martes, 28 de abril de 2009

Dos de Oros (Rider Waite) y Dos de Arco Iris (Tarot Zen de Osho).- Meditando con las Cartas del Tarot

Llegamos al Dos de Oros. Como sabemos, los Oros representan el mundo concreto, lo material, la Tierra, lo pragmático.

En la baraja Rider Waite, el Dos de Oros está representado por una figura que parece jugar con dos pentáculos. Hay que advertir que esos dos pentáculos están rodeados por el símbolo del infinito. ¿Qué te sugiere esta carta en tu meditación?

Las dos monedas serían esas oportunidades concretas con las que uno se encuentra; unas oportunidades que se mueven en el infinito de nuestra existencia. La figura juega con ellas, mirando unas veces a una y otras veces a la otra; intenta mantenerlas en equilibrio. ¿Estará atravesando una situación en la que se requiere buen tacto y diplomacia?

Fijémonos en el fondo. Un mar embrabecido hace que dos naves tengan que hacer equilibrios para no sucumbir a la fuerza del temporal. Una de las naves es más grande que la otra, por tanto, puede que maneje mejor la situación. Ya sabemos que el agua nos habla de emociones y sentimientos; así que un mar embrabecido nos dice que las emociones pudieran encontrarse a flor de piel y a punto de estallar. Por eso es necesaria la diplomacia. Como los barcos del fondo, no todas las personas resisten de igual manera los embites emocionales; y a veces uno maneja un barco más poderoso que otras. La figura tiene que mediar, conciliar, equilibrar; sin perder la paciencia, jugando dulcemente, para permitir que pase el temporal y que no traiga como resultado un recuento de víctimas.


Osho y Ma Deva Padma nos muestran una figura un tanto similar. El nombre que recibe este Dos del Arco Iris es MOMENTO A MOMENTO. Y aquí podemos ver una figura que va equilibrándose por un camino descendente que podríamos considerar un puente.

Al fondo vemos una ciudad aparentemente estable. Pero el personaje sabe muy bien que la vida trae vaivenes y que conviene siempre estar atento a cualquier cambio súbito.

La figura pone toda su atención en cada paso que da, y ni siquiera contempla la ciudad en la lejanía; decide equilibrar su peso y transitar el camino que puede conducirle a ella o a una nueva; transitarlo con cuidado, con tiento, con concentración, y siempre, siempre, manteniendo el equilibrio.