
Todos queremos que se nos haga caso, pero si en algún momento no nos tratan todo lo bien que creemos merecer, podemos decidirnos por adoptar la estrategia del "rey enfermo", y demostrar así que no estamos dispuestos a ser minusvalorados ni humillados. La pregunta al decidirnos por este camino sería: ¿a quién va a beneficiar realmente esta táctica? Y, probablemente, si nos hacemos la pregunta de la manera adecuada, nos demos cuenta de que nadie, absolutamente nadie va a obtener ninguna ventaja.
Distinguir un proceso natural de cansancio, o bien una verdadera enfermedad puntual de lo que sería una huida, exige un grado alto de auto-observación que no siempre estamos dispuestos a llevar a cabo. Sin embargo, ¡sería tan enriquecedor si lo hicieramos!