miércoles, 5 de junio de 2013

39 - EL CRUZADO


¡Cuánto nos gusta tener algo por lo que luchar! Anhelamos imponer nuestras ideas, porque las creemos justas o porque necesitamos creerlo así; pero, con demasiada frecuencia, nos enzarzamos en batallas violentas e inútiles por los escasos resultados. Es verdad que a veces es necesario levantar la espada del razonamiento, pero vigilando siempre que la espada no haga daño y que el caballo de nuestros impulsos y movimientos no se nos desboque. 

Fíjate bien en la escena; al fondo la ciudad está ardiendo. ¿Saldrá alguien con vida? Y eso es lo primero que uno debe de preguntarse: ¿nuestro impulso batallador ocasionará un mal mayor al que ya había? Porque entonces, a lo mejor, habría que cuestionarse nuestro ímpetu guerrero.

Pero observa más detenidamente la imagen. Bajo los cascos del caballo aparece una flor. ¿Será pisoteada por un animal furioso o terminará por respetarla y dejarla que crezca en libertad?

A veces esta carta, dependiendo de la posición que ocupe, puede estar indicándonos que es hora de que defendamos aquello que merece la pena defender, pero siempre teniendo en cuenta los posibles daños colaterales, valorándolos y poniendo freno a impulsos desbocados. Podemos razonar pero no imponer, pues la libertad es un don divino al que nadie puede renunciar.