sábado, 18 de septiembre de 2010

Sacrificio, Autocastigo y Liberación en El Symbolon

Cuando he hablado en este blog sobre las cartas de El Symbolon, normalmente he mostrado lo que podríamos denominar como su cara amable, pero, como en cualquier mazo de cartas que utilicemos, no sólo encontraremos imágenes pacíficas y bondadosas, sino que hallaremos también cartas que nos transmitirán un sentimiento de profundo rechazo. Y hoy vamos a hablar de tres cartas con esta característica, pero que no por ello nos ayudan menos.


Comenzamos con la denominada EL ABORTO, y que yo prefiero llamar El Sacrificio.

En la carta vemos un bebé fajado y por tanto imposibilitado de todo movimiento que va a ser arrojado a las llamas. ¿Qué mensaje de aprendizaje puede traer una carta tan horripilante? Veámoslo.
En primer lugar, hay que decir que existen dos protagonistas en esta carta: el bebé y la mujer dispuesta a sacrificarlo. Por tanto, uno debe de descubrir con quién se está identificando.
Si nos centramos en el bebé, podemos ver a la persona impotente ante determinadas situaciones. Una persona que o bien se ofrece ella misma en sacrificio por los demás, o bien los demás o las circunstancias deciden sacrificarla a ella. Por eso el bebé está fajado, para indicarnos que realmente no puede hacer nada sino, sencillamente, aceptar su papel.
Pero si nos ocupamos de la mujer, veremos a alguien que o bien se ve forzada a sacrificar algo, o bien es tanto su deseo de conseguir un determinado bien a través del sacrificio de otro, que no le importa ejecutarlo.
De cualquier manera, sea cual sea el personaje con el que uno se identifique, lo cierto es que se trata de un sacrificio muy doloroso para ambas partes. ¿Realmente es necesario llegar tan lejos? ¿No podrían solucionarse las cosas de una manera menos drástica? Quizá sólo con el darse cuenta de ello, los involucrados en la historia podrían hallar un buen resultado.

La segunda carta de la que voy a hablar se llama EL CASTIGO, aunque a mí me gusta llamarla El Autocastigo.

Como podemos ver, nadie castiga a la mujer que se nos muestra en esta carta, sino que es ella misma quien lo hace. ¿Por qué?

La respuesta de alguna manera podría estar indicada en los objetos que encontramos al fondo. Una ventana enrejada, es decir, una incapacidad de salir de la situación en la que se encuentra; un cuadro con un corazón traspasado por el dolor representado en unas espadas; y una vela de conocimiento a la que debería haber mirado con más atención pero que desgraciadamente no parece alumbrar suficientemente. Incluso vemos un libro cerrado, que seguramente ha malinterpretado.

Sí, parece que esta mujer se deja atrapar por el dolor y no se adentra en la vía del conocimiento, sino que, por el contrario, se autoflagela para pagar lo que ella considera una culpa o bien como una especie de ritual supersticioso por el que pretende conseguir lo que anhela.

Y la pregunta entonces sería: ¿Combatimos el dolor con más dolor? ¿Tiene esto sentido? ¿No deberíamos más bien centrarnos en el conocimiento verdadero y en el autoconocimiento? Merece la pena probarlo, al menos.

La última carta que muestro en este artículo es la llamada LA MISA NEGRA. Ésta es una carta de advertencia sobre los peligros de ideas muy erradas que pueden pervertirnos.

Y es que, en ocasiones, las personas nos encontramos tan perdidas que buscamos la verdad en cualquier parte, sin pararnos a observar en profundidad los círculos en los que podemos estar metiéndonos.

Sí, las sectas son un buen ejemplo para estar carta. ¿Por qué proliferan? Porque son muchas las personas que buscan y se dejan embaucar por los aspectos amables de determinadas teorías, y no suelen percartarse, de las oscuras sombras que también tienen estas supuestas estructuras de conocimiento.

La carta advierte de la necesidad de saberse retirar a tiempo de aquello que no es enteramente noble. La carta nos advierte de que de nada sirve vender el alma, sino que tenemos que afrontar nuestro camino aunque esté lleno de dudas, pero siempre será mejor eso que venderse a supuestas certezas que pronto se mostrarán como lo que realmente son: mentiras para comprar tu inocencia. ¡Libérate de las malas artes! ¡No te dejes arrastrar por ellas!