
Por ejemplo, desde mi experiencia al consultar las diferentes cartas del Tarot, I Ching y demás, sé que siempre dicen la verdad, que no engañan; otra cosa bien distinta es que acierte siempre yo en su interpretación, aunque ésta con el tiempo se haga patente; y otra cosa también es que a veces, en ocasiones muy contadas, no quieran hablar, pero cuando lo hacen siempre dicen la verdad, y me pregunto: ¿cómo es posible esto? Y entonces pienso en múltiples posibilidades.
Una de ellas sería que nuestra mente sea mucho más poderosa de lo que imaginamos y perciba y emita en muchísima mayor medida de lo que podríamos suponer.
Otra sería que realmente existan seres por encima de nosotros con una perspectiva más amplia que la nuestra, y que decidan comunicarse con nosotros cuando así se lo pedimos o así ellos lo consideran.
Otra pudiera hablarnos de la existencia de una Inteligencia Universal a la que llamamos Dios, que no podemos alcanzar a entender pero que ella sí lo hace con respecto a nosotros, y que también tiene sus formas de comunicación con quienes deseamos escucharle, y con quienes ni siquiera lo intentan.
Y otra, por supuesto, podría ser la unión y combinación de estas tres fuentes. Pero lo cierto es que existen muchas cosas que desconocemos pero que vislumbramos a partir de los efectos.

¿Y qué hay detrás de nuestro cuerpo y de nuestro entorno conocido? Como las hormigas, nada sabemos de cierto, pero sí podemos vislumbrarlo. Y eso es lo que me lleva a tener muy, pero que muy en cuenta, la metafísica de las hormigas en la que estamos inmersos sin ni siquiera saberlo.