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lunes, 29 de septiembre de 2014

Múltiples caminos igualmente válidos

Obra de Jacek Yerka


"En realidad, venimos todos a lo mismo: 
desarrollarnos en plenitud y,
a partir de ese desarrollo,
alcanzar nuestra máxima esencia.

Y eso se consigue de múltiples maneras: 
unos, ayudando a los otros; 
otros, cuidando de sí mismos. 
Por eso no es mejor un camino que el otro; 
se puede escoger la ayuda social o la soledad del eremita; 
lo importante es alcanzar la plenitud para ser todos uno en Dios.

Hay tantos caminos que recorrer 
que en cada vida puede seguirse uno u otro.

Incluso más. 
Aunque siempre se nos da enseñanza, 
no siempre se está dispuesto a recibirla. 
No te angusties, no importa. Cada paso es necesario. 
La meta es ineludible: la plenitud.

No lo olvides nunca; 
aunque sea difícil de asimilar, 
ésta es la VERDAD. 
Todos estáis llamados a lo mismo
y, más pronto o más tarde,
todos lo alcanzaréis: 
LA VERDAD PLENA".



lunes, 30 de junio de 2014

El Amor de Dios por su creación



"No pienses que Dios Padre ama más a unos que a otros.
 Os ama a todos por igual. 

Por supuesto, desea vuestra mejora espiritual, 
pero tal como sois os ama a todos por igual:
al malvado y al virtuoso. 
Él los ha creado a todos y ve su esencia 
y la bondad a la que están destinados.

Este pensamiento te hará más fácil amar 
y comprender a quien consideras menos digno".

lunes, 16 de junio de 2014

El ÚNICO PRINCIPIO



"El problema surge de que creéis que existe el BIEN y el MAL.
Pero lo cierto es que sólo existe el BIEN.

Lo que llamáis MAL, no es más que BIEN en evolución. 
Una vez transformado por la vía de la evolución y el aprendizaje, 
se convertirá en sumo BIEN.

Te lo dije ya una vez, y lo has olvidado.

No dudes, y confía en el SUPREMO BIEN, 
en el SUPREMO HACEDOR que os quiere tanto porque os ha creado.

No hay dos principios. No existe dualidad. 
Hay un ÚNICO PRINCIPIO en desarrollo y transformación".


lunes, 3 de febrero de 2014

Lanza bolas de nieve en lugar de pelotas

Cuando entramos en estado meditativo es algo muy usual recibir imágenes simbólicas que nos sirven para entender mensajes importantes. Esos símbolos para mí son como si me hablaran en parábolas que debo desentrañar y aplicar. En la meditación a veces lanzo preguntas, y espero la respuesta y entonces es cuando se presenta de esta manera simbólica. 

Uno de los temas que me preocupa son los conflictos que surgen en las relaciones con el resto de los seres humanos; y es que muchas veces intentamos ayudar o simplemente comunicar, pero el hecho es que esa comunicación no siempre es bien recibida. ¿Por qué? ¿Qué hacer? Y entonces surge la respuesta.

Me muestran a mí lanzando una pelota a otra persona. Y me dicen que ésa no es la forma, que mejor que balones grandes y duros, lance bolas de nieve. Y entonces, poco a poco, voy entendiendo el mensaje.

Es cierto, si uno desea lanzar una pelota a un compañero, éste debe de estar prevenido y haber accedido a utilizar este juego. Es decir, tiene que existir una colaboración del otro y un previo acuerdo. De otro modo, la pelota pudiera ser rechazada, y lo que es peor, su dureza podría hacer mucho daño a quien no está preparado para recibirla.

Sin embargo, una bola de nieve ligera, no de esas bien compactas y duras, sino ligera, suave y blandita, llegará al otro y se deshará en él mojando suavemente su ropa de abrigo. La nieve es agua y por tanto llena de emociones, pues ya sabemos que en el lenguaje simbólico el agua representa las emociones. Aquí, más que la dureza de la materia, o el obligar al otro a que nos devuelva la pelota, lo que tenemos es una entrega llena de emoción que de alguna manera va a alcanzar a nuestro compañero y amigo, pero no le obligará a nada ni le aturdirá.

La bola de nieve, la ternura, la entrega, la libertad de reacción en el otro, no hay obligaciones, no hay fuerza, sólo entrega.


miércoles, 8 de enero de 2014

La Luz




"El sol irradia a todos por igual. A unos les llega la luz antes que a otros, pero la esperanza y certidumbre que te mantiene es saber que el sol terminará alcanzando a todos y cada uno con su luz.

No lo dudes ni un momento: nadie quedará en la penumbra. 

Que no se hunda tu esperanza. 

El sol iluminará a todos por igual: ésa debe ser tu Fe y tu Esperanza".

miércoles, 30 de octubre de 2013

Como olas en el mar...

No niego que muchas veces me invade la tristeza cuando observo cómo determinadas personas parecen no aprender nada y se muestran incluso agresivas con el entorno en el que viven. Y entonces, ante mi perplejidad por tantos caracteres aparentemente negativos, me pregunto ¿por qué? ¿Es que las personas no tenemos remedio? ¿Es que quien es de una determinada manera será siempre así sin remisión? Y entonces entro en meditación y lanzo este asunto que tanto me preocupa esperando obtener respuesta. Y ésta es la respuesta que creí entender:



Tendemos a pensar que cada persona es de una u otra manera, es decir, con unas características inamovibles; cuando, en realidad somos como olas en el mar que a veces se muestran más agresivas o más relajantes y pacíficas. 

El recorrido del mar está formado por múltiples olas, cada ola podría asemejar a uno de nuestros caracteres en una vida. Igual que no se da una única ola sino una gran cantidad de las mismas que van modificando su estructura; así existen múltiples rasgos que se van mostrando en determinados espacios y tiempos para modificarse en otros.

El mar es eterno; las olas, sin embargo, son temporales. 
No olvides que la esencia es el mar y no las olas puntuales. 
Cada vida permite desarrollar más y más hermosas olas, 
corrigiendo y embelleciendo su forma.



martes, 3 de septiembre de 2013

El cristal dañado

Ha llegado nuevamente el momento de meditar. Es bueno hacerlo diáriamente; sólo diez minutos son suficientes para hallar la respuesta. A veces no hay pregunta, pero aún así habrá respuesta: la necesaria.

Y en la meditación surge la Voz que dice:


Imagina un cristal sucio. A veces es tan difícil limpiarlo que, por más esfuerzos que se hagan, sólo se consigue emborronarlo más y más. Por eso, la solución puede estar en romper el cristal, para que el alma que ve a traves de él pueda contemplar la realidad en vez de su propia ofuscación. A eso lo llamáis desastres, pero no lo son, sino medios de lliberación y conocimiento.
El cristal es la mente embotada del cuerpo. Y quien mira a través del cristal es el alma.


lunes, 31 de diciembre de 2012

Las dos escaleras


Imagina una gran escalinata que asciende muy pero que muy hacia lo alto. Ante ella, lo primero que hay que hacer es alcanzar el primer peldaño, y luego otro, y otro, y otro, hasta llegar a lo más alto. Cada peldaño es diferente; unos son más altos y otros más bajos; unos parecen más lisos y otros están llenos de rebordes peligrosos; pero todos los que se encuentran ante la gran escalinata siguen subiendo con la esperanza y el deseo de llegar a la cima.

¿Y qué sucede una vez arriba? Allí, uno se da cuenta de que ya no puede seguir avanzando pues parece haber llegado al límite de esa escalinata. Sin embargo, algo en el interior de cada uno le hace saber que aún no ha alcanzado la meta, que aún queda mucho camino por recorrer. ¿Qué hacer entonces? Se mire para donde se mire, no parece encontrarse nada más... ¡pero tiene que haberlo! Es imposible que no sea así. Y entonces es cuando se da la gran convulsión que nos hace seguir avanzando incluso cuando parece que no hay nada más... ¡porque lo hay! Y sólo queda una salida: dar el gran salto cuántico que nos conduzca a una nueva escalera. Y allí comenzaremos por el primer peldaño, pero un peldaño situado mucho más arriba de la cima de la anterior escalera.


viernes, 22 de junio de 2012

Fricciones y uniones a la luz de la Meditación

Sentada, busco la tranquilidad de la meditación para obtener alguna respuesta. ¿Cuál es el problema hoy? ¿Qué deseo plantear en mi meditación? Porque sí, hoy deseo una respuesta concreta que me ayude a entender el porqué de las desuniones, de los desencuentros, de los conflictos. Necesito encontrar el para qué de los mismos. Y busco la respuesta a través de la meditación.

Para ello, primero me siento con calma, planteo la pregunta y espero que venga una respuesta. Hoy ésta llega en forma de imágenes.

Veo como cae la lluvia sobre la tierra. A causa de ella, la tierra se transforma en lodo. No entiendo el significado de lo que veo pero no me impaciento, y sigo esperando a ver qué sucede.

Al observar la escena con más detenimiento, me doy cuenta de que más que simple lodo, lo que se ve es la unión de la hierba con la tierra. Por efecto de la lluvia, desaparecen los límites de lo que era por un lado simple tierra y por el otro briznas de hierba, para mostrarse unidos los dos elementos; deja de haber fronteras.

Y es entonces cuando empiezo a entender.

Las emociones, las aparentes tristezas logran despertar el nexo de unión que se nos ocultaba. Las emociones permiten que surja una mezcla nueva que hay que saber ver y valorar, en vez de despreciar.

En la meditación parecen decirme cómo a veces las lágrimas pudieran servir para provocar la unión y despertar el amor adormecido. También me aclaran que sería preferible llegar a ese estado sin necesidad de esta profunda crisis interna, y a menudo externa al estar implicados más individuos; pero la condición humana parece exigir algunos de estos momentos por nuestra propia obcecación.

Si valoráramos la unión de forma constante, no habría necesidad de que las dificultades se presentaran  para recordarnos su existencia y belleza.


miércoles, 23 de mayo de 2012

Siembra

Estudio de Jean-François Millet
Muchas veces hablo de la importancia de meditar. Y no quiero decir que haya de seguirse una práctica en particular o una disciplina demasiado complicada; nada de eso, de lo que hablo es de sentarse y dejar que la mente nos lleve a donde haya de llevarnos.

Y en una de esas ocasiones, vino la siguiente imagen con un mensaje muy claro.

Ante mí surgía una mujer que estaba sembrando un campo. Diligentemente esparcía las semillas en los surcos previamente trabajados. Para esparcirlas tenía que ir extrayéndolas de su cestillo y agachándose para permitir que las semillas cayeran donde pudieran germinar. 

La mujer, por tanto, trabajaba agachándose y muy concentrada. Tanto, que lo único que podía ver cuando levantaba la vista era el camino que aún le quedaba por hacer. Porque, curiosamente, casi nunca volvía la cabeza hacia atrás ya que confiaba en que el trabajo ya estaba hecho y que a su tiempo surgirían los frutos. Sólo muy de vez en vez, cuando se encontraba demasiado cansada, entonces sí se permitía girar la vista y ver el trabajo ya hecho; y así, de alguna manera, conseguía animarse y seguir avanzando para continuar la labor que aún quedaba por hacer. Sabía muy bien que si mirara atrás con demasiada frecuencia, en vez de hacerlo muy de vez en cuando, su trabajo se resentiría y no conseguiría avanzar bastante. 

Detrás de ella, lo supiera o no, lo sembrado iba creciendo de manera espectacular.

Dime, ¿todavía no te das cuenta de que todos somos esa mujer?

viernes, 16 de marzo de 2012

Los árboles que no nos dejan ver el bosque

Problemas,  problemas y más problemas. Situaciones que nos llenan de ofuscación porque nos falta perspectiva para comprenderlas y dilucidar posibles soluciones. Es verdad aquello de que los árboles no nos dejan ver el bosque, algo que refleja muy bien la carta Diez de Bastos del Tarot Rider Waite.

A la hora de la meditación, me sereno y espero. En mi mente aparecen los problemas, pero, ¿por qué?, ¿por qué tanto revoltijo? Quiero respuestas y no sé obtenerlas por mí misma. Pero entonces, nuevamente me sereno y poco a poco la respuesta llega en forma de imágenes llenas de significado.


Veo las copas de los árboles de un frondoso bosque. Es curioso; veo las copas de esos árboles pero no consigo ver más que las copas a pesar de estar sobre ellos. Es absurdo; si estoy sobre los árboles, con sólo cambiar la perspectiva, podría obtener otra visión más amplia que abarcara un espacio mayor.

Entonces, alzo la mirada por fin y miro al cielo. Justo en ese momento un hermosísimo pájaro con sus alas extendidas me confirma que puedo ampliar mi horizonte.


Y así lo hago, como si fuera montada sobre este pájaro, o como si fuera otro pájaro igual a él,  observo cómo la imagen va alejándose y puedo ya contemplar, no sólo las copas de los árboles, sino mucho más allá: el paisaje en perspectiva.

Y es entonces cuando entiendo la lección:



Las preocupaciones, los problemas desaparecen 
cuando se enfocan con otra perspectiva.



martes, 31 de enero de 2012

Ante las dificultades de la vida y de las relaciones

Ante las contrariedades uno no sabe realmente como reaccionar para conseguir algún beneficio, no sólo propio, sino algún beneficio para el mundo.

Soy particularmente sensible a las desavenencias humanas; nos enfadamos, nos ofuscamos, sufrimos por la insensibilidad del otro... ¿Por qué actúa así? ¿Es que no se da cuenta de que...? Pues ahí está el quid de la cuestión: no se da cuenta de... Entonces, ¿cómo hacer para que se dé cuenta? Perder la calma no parece una buena opción por varios motivos:

  • La violencia engendra violencia
  • Nos pierden el respeto
  • Nos perdemos nosotros mismos el respeto

Entonces, ¿qué hacer?

Tumbada en el sofá, durante el tiempo que dedico al encuentro consciente con mi espíritu, con el espíritu de mi Maestro, de mis protectores, con el espíritu de todos, busco y espero la respuesta.

Y entonces aparece una imagen. Aparece mi Maestro. Está sentado a la orilla de un sereno riachuelo. Observo que lanza una sonrisa mientras me mira y mira al río, y entonces dirige mi mirada hacia las piedras que surcan el río. Son unas piedras bien contorneadas y pulidas; unas están en el fondo, otras se elevan por encima del agua, mientras ésta fluye pausadamente. Y me dice que observe con atención. El agua es capaz de introducirse en las piedras; puede que no lo vea pero así es; lo que ocurre es que lo hace de forma tan sutil, que apenas se percibe. Las piedras que ahora vemos tan bien formadas, sin aristas, sin surcos, sin oquedades, fueron en su tiempo pedruscos con puntas dañinas. Pero la suavidad del agua (de las emociones suaves; el agua representa el elemento afectivo, los sentimientos amorosos) incide sin dañar en aquello que a él se acerca, y con el tiempo va remodelando lo que parecía un peligro.

Luego me doy cuenta de que así es. Cuando nos enfrentamos apasionadamente contra alguna actitud que consideramos poco adecuada, normalmente recibimos astillas. No así, cuando se hace con suavidad.

Pero siguen acudiendo imágenes con un significado. Veo un jardín, lleno de verde, y en el centro un pozo. Junto a él estamos mi Maestro y yo. Él me dice que observe. Me da miedo mirar al pozo, su profundidad, su oscuridad, me aterran, me producen vértigo, claustrofobia, angustia. Pero Él me pide que observe, y entonces me doy cuenta. Allá abajo está el agua, y mucho más abajo la tierra mojada. El agua va penetrando suavemente la tierra, y, si seguimos su camino, vemos como poco a poco sube con un nuevo fruto. El verde ha surgido de las profundidades del fango, entre otras cosas, por esa dulce y suave penetración del agua.

Agradezco la enseñanza y trato de recordarla y vivirla en la práctica.


domingo, 3 de abril de 2011

Semillas de amor

Sobre la tierra veo una inundación, un temporal. Me alejo de esta visión y contemplo el planeta Tierra cada vez desde más lejos hasta casi sentir vértigo.

Así, desde lejos, el planeta Tierra se ve sereno; no se advierten los efectos del temporal. Permance quieto.

Yo me alejo y llego a otro planeta. Y allí me encuentro con Jesús que me dice que las cosas hay que observarlas así, con perspectiva. Junta sus dedos, y como si lanzara sal o azúcar, lanza semillas de amor que vuelan hasta la Tierra. Semillas de amor y bondad que irán fructificando con el tiempo e irán creando otras semillas más.

¿Cómo podría haber fiesta en el Cielo si creyéramos que alguna criatura puede perderse?

La fiesta de todos los santos consiste en la salvación de todos y cada uno de los seres creados.

Fe, desapego, perspectiva.


lunes, 14 de marzo de 2011

Por qué negarse a la consciencia


El hombre niega la consciencia porque le cuesta asumir el dolor.
Prefiere, por tanto, ser inconsciente para no tener que asimilar 
el dolor real causado por sí mismo.


sábado, 30 de octubre de 2010

Crecimiento y Evolución

Desde que conocí la idea de los bodishattvas, me fascinó la filosofía que transmiten. Se nos dice que los bodhisattvas son aquellos que una vez alcanzan la iluminación, en vez de permanecer en el nirvana, vuelven a la Tierra para ayudar a los demás por compasión (una palabra verdaderamente hermosa y que por desgracia ha sido denostada por no comprenderla en su totalidad: amor compartido, no cedido como unas migajas).

Quiero creer que todos crecemos y evolucionamos, y que volvemos una y otra vez; en ocasiones aparentemente más sabios y en otras quizá más torpes, pero es más que probable que eso sea sólo una apariencia y que en realidad todos, absolutamente todos, contribuimos aún sin saberlo al proceso evolutivo de la creación.

Así lo vi en mi meditación:

Por una torre circular unos suben y otros bajan. Todos, tanto los que suben como los que bajan, portan lámparas encendidas; unas brillan con más fuerza y otras con menos, pero todas están encendidas.

Al llegar a lo alto de la torre, todas las lámparas son recargadas; cada una un poquito más de como había llegado.

Desde arriba, los portadores de sus lámparas vuelven a bajar con más luz; de esta manera la zona baja de la torre, que aún está en penumbra, cada vez se ilumina más y más. Para eso hace falta que quieran bajar personas con lámparas encendidas. Y cada vez son más los que bajan con sus lámparas bien recargadas.

 * La pintura mostrada en este artículo es de Edward Burne-Jones.