión...? ¿No será más bien que lo que hemos probado es la existencia de nuestros padres, así como su generosidad y su poder?

Creo que con el Gran Silencio se nos está permitiendo algo muy grande y generoso:
¡PROBARNOS A NOSOTROS MISMOS!