
He comprobado que cuando uno atribuye, con una total falta de humildad, sus logros única y exclusivamente a sí mismo, suele terminar por perder aquellas habilidades con las que supuestamente contaba. Y, entonces, surge una idea dentro de mí; si sólo se tratara de una capacidad personal, no debería desaparecer cuando el orgullo toma un lugar preponderante, pero lo cierto es que sucede así.
Por supuesto, no niego el esfuerzo humano en pos de algo, y los méritos al conseguirlo; pero no podemos despreciar a Quien está por encima de nosotros, a Quien nos permite aprender y gozar con lo aprendido, a Quien nos regala la Vida y el Amor. Francamente, no apoyo el esoterismo sin la divinidad porque compruebo que, en la mayoría de los casos, degenera en un exceso de ego altamente peligroso.
* La imagen corresponde a "La Creación de Adán", de Miguel Ángel.