
Cuando uno acostumbra a meditar o bien a guiar a otros en meditaciones, observa la importancia de ciertas luces y colores que suelen acompañar muchas visualizaciones. De entrada, lo usual es que casi todos se centren en un determinado tipo de luz y en un color, pero, cuando se ahonda más, se puede trabajar con toda la variedad del espectro de color, algo que recomiendo al menos de vez en cuando.
Con los colores podemos obtener una información sobre aquello hacia lo que deberíamos enfocar la meditación. Me he interesado mucho por los significados que se atribuyen a ciertos colores. Estudiándolos he visto que si bien algunos coinciden en las valoraciones, a veces no sucede así. Creo que esto es algo lógico puesto que, de entrada, a mí me parece que, por poner un ejemplo simple, el blanco tiene que tener unas connotaciones muy distintas para un esquimal que para un beduino; al menos, eso es lo que yo pienso.
Así que, basándome en ideas de unos y de otros, y en las mías propias, me doy cuenta de que la atribución que en determinados momentos voy dándole a cada color que surge en la meditación me ayuda mucho y, por tanto, voy a dar algunas sugerencias por si os pudieran servir de ayuda también a vosotros; teniendo en cuenta, eso sí, que esa creatividad puede desarrollarla cada uno de acuerdo a su propia personalidad.
Empezamos por el negro, es decir, por la ausencia de color. ¿Qué puede sugerir el negro? Muchos seguramente lo verán como un cierre de expectativas, como un entrar en un túnel del que parece difícil salir, o como una ofuscación del pensamiento que impide encontrar soluciones. Pero, ¿y si se le da la vuelta a esta idea y se ve como un espacio vacío preparado para la siembra? Esta idea de una de las cartas del Tarot de Osho me vino muy bien para dotar al negro de una visión positiva en lugar de quedarnos con la más negativa. La creación surge de la nada; el negro es un espacio vacío que puede ser llenado de múltiples colores cada vez más y más vivos.
Así que, basándome en ideas de unos y de otros, y en las mías propias, me doy cuenta de que la atribución que en determinados momentos voy dándole a cada color que surge en la meditación me ayuda mucho y, por tanto, voy a dar algunas sugerencias por si os pudieran servir de ayuda también a vosotros; teniendo en cuenta, eso sí, que esa creatividad puede desarrollarla cada uno de acuerdo a su propia personalidad.

Con el rojo p
arece llegar la energía. Si el cuerpo está cansado puede andar necesitado de una buena dosis de energía. El rojo nos puede aportar también pasión, fogosidad y vehemencia. ¿Estás carente de estas cualidades o las experimentas en demasía? El rojo puede conducir también a los arrebatos y la ira. ¿Qué te dice a ti el color rojo? Seguramente en unas meditaciones te conduzca a una determinada cualidad descuidada, y en otros te sugiera suavizarla. Ahí está el secreto de la meditación.


CONTINÚA EN LA PARTE 2