
Quiero creer que todos crecemos y evolucionamos, y que volvemos una y otra vez; en ocasiones aparentemente más sabios y en otras quizá más torpes, pero es más que probable que eso sea sólo una apariencia y que en realidad todos, absolutamente todos, contribuimos aún sin saberlo al proceso evolutivo de la creación.
Así lo vi en mi meditación:
Por una torre circular unos suben y otros bajan. Todos, tanto los que suben como los que bajan, portan lámparas encendidas; unas brillan con más fuerza y otras con menos, pero todas están encendidas.
Al llegar a lo alto de la torre, todas las lámparas son recargadas; cada una un poquito más de como había llegado.
Desde arriba, los portadores de sus lámparas vuelven a bajar con más luz; de esta manera la zona baja de la torre, que aún está en penumbra, cada vez se ilumina más y más. Para eso hace falta que quieran bajar personas con lámparas encendidas. Y cada vez son más los que bajan con sus lámparas bien recargadas.
* La pintura mostrada en este artículo es de Edward Burne-Jones.