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sábado, 9 de junio de 2012

Abrahán: la fe y el amor

Supongo que es de todos conocida la historia de Abrahán y el desenlace sobre el sacrificio de su hijo Isaac. Mucho me ha dado que pensar esta historia y desde hace tiempo me pregunto qué habría sucedido si Abrahán no hubiera mostrado esa disposición a ejecutar el aparente mandato del Señor. Vamos a ver por partes tal y como yo entiendo esto. Por supuesto, no digo que no pueda estar equivocada, pero en la senda espiritual de cada uno, me parece bueno cuestionarse y valorar lo que para nosotros pueda o no tener relevancia y hacernos mejores personas y mejores seres espirituales.

Normalmente se considera que Abrahán superó con éxito una fuerte prueba de fe. Sí, Dios le había concedido aquel hijo que tanto deseaba y le había prometido que, a través de él, su descendencia sería tan numerosa como las estrellas del cielo y las arenas del mar. Y, de repente, el Señor le pide que sacrifique a aquél hijo. ¿Qué pensaría Abrahán de esta petición? No es mi labor explicar su pensamiento porque, entre otras cosas, pertenecía a una cultura de la antigüedad con otros puntos de vista diferentes a los nuestros; y, además, no puedo saberlo con seguridad. Pero sí puedo exponer mi propio pensamiento. En primer lugar, creo que me parecería terrible que el Dios en el que creo me pidiera algo que desde mi punto de vista actual es abominable; y eso me llevaría a dudar de que procediera de Dios esa petición, pues, gracias a la venida de Jesucristo, pudimos descubrir a un Dios Padre atento y compasivo, por tanto esta petición me resultaría muy difícil de aceptar porque iría en contra de la bondad de Dios.

Entiendo que Abrahán viera las cosas de otra manera y se sometiera ante su Creador pues su forma de verlo implicaba acatarlo; y además sabía que Dios tiene pleno poder y sabe por qué hace las cosas, así que no iba a ser él quien le contradijera aunque aquello le supusiera un gran dolor. Por otra parte, en su época se sacrificaban animales a la divinidad; y en otras culturas, me temo que había incluso sacrificios humanos, así que este mandato no sería tan abominable para él como para nosotros aunque le doliera profundamente.


Sobre las dudas con respecto a la herencia que tras la muerte de Isaac se veía bastante difícil, la fe de Abrahán le decía que Dios todo lo podía, así que probablemente ese fuera el menor de los problemas, aunque casi todos los estudios posteriores basen la prueba de su fe en esto más que en el sacrificio de su hijo como tal, sin tener en cuenta las consecuencias de tal final. ¡Qué pena que valoremos más las consecuencias dinásticas que el dolor por un ser único para un padre (y por tanto, único para Dios también)!


En la Biblia se nos dice cómo Dios envió un ángel para detener la mano de Abrahán cuando éste se disponía a ejecutar el sacrificio. Su fe había sido más que probada y había superado con creces el desafío. Pero yo sigo preguntándome, ¿qué hubiera pasado si Abrahán decidiera no obedecer? ¿Habría sido rechazado por su Creador? Estoy segura de que no. Creo que Dios habría visto la bondad en el corazón de Abrahán más que su desconfianza hacia su Creador. Habría comprendido que como ser humano que era no podía terminar con la vida de otro ser igual a él, otro ser procedente de la Divinidad. Habría visto ese amor hacia una criatura desvalida y, creo yo, que hubiera valorado muy ampliamente la decisión de Abrahán de no sacrificar a ese niño inocente y ponerse en peligro de ser desterrado de su Dios si lo hacía por amor; por supuesto, sólo si lo hacía por amor y no por la desconfianza sobre el cumplimiento o no de las promesas de un vasto linaje. 

El amor, no el egoísmo, creo yo que es lo que realmente conmueve el corazón de Dios. Y esto me lleva a pensar que, si Abrahán hubiera rechazado el mandato de Dios, Él no se lo habría tenido en cuento sino que incluso estimaría en alto grado el gran peligro al que se enfrentaba sólo por amor: la separación de su Creador antes que el sacrificio de una de sus criaturas. Al fin y al cabo, ¡quien ama a la criatura no puede más que amar profundamente a su Creador!

lunes, 17 de octubre de 2011

¿Medidas ilícitas contra el mal?

Hace días vi la película Valkiria, una nueva versión que cuenta uno de los atentados más famosos cometidos contra Hitler. El caso es que, independientemente de los valores cinematográficos de la cinta, me impresionó un dato que mencionaban en ella; se decía que Hitler había sufrido 15 atentados infructuosos. Aquello me dejó perpleja puesto que no sabía que habían sido tantos. Buscando en Google (herramienta muy rica y poderosa) averigué que algunos opinan que oficialmente probados hubo 9 atentados, pero otros incluso aseguran que se especula con la posibilidad de que se hubieran producido 42 a lo largo de su vida.

Pero bueno, vamos a lo que vamos. Independientemente de la exactitud del número, lo que parece claro es que hubo un número alto de atentados contra él, lo que prueba que además de sus seguidores también había muchos que no estaban conformes con el daño que estaba haciendo al resto de la humanidad y buscaban formas de detenerlo.

El caso es que, como yo tiendo a valorar todo buscando una respuesta religiosa, metafísica o como quiera llamársele, me cuestioné algo que me dejó muy preocupada. Me pregunté por qué Dios había permitido tantos fracasos a la hora de intentar matar a alguien que estaba provocando tanto mal. Y entonces me vino una respuesta a la mente que me ha dado mucho que pensar:


"Nunca consentiré medidas ilícitas contra el mal"


Me quedé perpleja, pero bien mirado es algo muy lógico, y eso me ha hecho pensar mucho más. Es verdad que no podemos utilizar aquellos mismos medios con los que no estamos de acuerdo. Por ejemplo, en mi opinión, no podemos usar la pena de muerte amparándonos en su supuesta legalidad para castigar un crimen.

El caso es que a los pocos días vi otra película que trataba también de este mismo problema: de cómo combatir el mal con medidas éticas en vez de con medidas reprobables. La película en este caso se titulaba Reglas de Compromiso y contaba el juicio a un militar al que se acusaba de haber disparado contra una multitud pacífica. Lo curioso del caso es que dos altos cargos conocían y tenían pruebas de que aquella multitud estaba armada y disparaba a matar en contra del supuesto pacifismo que se decía mostraban; pero, para no tener problemas políticos y para no quedarse sin su puesto de trabajo, deciden, uno de motu propio y otro bajo coacción, ocultar las pruebas. Entonces, volví a pensar en aquellas palabras: "Nunca consentiré medidas ilícitas contra el mal", y lo vi mucho más claro.

Combatir el mal supone mucho esfuerzo; esfuerzo moral, físico y mental. Aplicar la justicia no es nada fácil en un mundo, que digamos lo que digamos, no la valora, sino que siempre pretende que esté de su parte en lugar de buscar la parte objetiva y la responsabilidad humana.

No hay que confundir la espada que lleva la justicia en su mano con comportamientos agresivos, sino con la que llama a la claridad y a la acción, pero una acción ética, una acción valorada, una acción que parte del conocimiento y de la valentía, no de la copia de aquello que uno pretende combatir, y mucho menos de la cobardía que busca el beneficio propio en vez de la justicia.

Tampoco hay que confundir los ojos vendados de esta figura con la falta de visión, sino con la profunda y penetrante visión interior que no se deja engañar ni engatusar por lo aparente.

Es verdad, ponerse del lado del bien implica muchos riesgos y mucho trabajo, así como mucha sabiduría y buen hacer. No parece resultar nada fácil, pero... ¡quién dijo que lo fuera!



lunes, 30 de mayo de 2011

El poder del amor



"Sólo puedes sentir atención cuando sientes cariño por algo, 
lo que quiere decir que verdaderamente lo amas".

J. Krishnamurti


Esta frase la entresaqué de un libro escrito por Paz Tordesillas, y titulado "Cómo desarrollar la inteligencia emocional". Y la autora, psicóloga por cierto, añade:

"Sólo nos puede porporcionar alegría 
aquello que hacemos con cariño y atención".


Como diría un personaje de un conocido viedojuego:

"¡Da que pensar, eh!"



jueves, 5 de mayo de 2011

Sobre caballeros y damas

Francisco de Goya, La Gallina Ciega
Francamente, no acabo de entender qué es lo que ocurre, pero observo que vivimos en una constante competencia, en una competición desleal y batalladora que no veo que conduzca a ninguna parte buena.

Claro, y así leído este inicio, os preguntaréis a qué hago referencia. En este caso concreto hablo de una batalla que parece no tener fin: la batalla de los sexos; o de los géneros, palabra que parece está más en consonancia con estos tiempos tan particulares que vivimos.

Sí, durante muchísimo tiempo, la mujer ha sido silenciada; y ahora, de repente, parece que se quiere fomentar el efecto contrario. De la opinión negativa sobre la mujer, pasamos a la peyorativa sobre el hombre. Constantemente se nos está bombardeando en este sentido. Por supuesto que me parece muy mal que se maltrate a la mujer, pero es que me parece igualmente deleznable que se haga lo propio con el hombre; es más, me parece aterrador que se minusvalore y dañe al ser humano sea del género que sea. Uno y otro merecen nuestro respeto; el de todos.

Parece que nos gustan los extremos; aunque tengo que admitir que  a mí personalmente no me acaban de convencer. Creo que en el punto medio está el mejor camino.

¿Aprenderemos alguna vez a respetarnos unos a otros? ¿Aprenderemos a defender nuestros derechos sin necesitar agredir al contrario? ¿Llegaremos a valorar nuestras diferencias y disfrutar de nuestras similitudes? ¡Espero que sí! ¡Por el bien de todos!


viernes, 10 de diciembre de 2010

Admiración vs. Envidia

Normalmente, utilizamos nuestro lenguaje de una forma excesivamente pobre, y puede que ésa sea la razón de malinterpretar términos como admiración y envidia. Cuántas veces no habremos dicho para nuestros adentros, o manifestado exteriormente, aquello de: "¡Cómo envidio a fulanito; es tan trabajador; es tan capaz; etc., etc.!" Y luego, una vez dicho, con suerte nos damos cuenta de lo inapropiado del término y, en lugar de buscar una palabra más acorde con nuestro sentir, añadimos: "Entiéndeme; hablo de envidia sana".

No, no hay envidia sana; la envidia es envidia y por tanto no puede ser sana. El envidioso quiere aquello que posee el otro; pero no se conforma con ello, quiere desposeer al otro de aquello que ha despertado su envidia.

Otra cosa muy distinta es la admiración. Al admirar manifestamos varias cosas. En primer lugar, respeto hacia la persona objeto de nuestra admiración. La valoramos y por eso la respetamos y admiramos. 

Pero hay más, la admiración nos llena de alegría por los logros obtenidos por el sujeto admirado. No nos apena, como produce la envidia, sino que nos ayuda en nuestra propia felicidad al poder reconocer en el otro grandes virtudes.

Y por último, considero la admiración como una motivación que nos impulsa a encontrar nuestro propio camino, apoyados en los pasos que ya ha dado quien es objeto de nuestra admiración, a quien consideramos una gran ayuda por mostrarnos el camino.

¡No confundas envidia con admiración! Cambia tu lenguaje y así, poco a poco, podrá cambiar incluso tu subconsciente.


* La imagen me ha parecido muy reveladora y la obtuve de aquí.


lunes, 8 de marzo de 2010

La Fuerza de las Palabras


En ocasiones uno se sorprende ante los juicios que pueden establecerse sobre ciertas personas atendiendo más a la impetuosidad de sus palabras que a las acciones que realizan.


Y es así. Con el calor de ciertas situaciones uno dice cosas que surgen de manera visceral y se transmiten por su boca; cosas que pueden obedecer a multitud de motivos y razones, no digo lo contrario, pero cosas que es necesrio confrontar con la realidad, y la realidad se manifiesta en obras.

Una persona, por ejemplo, siempre ofrece una invitación para sus amigos, pero el hecho es que nunca la ejerce; sin embargo, lo que queda en el recuerdo de muchos es lo bondadosa que es esta persona por sus constantes invitaciones (que la gran mayoría olvida que nunca se efectuaron).

Por el contrario, existen las personas aparentemente malencaradas que dejan claro que no van a realizar ningún favor a nadie, pero que, a la hora de la verdad, son capaces de muy grandes acciones. ¿Y cómo son juzgadas por la mayoría? Como personas sin corazón que nunca hacen nada; confundiendo una vez más lo que se dice con lo que se hace.

Jesús lo explicó a las mil maravillas con esta parábola:

La parábola de los dos hijos
Mt, 21, 28-31
¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: "Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña".

Él respondió: "No quiero". Pero después se arrepintió y fue.

Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y éste le respondió: "Voy, Señor", pero no fue.

¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?


(Evangelio extraído de Catholic.net)

sábado, 5 de diciembre de 2009

La importancia del inconsciente - Carl Gustav Jung

Últimamente, por ya no sé qué vez, he retomado un libro muy interesante, del cual, cada vez que lo releo extraigo nuevas conclusiones y enseñanzas. El libro en cuestión es la autobiografía de Carl Gustav Jung, y su título "Recuerdos, Sueños, Pensamientos" (en España está editado por Seix Barral).

Para quien no lo sepa, Jung es un psiquiatra del siglo XX (nacido al final del XIX) coetáneo del neurólogo Sigmund Freud, aunque más joven que él. Quizá fuera precisamente este hecho de la juventud de Jung con respecto a Freud el culpable de una tendencia bastante generalizada. Se suele considerar a Jung como un discípulo un tanto díscolo de Freud, cuando no parece que fuera discípulo, sino que sencillamente compartían algo en común y divergían en otros muchos aspectos. Ambos se conocieron y tuvieron una fuerte relación que se vio enturbiada, seguramente por más de una cuestión. Los dos compartían un interés muy fuerte en los sueños, pero divergían extraordinariamente en la base. Mientras que Freud se centra casi siempre en un conflicto sexual para explicar cualquier tipo de traumas; Jung indaga en el inconsciente a la búsqueda de un inconsciente más fuerte que el individual y que es el llamado inconsciente colectivo, así como en una experiencia espiritual determinante.

En su autobiografía, escrita -parece ser- a instancias de una colaboradora suya llamada Aniela Jaffé, nos va desentrañando su forma de ir entendiendo el mundo a través de las experiencias que ya tenía de niño. Jung para mí tiene algo a lo que concedo extraordinario valor; y es que no se conformó con estudiar en unos libros una lista de enfermedades y posibles diagnósticos y tratamientos, sino que experimentó él mismo aquello que luego recomendaba.

En el libro nos encontramos con un Jung niño -recordado a partir de sus 81 años, y cuando ya no tiene nada que demostrar a nadie sino tan sólo a sí mismo- que experimenta sueños y situaciones de las que nadie suele hablar, pero que van aportándole una enorme sabiduría poco a poco. Era hijo de un clérigo protestante y de una mujer con una posible visión interna que él detectó. Un matrimonio que no parecía ser muy feliz y con el que tuvo que aprender a convivir y experimentar silencios. Con los años fue dándose cuenta de que su padre estaba imbuido de una fuerte dogmática pero con quien no podía discutir sobre espiritualidad porque aquel dogmatismo parecía haberle conducido a una ausencia de verdadera fe. Además nos relata cómo su madre, una mujer normal, a veces decía alguna frase que no tenía nada que ver con lo que mostraba exteriormente y que venía impregnada de una seriedad que parecía surgir de dentro de ella de una manera inconsciente y sabia.

Jung quiso estudiar y experimentar con el inconsciente. Y llegó a muchas conclusiones. Entre ellas que, además de ese inconsciente que forma parte de cada uno; existe uno -el colectivo- mucho más amplio y que parece impregnado de la sabiduría de todos los tiempos, que se manifiesta en todas las culturas de cualquier época (descubrió, por ejemplo, cómo, de manera inconsciente, de pequeñito practicaba un ritual que luego, ya de mayor, comprobó se realizaba por las tribus autóctonas australianas).

Incluso llegó más lejos, llegó a pensar que a veces habla alguién más allá del inconsciente individual o colectivo; alguien a lo mejor escrito con mayúscula (Alguien), ¡quién sabe!

Llegó a considerar la existencia en uno mismo de dos personalidades a las que es necesario conocer y desentrañar sus secretos. A veces comenta sobre su madre y sobre él mismo diciendo que en un momento determinado hablaba la personalidad uno, pero que de repente, adquirían un tono totalmente inesperado que era la sabiduría profunda de la denominada por él personalidad dos. Y esto, comprobó, nada tenía que ver con la esquizofrenia a la que conocía muy bien por su trabajo de psiquietra. Precisamente por ello, se dedicó con gran esfuerzo a hacer consciente el inconsciente y a analizarlo desde una profundidad ética en vez de a seguir ciegamente sus instrucciones. Aplicar el raciocinio ético fue una de sus máximas.

Racionalizar el inconsciente, descubrir que hay algo más independientemente de cada uno; todo aquello le llevó a la humildad y a la reverencia del MISTERIO, sobre el que, me parece a mí, nunca dogmatizó.


miércoles, 2 de septiembre de 2009

¡¡¡Ya de vuelta!!!! Y comienzo con una idea: "Los Niños Salvajes"

¡Pues ya estamos por aquí y con muchos deseos de reiniciar una nueva tanda de entradas en este blog!

Este verano ha sido muy bonito (todos, gracias a Dios, tienen su "puntito") pero es que, además, ha aumentado nuestra familia gatuna.... Aquí os presento a Fantasmilla, un hermosísimo regalo fruto de otro regalo igualmente bello: el afecto de unos grandes amigos que nos han brindado, además de su cariño, este cachorrito taaaaannnnn bonito! Aquí os lo mostramos.


Y ahora, tras los saludos y presentaciones, a retomar el ritmo del blog.


Por el momento, me gustaría introduciros en una idea que desarrollo más ampliamente en mi otro blog, "Retazos de Literatura", y sobre la que proyecto tres publicaciones en este mes de Septiembre. El tema a tratar es uno que me cautivó casi desde la niñez, a raíz de historias tan fascinantes como las de Tarzán o El Libro de la Selva. Allí se habla de seres criados en soledad y de las consecuencias de esa experiencia.

Aunque este tema a muchos pudiera parecerles sencillamente un asunto de ficción, para bien o para mal, se trata también de una realidad. Una realidad que ha merecido diversos tipos de estudio con mayor o menor éxito. Existen seres que, por diversos motivos no siempre conocidos, se han visto abandonados y privados del contacto humano. Y entonces aparece una cuestión de gran importancia para muchos estudiosos. ¿Alguien criado de esta manera es verdaderamente un ser humano?

¡Qué pregunta, verdad! Pero a quien en este momento le parezca la respuesta afirmativa algo fuera de toda duda, le invito a recordar algún hecho del pasado que nos llevaría a no escandalizarnos tanto ante el planteamiento de semejante especulación. Un ejemplo lo tenemos tras el descubrimiento de América y la constatación de que allí, en un nuevo continente del que nada se sabía con anterioridad, vivían seres con modos culturales distintos a los de sus "descubridores" y formas físicas diversas. Más de uno, entonces, llegó a hacerse la pregunta de si aquellos seres "tan distintos" (hoy en día, ante la diversidad cultural y el fácil acceso a otros mundos, nos reimos de esto, pero entonces era como se veían las cosas) tenían o no tenían alma. Es decir, en el fondo de la cuestión, lo que se trataba de dilucidar era si esos seres distintos a los "habituales" podían ser considerados como humanos o no.

Pues si esta duda se planteó sobre seres humanos que habían construido sociedades con mayor o menor complejidad técnica, social, etc., etc, pero que ahí estaban bien a la vista como para que alguien pudiera dudar de su humanidad; no es difícil de imaginar qué dudas se plantean ante un ser que ha tenido como único referente en su vida, lo que haya podido aprender de unos monos o de unos leones, o incluso, de su propia soledad.

Casos de niños abandonados a su suerte son de todos conocidos (ahí tenemos, sin ir más lejos, la leyenda de Rómulo y Remo amamantados por una loba). Pero su estudio parece algo más reciente, comenzado de manera más docta a partir del Siglo de las Luces, como no podía ser de otra manera. En el siglo XVIII, el Siglo de la Razón, se buscaba, dentro del entramado de los procesos mentales, la esencia del ser humano; y unos seres criados fuera de cualquier contacto social podíán convertirse en excelentes conejitos de prueba para determinar la verdad o mentira de ciertos criterios. Pero, el ser humano, la Vida es algo mucho más complejo que una tabla de análisis y cuantificaciones, y hoy es el día que poco o nada sabemos de muchas cosas y seguimos cometiendo los mismos errores que se cometieron al analizar estos casos ya siglos atrás. Las víctimas de aquellos abandonos, desgraciadamente, en muchos casos siguieron siendo víctimas de su aislamiento aun a pesar de ser obligadas a insertarse en una cultura que poco podía comprenderlas.

Os invito a leer estas tres entradas en Retazos de Literatura que serán publicadas los días 2, 16 y 30 de Septiembre, y que constituyen el inicio de un libro que escribí con enorme ilusión y cariño, titulado "El Misterio de los Niños Salvajes".


martes, 12 de mayo de 2009

El veneno del resentimiento

Wayne W. Dyer, el famoso escritor de "Tus Zonas Erróneas", tiene en su haber otros muchos libros de orientación para la mejora de las personas. Entre estos libros se cuenta, "Tus Zonas Mágicas", del que extraigo este párrafo de gran interés sobre el resentimiento.

Piensa en el mal que se te ha hecho como si se tratara de una mordedura de serpiente. Cuando te muerde una serpiente, son dos las fuentes de dolor.
Una es la mordedura en sí, y ahí no hay vuelta atrás. Ocurrió, dolió y tienes la señal que demuestra. Partes entonces de ahí y aprendes a eludir a las serpientes en tu vida.
La segunda fuente de dolor es el veneno que circula ahora por tu organismo. Éste es el que mata. Nadie ha muerto nunca de una mordedura de serpiente, lo fatal es el posterior ataque por parte del veneno que circula por el cuerpo.
Lo mismo ocurre con el odio y con el perdón. El hecho ocurrió. No puedes hacer marcha atrás en tu mundo físico. Pero lo que mata son el odio y la ira que siguen circulando por tu organismo como si fueran venenos mucho despues de que la herida de la mordedura haya sanado y desaparecido.
Tú, y solo tú, tienes el poder de expulsar este veneno de tu cuerpo; el que siga presente dentro de ti es eleccion tuya.
Recuerda las sabias palabras de Buda: "No serás castigado por tu ira, pero la ira te castigará".

No podrás experimentar la capacidad de hacer milagros si tus entrañas están envenenadas por la amargura hacia los demas.
Empieza por afirmar hoy mismo: «Se que tengo dentro de mi el poder de crear una vida de realización y gozo. Soy un milagro y, por lo tanto, un creador de milagros».



Wayne W. Dyer, "Tus Zonas Mágicas"

domingo, 22 de febrero de 2009

¿Qué hemos hecho del Respeto a la Vida?


El 28 de enero publicaba una entrada siguiendo un petición de Amanda, en su blog "Y fueron felices..." . Se trataba de comunicar la desaparición de una joven sevillana, Marta del Castillo. Hoy, desgraciadamente, ya sabemos que le fue arrebatada la vida.


Sin entrar en los pormenores del caso, sobre el que aún parece haber mucho que investigar, me hago la siguiente pregunta: ¿Qué tipo de modelos está adoptando nuestra sociedad para que se esté dando tan poco respeto a la Vida?


Sí; creo que la base fundamental es precisamente ésa, que no hay una base en la que asentar un comportamiento ético. Un comportamiento ético que nada tiene que ver con sectarismos provenientes de consignas idielógicas, religiosas o de cualquier tipo. Una base ética que nos haga darnos cuenta de la importancia de la Vida; así en mayúsculas.


Creo que, independientemente de las responsabilidades particulares y los grados de la misma, existe algo demasiado generalizado: el encumbramiento de los actos poco nobles y la burla de los que sí lo son. No hay más que ver cualquier programa de televisión, en donde las audiencias crecen gracias a la falta de respeto constante.


¿Qué sociedad estamos construyendo cuando los referentes para los jóvenes son el maltrato, la carencia de valores éticos, la humillación, la burla? ¿De qué nos quejamos entonces? Si no eligiéramos, por ejemplo, ese tipo de programación irrespetuosa; al descender el nivel de audiencia, desaparecerían tan rápidamente como surgieron pues no serían rentables en absoluto. ¿Por qué no hacemos algo tan sencillo como eso? ¿Por qué no hablamos con nuestros jóvenes sobre los valores en vez de fomentar conversaciones un tanto mezquinas?


Respeto no es mostrar miedo al otro, sino mostrar estima y valoración por lo que es el otro. Respeto al ser humano, a los animales, a las plantas, a todo....


RESPETO A LA VIDA


sábado, 25 de octubre de 2008

La Culpa... a raíz de vuestros comentarios

Vuestros comentarios sobre la culpa me han hecho reflexionar mucho sobre este tema que, nos guste o nos disguste, parece perseguirnos.

Como ya dije, en muchas ocasiones somos culpables; por lo menos en alguna ocasión. No siempre actuamos con buena voluntad, y ya sea con plena consciencia, con media consciencia o inconscientemente, lo cierto es que no siempre podemos estar muy orgullosos de nuestras actuaciones.

Pero una cosa es que nos sepamos culpables y reaccionemos de manera constructiva ante este reconocimiento; y otra muy distinta es que, o bien nos estanquemos en el dolor y, siguiendo un dicho expresado en
castellano antiguo decidamos "mantenella y no enmendalla", o bien que esa culpa consiga destrozarnos por el dolor que nos causa.

Yo creo que la culpa debe verse como una clarificación sobre lo obrado y como la posibilidad de corrección. Si no acabamos de estar a gusto con nuestra conciencia; lo lógico es que más que martirizarnos busquemos la causa y la reconozcamos. A partir de ahí podemos emprender el camino de corregir el mal cuando es posible (no siempre lo es); o bien realizar el bien en otros campos. De nada sirve llorar por las esquinas si volvemos a obrar mal, en vez de que nos sirva de aprendizaje de nuevas y buenas acciones.

Yo creo que existen culpas propias y culpas a las que nos adherimos por múltiples razones. La base suele estar en el amor, pero en un amor mal enfocado. Por ejemplo, y este tipo de situaciones se ven mucho en las Constelaciones Familiares, imaginemos que un familiar comete
una determinada maldad con plena conciencia (bueno, lo de plena conciencia siempre es relativo; con ello quiero decir que no lo hace de manera totalmente inocente). Sus familiares pueden actuar con cierto odio hacia ella (lo cual engendra una nueva culpa) o asumir el pecado de la misma por la pena y la vergüenza que les supone. ¿Con eso que se genera? Ampliar el daño.

En los casos en que el mal se ha obrado de manera totalmente inconsciente, sucede lo mismo; la persona que lo ha realizado y la allegada viven con tal pena la situación que se traspasan la carga y se "ayudan" mutuamente asumiendo la culpabilidad. ¿Con eso qué se logra? Demostrar que nos importa el otro, pero ampliar el daño sin curarlo.

Algo que deberíamos aprender a ver es a diferenciar el
pecado del pecador. Pensar que quien ha cometido una mala acción, con el desarrollo adecuado podría realizar varias buenas. Siempre me he preguntado, por ejemplo, cómo lograron convivir víctimas y verdugos tras las guerras (sin ir más lejos, los terribles problemas que tuvieron que provocar los extremismos nazis). ¿Puede un hijo de un fanático nazi amar a su padre? Creo que sí, y eso le puede llevar a dos posturas: o a hacerse él mismo como su padre por compañerismo, o a asumir con dolor y vergüenza la culpa cometida por su progenitor, lo que le creará un conflicto muy difícil de soportar. Mejor que cualquiera de estas dos posturas, ¿no sería mejor reconocer que uno quiere a su padre aunque no esté de acuerdo con él, y volcarse en acciones en beneficio de los derechos humanos como una contribución constructiva que lave el mal y desarrolle un mundo mejor?

Si algo tiene de bueno la culpa es que nos confronta con nuestra propia conciencia y nuestra ética; y, además, nos pone en el camino de las buenas acciones. Dolor, sí; pero el justo, el momentáneo... luego... ¡a seguir caminando irradiando esa mayor luz que aporta el reconocimiento!