
La vida cotidiana muchas veces se torna aburrida por una falta de amor o por un desenfoque en nuestra visión de la vida. Pero la vida cotidiana nos da la medida de quiénes somos y quiénes podemos ser. Pretendemos hacer grandes gestas cuando sin embargo no nos decidimos a lidiar con lo que la vida nos demanda a cada minuto.
Perder la sal de la vida no es algo bueno ni enriquecedor. No se trata de conformarnos con lo que hay, sino de valorarlo, cuidarlo y así permitir que crezca de manera sana, en vez de menguar por una escasez de amor.
Si tu vida ordinaria necesita una chispa de alegría, es hora de que empieces tú mismo a crearla. Está en tu mano hacerlo; reúnes todos los elementos, sólo te falta enfocar adecuadamente el entorno en el que vives y lo que tú eres, y por supuesto darle el valor que se merece.
No busques grandes acciones como escape de la rutina, sino porque te gusten en si mismas o consideres necesario realizarlas. Pero comprende que tanto los momentos cumbre como el día a día forma parte de la existencia y por tanto de su valía.