miércoles, 30 de abril de 2008

Meditar con las Cartas del Tarot

Hoy en día existe una enorme variedad de mazos de cartas, ya sigan la estructura básica del Tarot, o bien aporten otro tipo de estructura.

Cada carta tien
e un significado básico y múltiples significados complementarios. Al observar la carta, aunque por supuesto existe una imagen central, lo cierto es que ésta se encuentra rodeada por un sin fin de detalles que suelen pasar desapercibidos: un determinado paisaje, personajes secundarios, animales, colores más o menos brillantes; es decir, una variedad que nos permite ir desentrañando el significado que puede tener para nosotros esa carta en particular en un momento dado.

A veces nuestros ojos se dirigen a un pequeño detalle en el que nunca nos habíamos fijado pero que, en ese momento
, adquiere una importancia básica. Así como en determinados test psicólogicos se emplean las imágenes para desentrañar lo que hay en el subconsciente del cliente, aquí se pretende desentrañar un significado profundo que pueda ayudarnos en la actual situación.

Como Tarot propiamente dicho suelo utilizar el llamado Rider Waite. Su nombre proviene de Arthur Edward Waite (especialista en esoterismo) y de la editorial que publicó este Tarot (Rider Company). Las imágenes fueron realizadas por la artista llamada Pamela Colman Smith (nótese que no aparece su nombre, pero es algo que suele suceder, ¡qué se le va a hacer!; ¿porque "sólo" se dedicó a dibujar?, ¿porque solo era una mujer? ¡Quién sabe! No me atrevo a aventurar).

La baraja Rider Waite podría considerarse todo un clásico. Contiene los 22 Arcanos Mayores, y los 56 Arcanos Menores. Aunque sigue el esquema básico del Tarot de Marsella, tiene dos peculiaridades. Una de ellas hace referencia a los números que acompañan a los Arcanos Mayores y que por tanto les adjudican un órden y un significado para quienes aplican la Numerología a la hora de interpretar las Cartas. Pues bien, en estas cartas se ha cambiado la numeración entre dos de ellas, y eso ha sido foco de múltiples discusiones a favor y en contra. La otra peculiaridad consiste en su iconografía, que en los Arcanos Menores nos permite contemplar una escena sobre la que construir una historia, en vez de los símbolos básicos de Oros, Copas, Bastos o Espadas.

Otro Tarot que utilizo con gran frecuencia es el llamado Tarot Osho Zen con texto de Osho e ilustraciones de Deva Padma. Este Tarot nos sorpende con imágenes e interpretaciones que se alejan de la iconografía general del Tarot, así como de su significado. Se trata de un Tarot más filosófico al estilo Zen, que pretende despertar la consciencia del consultante. Este Tarot añade una carta llamada El Maestro a los Arcanos Mayores.

El Symbolon, de Peter Orban, Ingrid Zinnel y Thea Séller, es ya como suele decirse "harina de otro costal". Aunque tiene 78 cartas, lo cierto es que no sigue en absoluto la estructura de un Tarot tradicional. Algunas de sus cartas pueden hacer referencia a otras del Tarot, pero no todas lo hacen y, a veces, resulta muy difícil encontrar paralelismos. Sin embargo, para mí, es fuente de grandes descubrimientos.

La palabra Symbolon hace alusión a un objeto partido en dos mitades que buscan ser unidas nuevamente. Esta baraja pretende la unificación de la personalidad al descubrir esos aspectos escondidos en nuestra forma de ser. Se trata de una aproximación psicológica muy profunda.

Además, también tiene una interpretación que lo acerca a la Astrología, pues cada Carta hace alusión a los signos del zodíaco y a sus combinaciones.

He de decir con respecto a este mazo de cartas que resulta muy difícil proveerse de explicaciones sobre ellas; aunque vienen acompañadas de un libro explicativo en inglés. Yo, a veces las empleo a la manera que enseña el libro, pero debo aclarar que me he lanzado a expandir un poco las explicaciones y dejarme llevar por tiradas que no están en absoluto pensadas para esta baraja.

Para quienes desean conocer más sobre esta baraja, les sugiero las explicaciones que aporta Guido en su blog "MundisTarot" (http://mundistarot.blogspot.com/)

Aunque utilizo otros mazos de Cartas (como por ejemplo El Oráculo de los Ángeles, de Ambika Wauters con ilustraciones de Warren Maddill, o el recientemente adquirido Oráculo del Tao de Ma Deva Padma que combina el Tarot y el I Ching de manera magnífica), me gustaría ir desarrollando poco a poco una sugerencia de interpretación general a las cartas de los Tres Oráculos mencionados antes, por si pudieran servir de base para alguno de los lectores a la hora de su utilización como parte de la meditación.

lunes, 28 de abril de 2008

Un momento para meditar

Cuánta dificultad para encontrar un momento para meditar. Al menos eso es lo que siempre decimos. Ante la idea de parar un momento y sentarnos, en principio, consigo mismos, mil y una excusas aparecen por aquí y por allá.

Si nos disponemos a hacerlo en compañía de otros, entonces la cosa no resulta tan complicada, pero cuando decidimos hacerlo solos, ay, entonces ya todo se vuelve más cuesta arriba, ¿verdad?


Quiero suponer que lo correcto es meditar una media hora al menos, pero, francamente, yo creo que lo mejor es ponerse a meditar independientemente del tiempo. Uno empieza con cinco minutos, y el tiempo se le hace interminable; pero, curiosamente, tras practicarlo, una vez que lo repetimos, nos vamos dando cuenta de que nos apetece demorarnos un poquito más en esta tarea, y, entonces, el espectro se amplía hasta ¿unos 10 minutos? Y luego media hora, y luego... luego uno más o menos vive en ese estado, y se dedica a un encuentro con la Meditación como actividad (además de "estado") para seguir creciendo.

Lo importante es empezar. ¿De verdad es tan complicado encontrar diez minutos? Sé, por experiencia, que no. Ese tiempo, y mucho más, es el que empleamos buscando y encontrando disculpas que nos alejen de nuestra meta.


Para comenzar con la meditación es bueno aprender a relajarse. Pero relajarse quiere decir eso: relajarse, no angustiarse. Normalmente, sobre todo al principio, uno se obliga tanto a relajarse que aquello que debería ser por naturaleza algo agradable se convierte en un tormento. Hay que encontrar el propio camino. Si a alguien le molesta la oscuridad, no debe obligarse a ella porque le hayan dicho que es mejor hacerlo en penumbra. Hallar el punto justo de cada uno requiere un tiempo y unos ensayos de prueba y error, pero finalmente se consigue.

Tampoco creo fundamental dedicar un largo periodo de tiempo a prácticas que puedan aburrir a determinados caracteres. Quienes se aburren dificilmente encuentran la motivación para dar el paso hacia la verdadera “meditación”. Por lo menos, a ese tipo de meditación que a mí me agrada experimentar. Se trata de que cada uno vaya descubriendo su propio y particular camino, pero que todos se pongan en movimiento ya para hacerlo; ése es mi deseo.

Que no hay velas, pues se medita sin velas. Que no hay música, pues se medita sin música. ¿No estás tú, entonces qué más hace falta? Tienes todo lo necesario, no lo dudes. No hay nadie que no pueda hacerlo; otra cosa es la dificultad que pueda uno encontar al principio (sobre todo cuando le han ido llenando la cabeza de ideas tales como "tú no sirves para esto", "es imposible hacerlo", etc., etc.) ¡Todos podemos!

Me gustaría aclarar, eso sí, que para mí la meditación es algo más que conectar con mi interior. También (y sobre todo) me dispongo a conectar con ese Algo Superior y esperar a ver qué sucede.

A veces lo que busco es ni más ni menos conectar y contemplar, pero otras planteo preocupaciones, angustias, penas, para ver con mayor claridad el foco del problema y así poder resolverlo; en parte, porque se percibe la raíz y, en parte, porque se reciben mensajes de solución. Pero nadie piense que estos mensajes tengan que ser rimbombantes y altisonantes. No; si por algo sorprenden es por su absoluta y meridiana sencillez. Y esa sencillez es la que aporta alegría a nuestro espíritu.


Con la meditación uno puede encontrarse con su esencia. ¿Cuál es la esencia del hombre? ¿Espíritu? ¿Materia? ¿Una conjunción entre ambos? Cada uno debe buscar su propia verdad, pero también creo que no debe descartar la existencia de una verdad más amplia, y cerrarse a amplias posibilidades.


Cuando se habla de materia como hecho físico, concreto y medible, a mí me gusta poner el ejemplo del pensamiento, un hecho bastante más abstracto y extremadamente difícil de medir (por el momento; porque la ciencia parece que finalmente demuestra aquellas intuiciones que el hombre ha venido teniendo desde que tiene consciencia).


Para aquellos que no aceptan la existencia de lo que se ha venido llamando espíritu; al menos, no deberían descartar que además de cerebro existe la mente y algo más, el producto de la misma en unión con otros muchos elementos y que se traduce en la palabra "pensamiento".


Y es que, cuando hablamos del ser humano, no podemos hablar únicamente de realidades materiales concretas sino de un mundo ilimitado de posibilidades realizadas a través de las emociones, los sentimientos y los pensamientos. Y la meditación es una buena manera de hacerlos más presesentes y mucho más conscientes y verdaderos.


¿Cuándo empezamos a practicar si aún no lo has probado?




viernes, 25 de abril de 2008

Mi experiencia

Siempre he tenido un profundo sentido religioso y una avidez innata por aprender. La curiosidad me ha movido sin freno. Hace tiempo descubrí una vía de conocimiento y de comunicación muy satisfactoria, al menos para mí. En esta vía se incluyen las Cartas.

Sí, yo soy de las que cree que el cielo se comunica con nosotros y, de alguna manera, “se amolda” a nuestras necesidades.

Siempe he considerado que el lenguaje de Dios tiene que ser mucho más amplio que el nuestro; pero, puesto que Él conoce nuestras limitaciones, es lógico pensar que cuando nos habla lo hace con nuestras palabras, unas palabra que nos serán más facilmente comprensibles si son expresadas en nuestro propio idioma.

Me llena de admiración el hecho de que cuando hago una pregunta sincera, aparezca la imagen de una carta que en ese momento puntual es extraordinariamente reveladora. No sólo me ha sucedido con las cartas; también los libros son otro instrumento. ¿Nunca te ha sucedido pensar en un problema, abrir un libro y encontrar la frase que te ayuda a resolverlo o a enfocarlo debidamente? ¡A mí sí! ¿Y otro tipo de señales? ¿No has ido paseando por la calle y se dirige a ti aquella persona que, de alguna manera, responde también a una situación determinada que se relaciona contigo? En la cola del cine, en el tren, en el trabajo, quien te habla por la razón más nimia resulta ser alguien que esconde algo relacionado contigo: es de tu mismo pueblo, tiene el mismo trabajo, estudia la misma carrera, y un largo etcétera de “casualidades”.

He aprendido a no reírme de estas aparentes casualidades y, en su lugar, a bendecirlas.

Me gusta barajar las cartas que he ido adquiriendo, me gusta tocarlas, y ver cuál algo en mi interior me dice que debo destapar. También me gusta navegar por internet y pedir ayuda al cielo utilizando este medio. Creo que el cielo lo que hace es ofrecerte la posibilidad de que las enseñanzas de los demás y tus propias necesidades se conjuguen. Por muy mecánico y técnico que sea un medio, el Cielo está por encima de él y puede hacer que lo natural se convierta en algo sobrenatural para ti, siempre y cuando tu petición parta de un sentimiento sincero.

Por supuesto no descarto en absoluto la propia valoración, sin autoengaños, pues también considero que para eso se nos ha regalado la mente: para hacer uso de ella.

Mi experiencia, para mí, es hermosa. Experiencia... sí, e-x-p-e-r-i-e-n-c-i-a, así, con todas las letras; porque de poco sirve que te den la receta del pastel si no te lanzas a probarlo. Y no hablo sólo del Tarot, sino que me refiero a cualquier vía de acceso a ese campo tan necesario y, a veces, tan poco explorado como es la espiritualidad.


miércoles, 23 de abril de 2008

Un día de emociones

Cuando uno inicia algo en su vida lo hace con mucha ilusión. Éste ha sido mi caso con Espiritualidad, Tarot y Meditación. A la hora de ponerme a la tarea (bueno, ponernos, porque sin la ayuda de mi marido no sé yo si lo hubiera hecho), mi pensamiento era compartir aquello que he tenido la enorme fortuna de ir experimentando y conociendo de diversas maneras. Compartir para poder expresarme y para poder comunicar con quienes buscan y, o bien no han encontrado aún, o bien saben exáctamente los regalos que encuentran.

Ayer y hoy he recibido muchas muestras de cariño, y eso -a qué negarlo- llega profundamente a mi corazón. Os agradezco a todos el apoyo que me brindáis. Internet nos muestra una realidad bien tangible: la existencia de un número infinito de seres con maravillosas cualidades. Algo que, si bien podíamos vislumbrar en abstracto, la era de la informática nos lo ha desvelado por fin.

Siempre he sido una persona que he sentido la necesidad de la comunicación pero, al mismo tiempo, me ha sido difícil ser miembro de una, digámoslo así, "comunidad". ¡Quién me iba a decir que formaría parte de una "comunidad internauta"! ¡La de vueltas que da el mundo!

Y claro, en una comunidad, hay momentos buenos y momentos malos. Hoy, al visitar el blog de Perlita (http://perlasdelsegura.blogspot.com), me encontré con una noticia que me sobrecogió. Anunciaba la muerte de un miembro de esta comunidad: Pedro Jorge. Si deseáis acceder a su blog, donde Peggy Martines da la triste noticia, aquí tenéis la dirección: http://atentamentepedro.blogspot.com. Descanse en paz.

* Aunque el texto está en inglés, en los comentarios puede verse la traducción.



¿Un sistema infalible?

No, definitivamente, no; al menos yo no lo concibo así, y mi experiencia lo confirma. Por supuesto que me he equivocado en ocasiones; y, por supuesto, también he visto cómo otros lo hacen. Tal y como yo lo veo, nosotros somos tan sólo una parte de la creación, pero el Creador es mucho más que nosotros. Quienes pueden hacernos llegar mensajes, no nos dan toda la información, porque considero que, si así lo hicieran, nuestra vida carecería de sentido. Para mí la vida es una especie de película interactiva en la que son muchos los factores a tener en cuenta. No me parece que haya claramente un guión con todos y cada uno de los detalles, sin que se deje nada a la improvisación.


En mi opinión las cartas del Tarot, o bien otras cartas, son ayudas pero no vaticinios infalibles. Nuestra libertad, la libertad de los demás, la libertad del Creador no pueden dejarse de lado, ni mucho menos. No sirven para certezas absolutas, sino para enfoques que nos ayuden a valorar situaciones. De la misma manera que uno no acude al psicólogo para que le dé siempre la razón, o para que le diga lo que debe hacer punto por punto, sino como una ayuda de referencia; así las cartas se constituyen en unas amigas dignas de ser tenidas en cuenta.


Y aún diría más. A veces me parece que nos ayudan a superar pruebas. En ocasiones pudiera parecer que se nos demanda una determinada actuación, pero, después de valorarla, con el corazón en la mano decidimos obrar en contra. Y curiosamente obtenemos resultados grandiosos. Mi explicación para esto es clara. Para mí es una prueba sobre nuestra ética. Al fin y al cabo los cuentos están plagados de este tipo de situaciones. Se le pide a alguien que realice una acción y a cambio recibirá un tesoro; pero, una vez valorado, la persona decide que es preferible quedarse sin tesoro que arrebatárselo a otro. Y entonces, el cielo nos responde favorablemente porque parece que hemos conseguido superar la prueba.


No estoy hablando de trampas, si es ésa la idea que pudiera sugerir en un primer vistazo. No, hablo de pruebas; lo que es muy diferente.


Mi consejo, por tanto, es que no hay que cegarse, pero sí ayudarse.

martes, 22 de abril de 2008

¿Qué se entiende por Meditación?

La palabra meditación encierra tal número de significados que resulta muy difícil ponerse de acuerdo a la hora de definirla. El término meditación se emplea para describir procesos distintos aunque con un fondo común. Por tanto, me gustaría aclarar distintos aspectos sobre la meditación.

Si nos atenemos al significado de la palabra en español, nos encontramos con que meditar es pensar sobre algo, ponderándolo, valorándolo, escudriñán-
dolo. Cuando en el lenguaje corriente decimos “tengo que meditar sobre ello”, se trata de aplicar un pensamiento profundo sobre una determinada materia.


Sin embargo, este significado sería totalmente opuesto a lo que muchos meditadores orientales nos transmiten, y que es precisamente el contrario. En este caso se trataría de dejar a la mente vagar, sin destino concreto, hasta alcanzar el “vacío” (una palabra repleta también de múltiples significados, ya que el vacío oriental no tiene nada que ver con nuestro vacío occidental).


Si el pri
mer significado implica una concentración mental; el segundo parece un dejarse llevar sin rumbo fijo. Pero en ambos casos parece pretenderse llegar a un estado de trascendencia que nos sitúe en nuestra verdadera naturaleza.


Para mí, meditar es
, entre otras muchas cosas, comprender; y para comprender hay que pararse a observar. Meditar es entonces un excelente sistema de penetración interna que nos ayuda a crecer como personas. Puede considerarse una herramienta fundamental dentro del campo psicológico. Uno debe aprender a tomar contacto consigo mismo, a reconocerse a sí mismo dentro de un entorno y, a partir de ahí, reconocer también a los demás y sus puntos de vista. Comprender los procesos internos de uno mismo, ayuda a comprender los de los demás.


Para mí meditar es, además, contemplar de forma activa a veces y en otros momentos pasiva. Me siento de forma relajada, cierro los ojos y me dispongo a la meditación, como un proceso de encuentro conmigo misma de forma profunda; pero también como un hermoso proceso de comunicación con Alguien más, con otro mundo espiritual y, por tanto, con sus protagonistas.


Contemplada de esta manera, la meditación responde al concepto de oración como una expresión y como una comunicación. Así me gusta orar. Primero uno se encuentra con su cuerpo del que a veces no es nada consciente a no ser que le duela algo o que experimente un gran placer. Luego se percata de la existencia de todo lo demás, el aire que lo envuelve, los sonidos, los olores, todo. Y más adelante intuye que alguien más puede estar escuchándole o incluso hablándole; entonces, ha llegado el momento de sintonizar y dejar fluir la conversación; una conversación que, en mi caso (cuando se da, y sobre todo cuando uno lo permite) se desarrolla principalmente de dos o, quizá, de tres maneras.


Una es el pensamiento;
se trata de palabras que son directamente vertidas en el pensamiento, como si habláramos de un proceso telepático. Otra forma es la visualización de imágenes cuya metáfora es normalmente comprendida de inmediato por quien medita. Y la tercera vía viene en forma de emociones; uno siente los valores, los conceptos; no sólo los comprende sino que los siente.


Muchas personas y muchos maestros espirituales dicen que, al meditar, uno debe abandonar la actitud crítica, la vía puramente mental. Aunque entiendo lo que quieren decir, creo que no debe aplicarse drásticamente esta norma. Una cosa es no censurar el pernsamiento, por ejemplo; pero otra, muy distinta, es no pararse a considerarlo. Francamente, creo que, sabiendo poner las medidas para que no se convierta en un obstáculo, no debemos abandonar la actitud crítica frente a las visiones, pues así evitaremos caer en el iluminismo, algo que puede conducir a la locura o a la soberbia (al fin y al cabo, una forma de locura si ésta se entiende como ir en contra de la realidad). Si las visiones o audiciones se contradicen con la ética, el poner en funcionamiento la crítica procedente de la razón es una muy buena solución. Y no olvidemos que la razón es también un regalo de Dios y que, por tanto, merece tenerse en cuenta.


Durante siglos se han presentado como opuestos el mundo de la razón y el del espíritu; pero creo que ha llegado la hora en que veamos con claridad que se trata de una unión inmensamente productiva si se sabe cómo equilibrar las dosis que proceden de uno y otro mundo en aparente contradicción, que no es más que apariencia.


Muchas cosas se pueden decir de la meditación, pero para mí lo más importante quizá es darme cuenta de que cuando la practico, lo que percibo, más que un razonamiento es una experiencia, y eso me renueva y me da una seguridad que no consigo obtener a través de un gran esfuerzo intelectual, a través de la búsqueda en los libros, de los que sin duda he obtenido gran ayuda. La
experiencia es lo que realmente queda, y eso se puede conseguir a través de la meditación.


domingo, 20 de abril de 2008

Vidas pasadas

Es difícil asegurar la existencia de la reencarnación; pero, por supuesto, cabe su posibilidad.


La ciencia nos ayuda a comprender algo que me parece básico a la hora de valorar la posible existencia de vidas pasadas. Lo que nos dice el mundo científico es que la energía no se destruye sino que se transforma. Teniendo en cuenta este principio resulta fácil sacar la conclusión de que la existencia de vidas anteriores podría muy bien ajustarse a esta definición. Está claro que nuestra energía, la de cada uno, se transformaría y quién sabe si, con el paso del tiempo, llegaría a convertirse en un nuevo cuerpo.


El problema sería dilucidar si la consciencia permanece o desaparece. Que un cuerpo desaparezca como tal cuerpo, pero que sus componentes se reorganicen en otro cuerpo, no resulta una idea demasiada descabellada. Lo difícil es asegurar con total rotundidad la permanencia o desaparición de la consciencia.


Si esa consciencia permanece, ¿qué nos impide considerar la posibilidad de que, en algún momento determinado, se albergara una vez más en un nuevo cuerpo?


Jung nos habla del “inconsciente colectivo”; es decir una consciencia que permanece y que, de alguna manera, heredamos los seres humanos actuales de nuestros antepasados.


Si existe un inconsciente colectivo (y parece que existe), ¿no podría existir asimismo una conciencia individual imperecedera? Me inclino a pensar que también esta idea cabe en el reino de lo posible.


* La imagen corresponde a la carta “Vidas Pasadas” del Tarot Osho Zen, con texto de Osho e ilustraciones y comentarios de Deva Padma (Gaia Ediciones, Madrid).

sábado, 19 de abril de 2008

Tarot: miedo y obsesión

Muchas son las personas que, ante la sola mención de la palabra Tarot, experimentan un gran miedo. Oyen hablar de él y, automáticamente, cambian de conversación. Otras, por el contrario, aun teniéndole un miedo considerable, lo cierto es que, de alguna manera, podría decirse que están obsesionadas con él, y acuden a tarotistas de todo tipo a la búsqueda de respuestas sin fin.

Diría que quienes temen el Tarot, lo hacen porque consideran que la vida tiene un camino marcado de antemano y que, por más esfuerzos que uno haga para modificarlo, esos esfuerzos serán del todo inútiles. Y claro, las malas noticias, según esta idea, no pueden ser bien venidas.

Pero también se da el caso de quienes están “obsesionados” con las consultas al Tarot; y en muchos casos, me parece que ese “enganche” procede de la misma causa: el miedo. Sí, el miedo a tener que decidir por uno mismo; el miedo a la responsabilidad de la propia vida y de la de quienes nos rodean; así que, para estas personas resulta agradable descargarse de responsabilidades y aceptar el poder del destino sin más; como un destino implacable sobre el que el individuo no tiene nada que hacer sino sencillamente aceptar.

Sin embargo, si uno acepta que no todo está absolutamente determinado sino que existen vías alternativas que pueden ir “creando” la propia vida; entonces, todo varía. Podría ocurrir (y probablemente eso es lo que ocurre) que cada uno de nosotros tengamos en nuestras manos la posibilidad de mejorar o empeorar determinadas circunstancias. Y ahí, el consejo, a mi modo de ver, es siempre bienvenido. Por eso me gusta hablar de consultas a través del Tarot; de eso estamos hablando de la obtención de una visión más ajustada de la realidad.

El conocimiento nos permite valorar y, una vez valorada la situación con profundidad y realismo existe una posiblidad más grande aún: la petición. Sí, para el creyente la petición es parte consultancial a él, no lo olvidemos. Y yo sí creo en el poder de la oración.

Hay que reconocer de una vez por todas que el Tarot por sí mismo no tiene poder, sino que nos puede ayudar a enfocar las situaciones de mejor manera. Y una vez conocido el problema, tendremos más posibilidades de solventarlo, ¿o no?

* La imagen pertenece a la baraja "Symbolon", de Peter Orban, Ingrid Zinnel y Thea Séller; AGM AGMüller (Neuhausen am Rheinfall, Switzerland)

viernes, 18 de abril de 2008

¡Convulsión!

Ante los terribles y estremecedores acontecimientos ocurridos en las Torres Gemelas de Nueva York, recuerdo mi gran perturbación. Mi pregunta era siempre la misma: ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Por más que lo pensaba, no era capaz de hallar ninguna explicación a semejantes hechos. Y, sobre todo, no encontraba respuestas en el plano metafísico. Así que, llena de perplejidad, horror y pena, pregunté angustiada a Dios en mi oración-meditación: ¡¿Por qué?!


Entonces, como a veces sucede, sentí una respuesta: "No puedes entenderlo, pero quédate con esta imagen".


Y la imagen fue la siguiente:


Se veía un hermosísimo paisaje lleno de calma, belleza y armonía. Había unas motañas, y árboles. Veía el cielo, y me fijaba en aquel paisaje. De repente todo se convulsionó. Parecía que se había desencadenado un terremoto. Todo se movía y se hacía borroso, además de resquebrajarse poco a poco.


En aquel momento mi horror era grande. Entonces sentí la advertencia de que alejara la vista y enfocara todo desde más lejos; como si utilizara un zoom que me permitiera ver un plano más general. Y ahí sí que la sorpresa fue absoluta. Me di cuenta de que la imagen que estaba viendo era la reflejada en un lago. Seguí mirando más lejos y ví el paisaje original. Las montañas eran mucho más grandes que las que se veían en mi primer paisaje (aqué del que ahora sabía era un reflejo en el lago). De aquellas montañas una pequeña roca se había desplazado y había ido cayendo por la ladera hasta llegar al lago y causar la terrible convulsión que yo había percibido.


Es verdad: no entendí, no fui capaz de comprender, pero día a día esa imagen va ofreciendo un atisbo de explicación que ahora deseo compartir con aquellos que deseen valorarlo.

jueves, 17 de abril de 2008

Unidad


Sois la constatación de que la unidad existe.

Tenéis pensamientos diferentes,
pero un mismo corazón.
Y eso debe bastar.

Dáis ese ejemplo al mundo:
la hermosa y amorosa convivencia
incluso en aparente desigualdad
(aparente, porque el corazón es Uno)

No receles, no te importe:
el Corazón es Uno.

martes, 15 de abril de 2008

La Gota de Agua

Acababa de darse cuenta de que era un ser vivo; se encontraba dentro de un inmenso océano y, aunque tan sólo se trataba de una pequeña gota de agua, gracias a su presencia y a la de otras muchas como ella, el océano era así de grande. Su vida transcurría en un acompasado baile que la llenaba de paz. Diversos seres habitaban en el interior del mar, pececillos de muy variados colores, algas, corales, delfines que rozaban su cuerpo y de los que envidiaba aquellos saltos que les hacían volar por el aire. También ella experimentaba el aire atravesando su cristalino cuerpo, inundándolo de vida, y, aunque alguna vez pudiera decirse que volaba formando parte de la espuma del mar, aquello no podía compararse al vuelo del delfín.

Un día, ella desconocía el porqué, notó como su cuerpecito iba haciéndose menos y menos pesado. A la vez que se desprendía de aquel mar del que formaba parte, iba subiendo hacia el cielo, alcanzando lugares mucho más altos de los que el delfín pudiera imaginar. ¿Adónde llegaría?

Por fin alcanzó su destino. Se encontraba en el interior de una hermosísima nube. Desde el mar, varias veces las había observado, imaginando lo confortables que éstas debían ser. Y en efecto así era.

La gota de agua fue muy bien recibida por sus compañeras, quienes habían llegado a aquel lugar en la misma forma. Cada una explicó su particular viaje, haciendo notar especialmente cómo la nube se había ido haciendo más y más grande a medida que nuevas gotas de agua llegaban a ella. La nuestra decidió disfrutar de esta nueva oportunidad que se le brindaba en la vida.

La nube era atravesada por las más diversas especies de pájaros, muchos más de los que la gota de agua había conocido desde el mar. Un día hubo uno que llamó poderosamente su atención, pues, a diferencia de los otros, éste era extremadamente macizo. A su sorpresa, sus compañeras respondieron haciéndole saber que aquello no era un pájaro sino un avión.

- ¿Un avión? ¿Y qué es un avión?

- ¿No viste nunca un barco cuando vivías en el mar? Pues, digamos que se trata de los mismo, pero que en vez de viajar por el agua, lo hace a través del aire.

Lo que la gota de agua ignoraba era que dentro de aquel gigantesco avión, unos ojos miraban la nube con la misma sorpresa que había experimentado la gota.

- Mira, papá, estamos dentro de una nube.

Sí; un niño, pegada su cara al cristal de la ventana, observaba complacido aquel acontecimiento.

No pasó mucho tiempo hasta que un día algo desconocido para la gota de agua se produjo en el cielo. Éste había cambiado de color, la temperatura también era diferente y la nube se disolvía. Nuevamente la gota procedente del mar adquiría su forma antigua, cayendo desde el cielo en forma de lluvia.

Pero cuál sería su sorpresa cuando, mirando su propio cuerpo, descubrió que, a medida que se acercaba a la tierra, éste iba haciéndose más y más denso, y de un color blanco totalmente diferente a la falta de color que siempre había tenido.

Cuando se posó en el suelo de una montaña, comprobó que estaba rodeada de seres blancos como ella.

- Pero, ¿qué me ocurre? ¿Ya no soy una gota de agua?

- ¿No te gusta tu nuevo aspecto? -Le preguntó alguien cercano a ella.

- Claro que me gusta, pero ¿quién soy?

- Eres un copo de nieve. Todos nosotros también lo somos.

¡Nieve! La gota de agua estaba encantada con su nuevo aspecto, hasta el nombre que se le había dado le parecía maravilloso. Había una suavidad extraordinaria en su cuerpo, y tan llena de alegría estaba que comenzó a bailar mecida por el viento.

- ¡Ten cuidado! -Le advirtió un compañero- Si sigues moviéndote así, puedes caerte ladera abajo y arrastrar a muchos de nosotros contigo.

Pero tan entusiasmado estaba el nuevo copito de nieve que ni siquiera se percató de que alguien le hablaba y siguió dando rienda suelta a su felicidad, empleando para ello un frenético bailoteo.

Lo que su compañero le había advertido se cumplió, y así, impelidos por el baile del copito de nieve, otros más se pusieron a danzar de la misma forma hasta que no pudiendo controlar sus movimientos, todos se unieron formando una pelota que caía por la ladera de la montaña.

Si al principio la pelota formada no era muy grande, poco a poco fue haciéndose mayor, además de adquirir una enorme velocidad.

- ¡Eh, no empujes!

- ¡Pero si yo no hago nada!

- ¿Cómo que no haces nada? ¡¡¡Me estás estrujando!!!

Así, entre discusiones, risas, llantos (que de todo hubo), la pelota de nieve llegó a un valle, y una vez allí, se detuvo.

El copo de nieve causante de tal desaguisado esperaba ansioso el curso de los acontecimientos. Hasta aquel momento había experimentado muchos cambios en su vida y no podía imaginar lo que le depararía el futuro.

- Bien, ¿y ahora qué? -Preguntó malhumorado otro copo de nieve que se había visto lanzado por aquella ladera sin haberlo él deseado.

La respuesta no tardó en producirse; las risas de unos niños se acercaban al lugar donde se había detenido la bola de nieve. Una vez llegados a ella, el regocijo de los pequeños fue impresionante.

- ¡Mirad! -Dijo uno de los niños dirigiéndose a sus amigos- “Ya no tenemos que modelar la cabeza; aquí está.”

Para los componentes de la bola de nieve, las palabras del niño resultaban enigmáticas. ¿Qué querría decir con aquello de la cabeza? Pero, como siempre, la respuesta estaba cerca.

Los niños tomaron con delicadeza la bola de nieve y la llevaron no muy lejos de allí. Sobresaliendo del suelo, se elevaba un figura blanca. Los niños colocaron la bola en lo alto de la misma, y, así, completaron su muñeco de nieve. Ahora sólo faltaba colocarle una bufanda, un sombrero, unos ojos, la nariz y la boca.

El muñeco de nieve sirvió de juguete y de adorno durante un tiempo, pero, cuando la temperatura volvió a elevarse, el muñeco fue empequeñeciéndose poco a poco.

- ¿Alguien sabe lo que pasa? -Preguntó el copito de nieve.

- No, pero me lo imagino. -Le contestó un compañero- Me da la impresión de que volvemos a ser agua.

Así era, en efecto. La nieve, poco a poco, iba disolviéndose e introduciéndose en la tierra.

El copito de nieve creyó que una vez recuperado su aspecto original volvería al mar, pero no fue así, sino que fue penetrando la tierra y allí, en su interior, encontró semillas desconocidas para él. Las semillas y la gota de agua se hicieron amigos y se unieron comenzando un nuevo camino juntos.

Mucho tiempo duró su amistad. Pasaron años y las semillas que albergaban en su interior varias gotitas de agua, brotaron sobre la tierra. La gota de agua volvía a ver sobre ella el cielo azul con sus nubes y los pájaros surcándolo. La gota de agua formaba parte de una plantita que apenas podía verse, pero que, una vez transcurridos muchos más años todavía, fue creciendo hasta convertirse en un hermoso árbol cuyas ramas servían de hogar a muchos de los pájaros que viajaban por el aire.

Un día llegó a la rama que albergaba en su interior a la gotita de agua, un pequeño pajarillo que no sólo era pequeño por su tamaño sino también por su edad. El pajarillo miraba con curiosidad todo lo que se le ofrecía un el camino de su vida, y, después de presentarse, dirigió una pregunta a la rama en la que se había posado.

- ¿Y tú quién eres?

La rama no tuvo necesidad de mucho tiempo para responder a su nuevo amigo, y la respuesta que obtuvo éste fue la siguiente:

- ¿Yo? -Contestó la rama- ¡Soy una gota de agua!

lunes, 14 de abril de 2008

¿Qué se pretende con el Tarot?




Parece que la pretensión más común a la hora de utilizar el Tarot o cualquier otro Oráculo es la de adivinar el futuro según las cartas que aparezcan en una determinada tirada, así como de acuerdo con la posición que cada una ocupe en cada consulta.

De acuerdo con esta versión, el mundo estaría totalmente predeterminado y nada podría hacerse para modificarlo. Entonces, la pregunta inmediata que surge (al menos en mí) es la siguiente: ¿Para qué necesitamos el Tarot? ¿Para conocer por adelantado las fortunas o desgracias que nos tiene reservada la vida? ¿Para sufrir doblemente ante la adversidad anunciada? ¿Para aminorar el gozo de la dicha ya conocida? Eso, a mí al menos, me parece que no tiene mucho sentido. Y creo que para muchísimas personas tampoco lo tiene. Con toda probabilidad, creo yo que ése es uno de los motivos que inhiben a muchos de acercarse a esta herramienta. Y mirado bajo esta perspectiva, diría que no les falta razón.


Pero para mí el Tarot es una ayuda para quienes vivimos en un mundo libre (dentro de los límites de nuestra propia naturaleza, obviamente) en el que nuestro poder de elección puede ser decisivo para vivir una vida más plena. Las cartas, así, son una ayuda pero no un sustituto para la vida y para la toma de decisiones.


Por tanto, mi pretensión a la hora de utilizar el Tarot, es obtener un consejo elevado para una mejor actuación, ni más ni menos.

Reflexión sobre el Amor


"El amor es perfecto
incluso cuando
nosotros no lo somos"



* Oráculo de los Amantes, de Sulamith Wülfing.

domingo, 13 de abril de 2008

El Amor

Hace años leí el libro "Juan Salvador Gaviota", y también vi la película basada en dicho libro. Hay algo que me impresionó mucho, y es que se nos daba el mensaje de que cualquier virtud, cuando alcanza un límite ya no puede abarcar más; pero, sin embargo, se nos decía que sí existe una sin limitación alguna: el Amor. Aquello me dio mucho que pensar; tanto que, incluso transcurridos muchos años, hoy sigue en mi memoria ese pensamiento.

Es verdad, Richard Bach tenía razón al expresar este pensamiento: el amor sigue creciendo sin límites, no tiene fin. Hoy, ante la muerte de un ser querido, pienso todavía más en eso. El amor permanece, el amor sigue creciendo. Hace un tiempo tuve la enorme fortuna de poder realizar varias Constelaciones Familiares (un tema sobre el que me gustaría hablar con más detenimiento en otra ocasión). Gracias a aquellas experiencias, abundantes e intensas, pude darme cuenta de que existe una realidad sobre la que albergamos, sin embargo un sin fin de dudas, y es la existencia del alma. Sí, el alma; un alma eterna, que, a mi modo de ver y a raíz de aquellas experiencias, no muere nunca sino que sigue viva y alcanza una mayor sabiduría (o quizá es que la sabiduría que ya tenía la había encubierto tras un velo de materia, ¡quién puede saberlo!). En aquellas Constelaciones pude comprobar que hay un sentimiento que lo mueve todo: el amor. No hay duda sobre ello. Nuestro cuerpo puede equivocarse, nuestra mente puede rebelarse ante injusticias, incoherencias, equívocos diversos; pero nuestra alma prevalece en el amor. Y ante la muerte lo que queda es el amor que lo inunda todo. El amor es eterno, no me cabe duda alguna. El amor aporta luz a esa oscuridad que tantas veces rodea nuestra vida. El Amor es la Vida misma que no termina.

jueves, 10 de abril de 2008

Comprar una baraja

Volviendo a un tema más prosaico, está claro que para iniciarse en las lecturas de Cartas, hay que hacerse con la herramienta: es decir, el mazo a utilizar.Hoy en día existe una enorme variedad para elegir. El problema suele darse en la imposibilidad de acceder al contenido de las cartas, puesto que vienen muy bien guardadas en una cajita que normalmente no nos permiten abrir y mucho menos tocar. Me explico. Existe una tradición muy extendida que dice que las Cartas no deben tocarse para así no cargarse de la energía que desprendemos cada uno. Esto, por lógica, nos lleva a la imposibilidad de conocer el contenido de cada carta si ni siquera nos permiten verla (y mucho menos tocarla) porque, desgraciadamente, en las tiendas no suelen hallarse catálogos con muestras de los diferentes diseños.

Como siempre, me gustaría matizar. Por supuesto no parece acertado que todos los posibles compradores manoseen las cartas, pero no por problemas energéticos, sino por una cuestión lógica de desgaste. Entiendo que debería tenerse abierto un mazo de prueba para poder consultarlo o bien un catálogo. Pero parece que los vendedores deciden ponernos a prueba ya desde el principio y que empecemos a demostrar posbiles dotes adivinando el contenido de las cartas.


En fin, bromas aparte, no parece lógico hacerse con una baraja sin conocerla previamente. A unos nos gustan unos diseños y a otros les gustan de otro tipo, y uno debe elegir el suyo, el que le conviene, el que le transmite algo.

Existen mazos claramente positivos y otros muy negativos. Nunca aconsejaría que uno se hiciera con un mazo cuyo mensaje no fuera bueno, porque entonces ¿para qué quiere uno las Cartas?; no parece que la mejora personal sea la respuesta. Elijo Cartas inspiradoras de buenas obras, de buenos sentires, de excelentes motores que nos inciten al bien.

Sobre el asunto de la energía, me gustaría decir algo. Yo creo que todo el mundo es energía, nosotros somos energía. Pero conceder un poder "fatalista" el mero hecho de que otra persona se atreva a tocar nuestras cartas me parece un exceso. Yo creo que las "Cartas" obedecen a un deseo sincero de mejora y de ayuda, por tanto, no importa mucho quién las toque. Otra cosa es que uno desee proteger sus cartas del deterioro y que por eso no le guste que las manipulen unos y otros; pero eso es algo completamente diferente a atribuir poderes excesivos a una energía en detrimento de otra.


Considero, por tanto, que el mundo está lleno de energía y que ésta no es ni mala ni buena; la baraja del Tarot permite centrar cuestiones y éstas creo que están tan delimitadas siendo tocadas por alguien como permaneciendo impolutas. No me gusta de ninguna manera caer en ritualismos que nos alejen de la verdad; queremos comprender, queremos indagar, queremos respuestas; todo lo demás puede ser sugerente por misterioso pero no fundamental. Me encantaría que a cualquiera de nosotros se nos permitiera ver las cartas que queremos comprar, así como hojeamos un libro o nos probamos un vestido; no veo nada malo en ello.

Aconsejo una buena búsqueda en Internet, y así uno podrá saber si le hablan determinados diseños, o si por el contrario, no le atraen en absoluto.

Y para terminar me gustaría añadir sólo un pequeño apunte. Algunos consideran que no deben comprar las cartas sino esperar a que alguien se las regale. Con respecto a esto diré que soy muy partidaria de los regalos, pero estimo que cuando se trata de algo que deseamos utilizar nosotros, y que se ha visto que es nuestra decisión, nuestro deseo, no tenemos por qué dejarlo en manos de nadie, sino que nosotros mismos podemos y debemos lanzarnos a la aventura de la propia búsqueda, ¿o no?.

martes, 8 de abril de 2008

Ante el dolor

Es fácil creer cuando todo nos va bien; al menos, a mí me resulta muy fácil. En esos momentos siento la necesidad de agradecer a Alguien las bendiciones recibidas. Sin embargo, ¿qué hacer ante el dolor? Muchas veces me he irritado y me pregunto si tengo o no derecho a ello, pero lo cierto es que me irrito porque, desde mi perspectiva, que es la única que me veo capaz de tener, no concibo el mal. Y entonces busco culpables, y lo más fácil es ponerle nombre y apellidos a ese culpable, ¿quién? ¿Dios? Claro que no podemos descartar otros culpables, ¿la Naturaleza? ¿las leyes de la Vida?. Y por supuesto que, ante todo, no podemos descartar a un culpable muy cercano: el ser humano. Sí, el ser humano puede realizar actos encomiables, pero también, para nuestra desgracia, las más viles perturbaciones. ¿Por qué?

Una de las razones podría encontrarse en que muchos hombres tienen un número de deseos que no parecen estar satisfechos, ante otros que sí los consiguen, y eso, a la fuerza, tiene que generar odio, rencor, envidia... Quien no tiene un techo, se pregunta por qué el no puede tenerlo y a su alrededor ve multitud de viviendas que otros disfrutan menos él. Quién no tiene el reconocimiento del amor, se pregunta por qué otros sí lo tienen. Todo esto nos debería hacer cuestionarnos sobre nuestro grado de responsabilidad ante las desgracias venidas de la mano del hombre, como por ejemplo los atentados criminales, los robos, las extorsiones. Pero también nos hace pensar sobre nuestra pequeñez e incapacidad para remediar situaciones.


Y es que hay más dolor; un dolor que aparece de repente... Un dolor que a veces es claro su origen, pero otras no tanto. ¿Y entonces qué? Además, ¿qué importa el origen?; lo cierto es que existe.
Y sí, nos queda el tema de Dios. Puede que a muchos parezca no interesarles esta razón, pero, ante el grado de irritación que se observa en quienes se declaran ateos cuando hablan de este Origen que niegan, considero de enorme importancia resolver esta cuestión. Una cuestión que lleva siglos esperando ser resuelta.

Y yo no puedo encarar directamente el tema de Dios cuando me enfrento al dolor. Por eso, porque me excede, porque pienso que el Creador de todos los universos y de quienes los habitan tiene que ser extremadamente grande (más grande que su Creación), me es imposible abarcarlo. Muchas veces se intenta hacer esto, pero creo que normalmente (porque no puede hacerse de otra manera) lo hacemos desde la perspectiva del ser humano, la única que conocemos... Y no nos olvidemos, el Creador de todo "no" es solamente humano.

Entonces, sólo encuentro una vía para acercarme a Él, y esa vía es la de un hombre para unos, un Dios para otros, que recibió en este mundo el nombre de Jesús.
Jesús entendió el dolor humano; y, en ocasiones, lo remedió.

Hoy he recibido una noticia muy dolorosa; ¿qué hacer? ¿Cómo conciliar el dolor con el amor de Dios? ¿Querrá Jesús aliviarlo?

La verdad... ¿y qué es la verdad?

Esta pregunta de Pilatos me ha sorprendido desde siempre. Y así es, ¿quién puede saber con exactitud cuál es la verdad?

Lo que yo crea o deje de creer no tiene que ser totalmente cierto ni totalmente falso, pues la verdad objetiva es de todo punto desconocida para mí. Pero sí puedo saber lo que es mi propia verdad, al menos en momentos determinados.


Cuando meditamos o visualizamos unas determinadas escenas, surge la pregunta sobre si lo visto es real o es fruto simplemente de la fantasía. No creo que haya una forma clara de saberlo. Yo sólo puedo establecer si ha resultado útil para mi mejora personal (y a la larga colectiva) o no.


Por supuesto esto lleva consigo hacer frente a lo experimentado desde una posición de total sinceridad. No podemos engañarnos sobre esa utilidad. ¿Lo visualizado es útil desde un punto de vista meramente personal e individual, o me ayuda a situarme cada vez más en un lugar más equilibrado con repecto también a los demás?


La Verdad total la desconozco; otra cosa son los aspectos de mi verdad. Y para llegar a esa verdad, tengo que situarme necesariamente en el plano de la sinceridad.


Hace tiempo descubrí algo muy obvio pero que no había tenido suficientemente en cuenta. Mi descubrimiento fue éste: que puedo engañarme a mí misma, pero a Dios nunca. De niña, en un libro que utilizaba en el colegio, se mostraba a Dios como "el ojo que todo lo ve". Aquello me inquietaba mucho porque, a veces no me parecía adecuado ser vista, la verdad. Así que empecé a pensar que podía disimular más o menos; pero, finalmente, me di cuenta de que aquello era del todo absurdo; tenía que encarar la verdad, no ocultarla. Y esto terminó llevándome a la siguiente conclusión: ante Dios sólo cabe un camino y es el de la sinceridad.


Dios me sitúa ante la verdad porque a Él no puedo engañarle
. No puedo decirle, por ejemplo, que siento una cosa cuando en realidad siento otra. Lo que sí puedo es explicarle lo que me gustaría sentir, pero sin engaños.


Dios se hace así vivo en mí como una constatación de la Verdad.

sábado, 5 de abril de 2008

El silencio de Dios

¿Quién no ha experimentado el implacable silencio de Dios?

¿Cuántas veces uno no ha clamado por escuchar la voz de Dios sin obtener respuesta?

Ante ese silencio, la desolación se torna tan grande, que, en muchas ocasiones, la desesperación parece la única respuesta.

En mi meditación pedí una respuesta, y este pensamiento surgió ante mi:

"¿No os dais cuenta de que Mi silencio
es la mayor prueba de confianza hacia vosotros?"


* * *


En el Evangelio existe un momento total y absolutamente desconcertante. Se nos cuenta cómo en la cruz Jesús parece reprochar a su Padre el abandono en el que está sumido. Tal como suele entenderse, parece que hay una petición de ayuda, y una negación a la misma. Sorprendente dada la confianza absoluta de Jesús en su Padre a lo largo de su vida. ¿Cómo podemos entender esto?

Pienso que Jesús, en aquel momento, tuvo que experimentar una soledad abrumadora. Ya no se trataba de la soledad impuesta por los hombres; es que el mismo Dios le abandonaba.

Pero, ¿y si las cosas no fueran exactamente como creemos?

Vayamos por partes.

Si partimos de que Jesucristo es Dios (es decir, el Dios encarnado y, por tanto, el Dios que decide, de alguna manera, dejar de ser Dios y darnos ejemplo de lo que es un humano, y de cómo Él puede entender en su totalidad a un humano) las cosas podrían presentarse de otra manera.

Las gentes se reían de Jesús porque decían que podía salvar a otros pero no a sí mismo. ¿Por qué? El amor como siempre parece ser la respuesta. Los otros lo mueven a compasión, pero él sabe muy bien para qué se ha hecho hombre y no puede traicionar en sí mismo aquel motivo. Dice al Padre que no se haga su voluntad sino la Suya (la del Padre); pero el Padre conoce muy bien la voluntad del Hijo y no puede tampoco traicionarla. Sabe que es el miedo humano el que le lleva a hacer esta petición; sabe que tiene que vivir el miedo con toda la intensidad para demostrar a los hombres que los entiende y que conoce todo lo que les sucede. ¡Claro que lo sabe! Somos nosotros los que no lo tenemos tan seguro. Y el Padre no puede permitir que el Hijo se traicione, y por eso no cede. Porque sabe que tras su muerte, una vez resucitado, Jesús no podría sentirse satisfecho. Así, podría ser mejor un sufrimiento pasajero ante la perspectiva de una buena meta.

Y pudiera ser entonces así, que Dios permita el
sufrimiento; no porque quiera el sacrificio sino porque asume la coherencia. Jesús muere por su coherencia, no necesariamente como sacrificio propiciatorio. Al fin y al cabo Dios parece perdirnos siempre una cosa: Amor y la confianza que proviene de ese amor.

Tarot y Religión

Son muchas las personas que consideran que el Tarot y la Religión son elementos absolutamente extraños e incluso enemigos. Supongo que cada uno tendrá sus razones para pensar esto; sin embargo, yo tengo las mías para sostener lo contrario. Vayamos por partes.

Como ya he dicho,
con las Cartas no se pretende la infalibilidad, ni mucho menos, sino un consejo muy maduro para personas maduras que deean mejorar y que ven en este sistema una forma de lograrlo. No se trata ni del único sistema, ni del mejor, puesto que el mejor es el que responda con la verdad a cada uno.


Existe, por supuesto, un enorme riesgo: la manipulación, ya sea del Tarotista como del consultante, pues muchas veces uno, más que la verdad, persigue engañarse; pero eso es un peligro en cualquier campo y no sólo en el Tarot.

Otra problema que veo es que hay personas que identifican
Tarot y Brujería. Supongo que, como cualquier cosa en la vida, podría se así; pero, como siempre, de lo que se trata es del uso que se dé a las cosas, más que de éstas en sí.

En primer lugar me gustaría decir qué entiendo por brujería. Yo creo que la
brujería lo que pretende es manipular los elementos para que éstos obren de una manera acorde a nuestro sentir, sin respetar necesariamente el sentir de los demás. Con esto yo no puedo estar de acuerdo en absoluto. Yo, al menos, con el Tarot no pretendo esto, sino que, como ya he dicho varias veces, sólo deseo una buena guía de actuación, pero el trabajo lo debe hacer uno, no los elementos; y por supuesto, siempre contando con la libertad de todos los implicados.

A mí, más que la brujería, lo que me gusta es la
oración. Y esto me conduce al segundo punto que me gustaría destacar. Los creyentes (entre los cuales me incluyo) deberían considerar el poder de Dios por encima de todo. Es decir, nadie puede estar por encima de Él; por tanto, los elementos no pueden obrar de acuerdo con el deseo de alguien en particular, si Él no lo permite. Por eso digo que en lo que sí creo es en el poder de la oración, pero me niego a hacer uso de técnicas que pudieran ser sospechosas de brujería.

¿Es esto tan difícil de entender? Pues para algunos he visto que sí. Yo
hablo de ayuda no de coacción. Yo hablo de busqueda de entendimiento, de comprensión, y no de ejercicio de poder.

Puesto que soy creyente, pienso que Dios y los Seres Celestiales existen y que tenemos múltiples maneras de comunicarnos con ellos (la existencia en sí, ya es una de esas maneras); y, por tanto, el Tarot no es algo que se aparte de esta idea. Me gustaría eliminar todo ese tenebrismo que a veces oscurece tanto el mundo espiritual. Y me gustaría citar al respecto, y con todo el respeto, unas palabras del Evangelio:


En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: -«Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.» Jesús respondió: -«No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mi. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.» (Marcos 9, 38-40)


* La imagen muestra la Carta titulada "La búsqueda del Grial", del mazo "Symbolon", de Peter Orban, Ingrid Zinnel y Thea Séller; AGM AGMüller (Neuhausen am Rheinfall, Switzerland)

viernes, 4 de abril de 2008

¿Qué es el Tarot?

Me gustaría ir añadiendo algunas entradas que vayan aclarando mi visión del Tarot. Para ello creo fundamental empezar por lo más básico y es la respuesta a una pregunta: ¿qué es el Tarot?.


Puede que muchos ya lo sepan, pero a lo mejor otros no tanto, así que, aun a riesgo de parecer algo aburrida, empiezo por el principio.


Por Tarot mucha gente entiende “adivinación del futuro por medio de unas Cartas”. Sin embargo yo no creo que esto sea exactamente así. Al menos, no considero ésa su función principal, pero, vayamos por partes.


El Tarot propiamente dicho (ya iremos viendo que no es el único Oráculo con cartas, pero sí parece la base) está formado por una baraja de 78 cartas con figuras simbólicas. De estas 78 cartas, 22 son conocidas como los Arcanos Mayores, y 56 como Arcanos Menores. Para quien quiera saber (y todavía no lo sepa) lo que significa la palabra Arcano, diré que es “misterio”; y es que el Tarot emplea símbolos, y eso encierra misterios, y por supuesto hace preguntas sobre el gran misterio de la vida. Quiero pensar que ésa es la razón del nombre.


Cada uno de los Arcanos Mayores cuenta con una simbología que podríamos considerar como arquetipos. Las 56 cartas restantes (los Arcanos Menores) se dividen a su vez en cuatro palos distintos, que podrían equipararse a los cuatro palos que tiene cualquier baraja (especialmente la española): Copas, Oros, Bastos y Espadas (denominaciones que cambian según los autores; así, en vez de hablar de “bastos” puede mencionarse la palabra “varas”, o bien en lugar de “oros” se dicen “pentáculos”, etc:, pero la base sigue siendo la misma). Cada palo de estas 56 Cartas se compone de 14 que van desde el As, hasta las figuras conocidas como Sota o Paje, Caballo o Caballero, Reina y Rey.

En el Tarot se da una fusión de arte y filosofía muy interesante y atractiva. Tengo que confesar que las cartas me gustan. Me agrada tocarlas, barajarlas y obtener con ellas algún tipo de consejo, así como algún tema sobre el que meditar. Y aquí, ya dejo entrever que mi visión no va a ser la mera adivinación de un futuro siempre incierto, sino la comprensión de los avatares de la vida.

Hay que advertir que no todas las cartas que actualmente se pueden comprar en cualquier establecimiento dedicado a ellas son cartas del Tarot. Existe un gran abanico de diversidad que muestran cartas conocidas como
Oráculos y que no siguen necesariamente el formato del Tarot, ni en el número de cartas ni en el significado de las mismas. Algunas son variedades del Tarot y muy semejantes a él, pero otras sencillamente son distintas, y sus utilidades pueden ser la misma o totalmente diferente. Están abiertas a multitud de posibilidades para aquellos que desean conocerlas.

Yo tengo una variedad grande. La información que aportan para meditar y valorar situaciones difiere mucho de unas a otras, y, de alguna manera, sé cuándo utilizar una u otra, y su mensaje me ayuda a comprender, discernir, tener una visión más amplia, no necesariamente la solución final. Pero a través de ellas aprendo a ser mejor persona... y eso, considero yo, es algo a valorar..., y mucho.